Two and one

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Cuando cayó la noche, el frío se hizo más presente. El bosque alrededor de la casa amarilla parecía más oscuro y silencioso. Chay y Wolfgang organizaron todo para la fogata en el pequeño claro detrás de la casa. Sacaron mantas gruesas de uno de los armarios, las extendieron sobre el suelo húmedo y colocaron cojines improvisados. Wolfgang se encargó de la leña, acomodándola con precisión. Luego, con un simple movimiento de su mano, una llama viva surgió de su palma y prendió el fuego con facilidad. Las llamas crecieron rápidamente, iluminando sus rostros con un tono naranja cálido.

Chay sonrió, mirándolo con esa expresión descarada que ya era habitual en él.

— Eso fue sexy.

Wolfgang giró la cabeza hacia él y le guiñó un ojo, con una sonrisa ladeada.

—Solo un truco básico, avecilla.

Ambos se sentaron frente a la fogata, envueltos en una de las mantas. Sacaron los malvaviscos de la alacena y empezaron a asarlos en palos largos. Las risas llegaban suaves, intercaladas con conversaciones tranquilas. El fuego crepitaba y el olor dulce de los malvaviscos se mezclaba con el humo.

Dentro de la casa, Kim había decidido ducharse. El agua caliente le cayó sobre los hombros y la espalda, pero no consiguió relajarlo del todo. Cuando salió, con el cabello todavía húmedo y una toalla alrededor de la cintura, se acercó a la ventana del segundo piso por curiosidad. Solo quería ver si seguían afuera.

Lo que vio le golpeó más fuerte de lo que esperaba.

Abajo, frente a la fogata, Chay y Wolfgang estaban sentados muy juntos. Reían mientras compartían un malvavisco. Chay se inclinó hacia Wolfgang, todavía riendo, y le besó la comisura de los labios para limpiarle un poco de azúcar derretido. Fue un gesto sencillo, casi inocente.

Kim frunció el ceño.

¿Por qué hace eso?

Pero no terminó ahí.

Como si fuera poco, Wolfgang se inclinó hacia adelante y lo besó de verdad. Capturó los labios de Chay con lentitud. Chay soltó una risa suave en medio del beso, pero no se apartó. Al contrario, se colgó del ruso, abrazándolo completamente, pegando su cuerpo al de él mientras profundizaba el beso. Kim pudo ver cómo sus labios se movían, cómo las lenguas se encontraban, el intercambio de saliva brillante bajo la luz del fuego. Las manos de Wolfgang subieron por la espalda de Chay, tocándolo por encima de la ropa con una suavidad posesiva...y Kim básicamente sintió que crepitaba por dentro, ¿desde cuando ese par... se besaban? ¿fue en el paseo que dieron esa mañana por el bosque?

El pecho de Kim se cerró de golpe. Un nudo caliente y desagradable se instaló en su estómago. Negó ligeramente con la cabeza, como si quisiera borrar la imagen, y se alejó de la ventana.

Se sentó en el borde de la cama, todavía con el torso desnudo y el cabello goteando. El silencio de la habitación le pareció ensordecedor comparado con las risas que había visto afuera.

Por su mente pasó, casi sin permiso, un pensamiento pequeño y doloroso:

¿Qué se siente besar?

No uno cualquiera. Besar de verdad. Sin miedo. Sin que la otra persona termine ahogándose en veneno. Besar como lo acababa de hacer Chay con Wolfgang: con ganas, con risa, con deseo.

Kim apretó los puños sobre sus rodillas. Se sentía estúpido. Celoso. Aislado. Y lo peor era que no tenía derecho a sentir nada de eso. Él mismo había elegido quedarse dentro. Él mismo había puesto distancia.

Abajo, el fuego seguía crepitando y las risas continuaban.

Kim se quedó sentado en la cama un largo rato, mirando el suelo, con el pecho apretado y la mente dando vueltas a algo que no quería nombrar.

BEAUTIFUL HUMAN -Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora