DAMIAN WAYNE 💚

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Edad: En sus 20's.
Tipo: Familiar, perdón y segundas oportunidades.
Título: Nadie preguntó

La Mansión Wayne nunca estaba en completo silencio, pero esa noche se sentía especialmente tensa.
En el gran comedor, la familia estaba reunida para la cena mensual que Alfred insistía en mantener. Bruce Wayne presidía la cabecera de la mesa, con expresión seria y cansada. A su derecha, Dick Grayson intentaba mantener el ambiente ligero contando una anécdota absurda de su última patrulla en Blüdhaven. Jason Todd estaba recostado en su silla, con los brazos cruzados y una expresión de aburrimiento eterno. Tim Drake tecleaba discretamente en su tablet bajo la mesa, mientras Cassandra Cain observaba todo en silencio y Stephanie Brown reía de las bromas de Dick.

-...y entonces el tipo se resbaló con su propia cuerda -contaba Dick entre risas-. ¡Nunca había visto a un ladrón tan torpe!

Jason soltó un bufido.

-Solo tú puedes encontrarle gracia a un idiota que casi se ahorca solo.
Tim levantó la vista un segundo.

-Hablando de idiotas... ¿alguien ha tenido noticias de...?

No terminó la frase. El nombre de Damian flotó en el aire sin ser pronunciado, como ocurría casi siempre. Bruce se tensó visiblemente. Dick bajó la mirada. Jason apretó la mandíbula.

Alfred, que estaba sirviendo el postre, rompió el silencio incómodo con su habitual elegancia británica.

-Disculpen la interrupción, señor. Hay visitas en la puerta principal.
Bruce frunció el ceño.

-¿Visitas? No esperaba a nadie.

-Insisten en que es un asunto familiar, señor.

Dick se levantó, curioso.

-¿Familiar? ¿Será alguien de los Titanes?

Jason gruñó.

-Como si necesitáramos más problemas hoy.

El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza.

-Creo que es mejor que lo vean ustedes mismos.

Todos se dirigieron hacia el gran hall de entrada. La enorme puerta de roble se abrió con un sonido pesado.
Y ahí estaba.

Damian Wayne, cuatro años mayor, más alto y con una presencia aún más imponente. Vestía completamente de negro: pantalones tácticos elegantes, una camisa oscura y una capa ligera que recordaba sutilmente a la Liga de los Asesinos. Su expresión era serena, casi arrogante, como siempre.
A su lado, una mujer hermosa de mirada firme y porte elegante: tú, Y/N. Y en los brazos de Damian, envuelto en una manta negra suave, un bebé de aproximadamente dieciocho meses.
Un niño con cabello negro perfectamente liso, ojos verdes intensos y rasgos tan parecidos a Damian que era casi inquietante. Una versión diminuta y perfecta de él.
El silencio que cayó sobre la mansión fue absoluto.

Dick dejó caer el vaso que tenía en la mano. El cristal se rompió contra el suelo de mármol.

Jason murmuró un "¿Qué carajos...?" casi sin voz.

Tim se quedó con la boca abierta, su tablet olvidada.

Bruce Wayne, el Batman, el hombre que casi nunca perdía la compostura... se quedó completamente congelado, mirando al bebé y luego a Damian como si estuviera viendo un fantasma.
Alfred fue el único que mantuvo la calma, aunque incluso él levantó una ceja de forma casi imperceptible.
Damian miró a todos con calma, ajustando ligeramente al pequeño Thomas en sus brazos.

- Buenas noches a todos.- Dice Damian sereno.

El eco del vaso roto de Dick fue lo único que se escuchó durante varios segundos.
Damian permanecía de pie en la entrada, imperturbable, como si regresar después de cuatro años de silencio absoluto fuera algo completamente normal. A su lado, tú, TN, observabas la escena con una mezcla de curiosidad y cautela, tu mano descansando suavemente en el brazo de Damian. Entre los brazos de él, el pequeño Thomas miraba todo con esos ojos verdes idénticos a los de su padre, curioso pero tranquilo.
Bruce fue el primero en recuperar la voz, aunque sonó más ronca de lo normal.

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