Weakness

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En la casa azul, lejos de la casa amarilla, Kinn y Porsche discutían en el estudio.

La habitación estaba llena de mapas, notas y fotos clavadas en la pared. El ambiente era tenso. Porsche caminaba de un lado a otro, pasándose las manos por el cabello con desesperación.

— ¡Quiero ver a Chay! —exclamó por enésima vez, con la voz rota— No sé nada de él desde hace días. ¿Está bien? ¿Lo hirieron? ¿Está vivo? Y ¡No me digas que tenga paciencia, Kinn!

Kinn estaba sentado detrás del escritorio, con los codos apoyados y las manos entrelazadas. Su expresión era seria, pero se notaba el cansancio en sus ojos.

— Porsche, tienes que tener paciencia —dijo con voz firme pero suave— Ya estoy organizando un buen plan. El hijo del ministro que Chay, Wolf y Kim secuestraron sigue siendo nuestra mejor carta. Estamos negociando a través de contactos seguros. Si nos movemos ahora, todo se va a la mierda.

Porsche se detuvo frente al escritorio y golpeó la madera con la palma de la mano.

— ¡Estoy cansado de esperar a que nada pase! Mi hermano está ahí afuera, herido, con dos psicópatas, y yo aquí encerrado como un maldito inútil. ¿Sabes cómo me siento? Como si lo hubiera abandonado.

Kinn se levantó lentamente y rodeó el escritorio. Se acercó a Porsche y tomó su rostro entre las manos, obligándolo a mirarlo.

— No lo abandonaste. Estás protegiéndolo. Si sales ahora, te van a capturar. Y si te capturan a ti, Chay perderá la cabeza. ¿Eso es lo que quieres?

Porsche cerró los ojos con fuerza, respirando agitado. Su voz salió más baja, casi rota:

— Solo quiero verlo... aunque sea un segundo. Saber que está bien.

Kinn apoyó su frente contra la de Porsche.

— Lo sé, cariño. Yo también quiero ver a mis hermanos. Pero tenemos que ser inteligentes. El plan está avanzando y pronto podremos verlos.

Porsche no respondió. Solo se dejó abrazar por Kinn, aunque la preocupación seguía carcomiéndolo por dentro.

Porsche exhaló profundamente y asintió, algo más calmado. Se acercó a Kinn, tomó su rostro entre las manos y le dio un beso suave en los labios, casi como una disculpa silenciosa.

— Lo siento... estoy desesperado. No debí gritarte así.

Kinn sonrió contra su boca y lo besó de nuevo, esta vez más lento, más profundo, como si quisiera absorber toda su preocupación.

— Te amo —susurró contra sus labios—

Porsche soltó una risa baja, todavía pegado a él.

— Yo también te amo, idiota.

Kinn se separó un poco, aunque mantuvo las manos en la cintura de Porsche. Su expresión volvió a ser seria, pero con un brillo de determinación en los ojos.

— Bueno... el plan que tengo hasta ahora es este.

Se acercó al mapa grande que tenían extendido sobre la mesa del estudio y señaló un punto concreto.

— Vamos a hacer un robo grande en el mayor banco de Tailandia. No por el dinero, aunque eso nos vendría bien. Lo haremos para mandar un mensaje claro al gobierno: "Si nos quieren cazar, nosotros podemos golpear donde más les duele".

Porsche sonrió ampliamente, con esa chispa peligrosa que Kinn tanto amaba.

— Me gusta.

Kinn continuó explicando, trazando líneas con el dedo sobre el mapa.

BEAUTIFUL HUMAN -Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora