El sol apenas había salido cuando los tres Jueces recibieron el llamado de Hades.
Radamanthys no preguntó el motivo.
Tampoco lo hizo Aiacos.
Minos sí estuvo a punto de hacerlo, pero el simple hecho de que Radamanthys le dirigiera una mirada de advertencia antes de que pudiera abrir la boca fue suficiente para que se guardara la pregunta.
Por una vez.
No porque le faltara curiosidad.
Todo lo contrario.
Llevaba desde el día anterior preguntándose cuánto tiempo más podía Radamanthys seguir recorriendo la arena del coliseo después del combate contra Aioria. Había intentado preguntárselo aquella misma noche, pero el juez de Wyvern se había limitado a responder que estaba revisando algo.
"Algo"
Minos conocía demasiado bien a Radamanthys como para aceptar aquella respuesta.
Y, naturalmente, había ido a contarle a Hades la inquietud de su compañero.
No porque quisiera provocar problemas....
Bueno...
Quizá un poco.
Pero principalmente porque aquella inquietud también había comenzado a picarle la curiosidad.
Cuando entraron en la habitación, Hades ya los esperaba. El dios se encontraba de pie junto a la ventana, con una de las manos apoyada sobre el marco mientras observaba el Santuario desde las alturas.
La luz de la mañana caía sobre su rostro y hacía que, por un instante, pareciera más distante de lo habitual.
No era extraño, Hades podía permanecer horas contemplando a los humanos sin decir una sola palabra.
A veces Minos se preguntaba qué demonios podía encontrar tan interesante en ellos.
Después recordaba que su señor había existido durante miles de años y comprendía que probablemente la respuesta estaba mucho más allá de su comprensión.
Los tres se detuvieron a unos pasos de distancia.
- Mi señor.- Radamanthys inclinó la cabeza.
Aiacos y Minos hicieron lo mismo.
- Pueden acercarse.
La voz de Hades fue tranquila así que los tres obedecieron. La presencia de su señor hacía que incluso Minos, que parecía incapaz de permanecer serio durante más de cinco minutos seguidos, adoptara una postura respetuosa.
Hades dejó la ventana y se acercó lentamente a una mesa.
- Los he llamado porque me han informado de que ninguno de ustedes quedó conforme con lo ocurrido ayer.- masculló tomando asiento para beber un sorbo de te.
Los jueces se miraron entre ellos, aunque Minos desvío un poco la mirada al sentir la juzgadora de Aiacos.
Perro chismoso.... bufó mentalmente el Espectro de Garuda.
- Y también que estuvieron jugando con la arena del coliseo...- Hades arqueó una ceja, observandoles con obvia confusión.
- No estábamos jugando, mi señor...- Hablo Aiacos rápidamente.
Los ojos azules de Hades se fijaron en el con atención.
- ¿No? - inquirio el azabache.
- No, mi señor.- secundó Minos a su compañero, mientras levantaba la cabeza para responder.- estuvimos revisando la arena, en realidad.
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Vida
FanfictionLa guerra contra Hades llegó a su fin, y con ella, Athena logró lo impensable: un tratado de paz global entre el Olimpo y el Inframundo. Decidido a respaldar la tregua, Zeus resucitó a los guerreros caídos, permitiendo que espectros, marinas y human...
