Esa misma noche, cuando la oscuridad ya era completa, los tres salieron de la casa amarilla. El aire fresco del bosque les golpeó la cara y, por primera vez en días, respiraron con algo parecido al alivio. Había pasado tiempo desde que respiraban otro aire que no fuese del campo. No se quejaban, la tranquilidad era bonita, pero... ellos estaban acostumbrados a otra cosa, quizá al caos.
Tenían que caminar un buen tramo hasta la carretera principal para tomar el autobús que los llevaría a Bangkok. Ninguno protestó. Los tres estaban hartos del encierro y lo admitían en silencio. Ninguno era bueno estando entre cuatro paredes. Kim menos que nadie.
—La noche esta tan bonita — menciona Chay alzando la vista al cielo
Caminaron en fila por el sendero, con las capuchas puestas y las manos en los bolsillos. Chay iba en medio, tarareando bajito. Cuando llegaron a la parada y subieron al autobús casi vacío, Chay se sentó deliberadamente en el asiento del medio, entre los dos.
El conductor puso música desde el radio. Era una canción lenta y melódica que Chay adoraba. Empezó a tararearla casi sin darse cuenta, con esa voz suave y bonita que tenía. Kim miró por la ventana, fingiendo interés en el paisaje oscuro que pasaba, pero en realidad estaba escuchando. Le gustaba la voz de Porchay. Era cálida. Tranquila. Peligrosa para alguien como él.
De reojo vio cómo Wolfgang sonreía ligeramente y entrelazaba sus dedos con los de Chay sobre el asiento. El ruso acarició el dorso de su mano con el pulgar. Kim tragó saliva y apretó su propia mano con fuerza sobre su muslo.
No podía imitarlo.
No podía tomar la mano de Chay así.
El viaje duró apenas media hora. Cuando bajaron en las afueras de Bangkok, los tres se subieron las capuchas de las sudaderas al mismo tiempo, como un reflejo automático. La ciudad estaba iluminada, vibrante, despierta. Bangkok nunca dormía del todo, era el encanto de la ciudad.
Chay sonrió ampliamente, mirando las luces y el bullicio lejano.
— Deberíamos ir a un club —propuso, con los ojos brillantes —
Wolfgang soltó una risa baja.
— Eres una avecilla traviesa.
Chay sonrió más, casi con orgullo.
— Un poco.
Kim se encogió de hombros, metiendo las manos en los bolsillos de la sudadera.
— No hay nada mejor que hacer, supongo.
Ni siquiera él entendía por qué estaba aceptando cada cosa que Chay proponía. Tal vez porque era más fácil seguirlo que quedarse pensando y analizando cada pensamiento que pasaba por su cabeza, quizá ya se volvió demente de remate.
Buscaron un bar que no pareciera demasiado exclusivo. Cuando llegaron a la entrada, Wolfgang sacó efectivo para pagar, pero Chay negó con la cabeza y se acercó al hombre de la puerta con esa sonrisa angelical que escondía peligro.
—Hola, guapo — saludó cordial.
El hombre miro a los tres, al parecer no veía noticieros ni leía la prensa porque no los reconoció, simplemente asintió — Hola, identificaciones, por favor.
— Queremos una mesa —dijo con voz dulce, ignorando el hecho de que les pedía la identificación.
El hombre lo miró de arriba abajo.
— Sí... pero necesito identificación.
Chay sonrió más ampliamente y lo miró directo a los ojos. Ladeó la cabeza con suavidad.
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BEAUTIFUL HUMAN -
Fantasy¿Super héroes? No, darling...aquí encontraras villanos con dones especiales.
