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Kim contó rápidamente en su mente... uno, dos, tres, cuatro... el tipo de la escalera cinco, seis... siete, ocho... y una chica joven... nueve. Nueve personas que lo miraban con diferentes caras de curiosidad, asombro, desdeñosa, pero hubo una que emanaba felicidad por cara poro y antes de que Kim pudiera decir algo, Khun saltó en su lugar.
– ¡Viniste! – exclamó corriendo hacia él pero se detuvo en cuanto Kinn lo tomó del brazo para que no se acercara demasiado.
Kim pudo haber soltado una carcajada si tan solo no se hubiese sentido como un fenómeno delante de todos, claro que después de tanto tiempo, ese tipo de sentimientos solía quemarlos y de hecho, lo hizo. Ignorando totalmente el feo sentimiento en la boca de su estómago.
– Sí, pero no por la razón que creen – determinó Kim mirando a sus dos hermanos fijamente – Quiero el cuarenta por ciento de las ganancias.
Kinn vaciló – Podemos negociar, todos nos llevamos la misma mitad –
– Soy mejor que todos estos inútiles – replicó Kim cruzándose de brazos.
– Que tipo tan encantador, de verdad, apenas llega y ya quiere ganarse a todo un escuadrón de meta-humanos como enemigos – comentó Porsche, el novio de Kinn – Tu hermano es todo un personaje, Kinn.
Kim lo miró y ladeó su cabeza pero Kinn se colocó en medio rápidamente – Kim, no – su voz salió dura – No usamos nuestros dones con nosotros mismos, desde ahora en adelante somos un equipo, ¿entiendes eso?
– Me importa una mierda si son equipo o armaran una orgía, quiero mi dinero al terminar, luego me largaré ¿entiendes tú? – Kim saltó la mirada de Kinn a Khun que parecía entristecido – Y no pongas esa cara, no hemos sido hermanos desde hace más de seis años.
Khun movió sus ojos hacia la entrada.
– No tienes que ser tan imbécil con él – dijo Porchay con la voz tan fría, casi no parecía a la que escuchó hace poco.
– Pero sí es adorable – dijo el hombre rubio con acento diferente. – Tanto como la mierda de Hadar.
Todos rieron en diferentes tonalidades.
Kim básicamente los ignoró olímpicamente – ¿Trato? – preguntó a su hermano.
– Trato – Kinn asintió – Tu habitación es...
– Si, ya se donde queda – gruñó –
Miró por última vez a sus "compañeros" y continuó adelante.
Mientras recorría los largo pasillos del tercer piso, encontró varios cuadros y pinturas, se detuvo en frente de varios ventanales que tenían una bonita vista hacia los arboles y pinos, en algún momento de su vida, a Kim le encantaba jugar a las escondidas, jugaba con Khun... antes de que su don apareciera, antes de que se quedara completamente solo.