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DICK GRAYSON 💙

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⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️ ATENCIÓN: Hice una nueva historia independiente de los fanfics de Damian Wayne x TN Prince (hija de Wonder Woman) si os interesa se llama Sangre Divina: La Nueva Trinidad. (El primer capítulo ya está subido).⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️

Edad: En el final de la adolescencia.
Tipo: Friends to lovers.
Título: Siempre hubo algo.

Dick Grayson tenía diecisiete años y aún no había aprendido a fingir que no le importaba.

La conocía desde hacía casi tres años. Desde que, en uno de esos días raros en los que Bruce lo dejaba "ser un adolescente normal", ella apareció en el parque con auriculares enormes y una libreta llena de letras incompletas. TN. Solo TN. Nunca le dijo su apellido completo y él nunca insistió. Bastaba con la forma en que decía su nombre cuando se reía, como si cada sílaba fuera una melodía que no salía de su cabeza.

Eran amigos. Eso era lo oficial.

Se sentaban juntos en la grada del colegio después de clase. Él le contaba versiones muy editadas de sus noches (sin trajes, sin villanos, solo "problemas de familia"). Ella le enseñaba coreografías que había inventado en su habitación de tres por cuatro, marcando los pasos con los pies descalzos sobre el concreto. Cuando cantaba, aunque fuera en voz baja, algo en el pecho de Dick se ordenaba. Como si el mundo dejara de girar un segundo solo para escucharla.

Esa tarde el ensayo había sido un desastre.

El auditorio del colegio olía a polvo y a pintura fresca. TN estaba en el centro del escenario, con la camiseta negra de ensayo pegada a la espalda por el sudor y el pelo recogido en un moño desordenado. Había ensayado la misma canción seis veces. La sexta fue peor que la primera. La voz se le quebró en el estribillo, los pasos se descoordinaron y el profesor de teatro, un hombre paciente pero ya cansado solo dijo:

- Mañana otra vez. Descansa la garganta.

Cuando las luces se apagaron y el resto del grupo se dispersó, ella se quedó quieta en el centro del escenario vacío. Dick subió los escalones de madera sin hacer ruido. Se sentó en el borde, con las piernas colgando, y esperó.

TN se dejó caer a su lado. No lloró de inmediato. Primero se pasó las manos por la cara, como si pudiera borrar el fallo con los dedos.

- No soy suficiente -murmuró.

Dick giró la cabeza. La luz de emergencia del fondo le dibujaba el perfil.

- Eso es mentira.

- No lo es. -Su voz salió más fina-. Quiero cantar. Quiero bailar. Quiero que la gente me escuche y... y cada vez que lo intento siento que me falta algo. Que no llego. Que nunca voy a llegar. Mi casa es un apartamento de dos habitaciones, Dick. Mi madre trabaja doble turno. Yo ensayó con auriculares baratos y un espejo rajado. ¿Quién va a tomarme en serio?

Las lágrimas llegaron sin aviso. No fueron dramáticas. Fueron silenciosas, de las que duelen más porque no piden permiso. Dick no dijo "no llores". No le ofreció frases motivacionales vacías. Simplemente se quitó la chaqueta de la escuela y se la puso sobre los hombros. Luego, con cuidado, pasó un brazo alrededor de ella y la atrajo contra su costado.

Ella se hundió ahí. Enterró la cara en su camiseta y lloró de verdad. Él notó el temblor de sus hombros, el olor a su champú barato mezclado con el sudor del ensayo, la forma en que sus dedos se aferraban a la tela como si tuviera miedo de que él también se fuera.

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