La enfermería del Santuario estaba más ruidosa de lo que debería estar un lugar destinado a sanar heridas.
Principalmente porque Aioria de Leo estaba ahí.
Y porque Aioria "Herido" era probablemente más insoportable que Aioria "Peleando".
Por eso, los sanadores decidieron darle el alta de inmediato. Un Alfa con su estatus y carácter solo les ponía los pelos de puntas y estresaba.
El Leo estaba aliviado de salir de allí en realidad, los rumores habían tardado menos de una hora en recorrer el Santuario.
Aioria apenas había salido de la enfermería cuando empezó a escucharlos.
No directamente, por supuesto.
La gente nunca hablaba cuando un Caballero Dorado estaba delante.
Esperaban a que se fuera.
Esperaban creer que no podía oírlos.
Grave error.
Los sentidos de un Santo dorado y alfa eran demasiado agudos para eso.
Un cuchicheo al doblar una esquina del templo. Dos aprendices despistados venían de frente.
- El Espectro ni siquiera tuvo que esforzarse.- bufo uno.
- No seas idiota. Claro que se esforzó.- le regaño el otro.- El señor Aioria lo tenía.
- Entonces explícame cómo terminó en el suelo.- vio al primero cruzarse de brazos, esperando la explicación de su amigo, este quedó en silencio sin nada que decir.
Aioria se detuvo en seco.
Los dos aprendices que caminaban por el corredor se quedaron blancos al verlo.
- Señor y-yo...
-Nosotros no...
El Leo los atravesó con la mirada.
Los muchachos salieron prácticamente corriendo.
Aioria soltó un gruñido.
Maldita sea.
Continuó avanzando.
Y escuchó más.
Maldito templo demasiado grande para evitar a los idiotas....se mordía los labios para esconder sus colmillos y no gruñirles a los sirvientes, doncellas y soldados que se encontraban por el camino.
- Yo digo que se confió.
- Es un Caballero Dorado.
- Eso le pasa por creerse invencible.
- Los Espectros no son tan débiles como pensábamos.
Aioria cerró los puños.
El suelo crujió bajo sus botas.
No era rabia por haber perdido.
Había perdido antes.
Perder era parte de ser un guerrero.
Lo que le revolvía las entrañas era otra cosa.
Sabía lo que había sentido.
Sabía que algo había ocurrido.
Y aun así no tenía una sola prueba.
Ni una.
Maldita mierda, pensó al llegar a la estancia principal del templó.
- Te vas a abrir los puntos si sigues apretando los dientes de esa forma.
Aioria giró la cabeza.
Milo estaba apoyado en una de las columnas, con sus brazos cruzados y su mejor pose de "Pudranse todos"
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Vida
FanfictionLa guerra contra Hades llegó a su fin, y con ella, Athena logró lo impensable: un tratado de paz global entre el Olimpo y el Inframundo. Decidido a respaldar la tregua, Zeus resucitó a los guerreros caídos, permitiendo que espectros, marinas y human...
