Edades: En sus 20's.
Tipo: Misterio, tensión y sexo.
Título: Brownies y balas.
Aviso: TN en este one shot se llama Echo porque sus poderes están basados en el eco (el rebote y ampliación del sonido). Y además, hay escenas +18.
La ciudad olía a lluvia y a fracaso esa noche. Gotham siempre lo hacía. Echo se ajustó la capucha del abrigo negro mientras cruzaba el callejón detrás del viejo edificio de apartamentos en Crime Alley. Sus poderes zumbaban suavemente en sus oídos: el eco distante de sirenas, el goteo de una tubería rota, el latido acelerado de un corazón tres pisos más arriba. El corazón de él.
Jason Todd estaba herido otra vez. Lo sabía porque había seguido la frecuencia de su comunicador. Un corte profundo en el costado, dos costillas magulladas y esa rabia que nunca se apagaba del todo. Echo llevaba una bandeja envuelta en papel aluminio dentro de su mochila. Brownies. La tercera tanda en dos semanas.
No sabía exactamente cuándo había empezado esta obsesión. Tal vez la primera vez que lo vio sin casco, sentado en una azotea, mirando la ciudad como si quisiera prenderle fuego y abrazarla al mismo tiempo. O tal vez cuando lo oyó reírse con Roy Harper después de una misión que casi los mata. Jason Todd era un desastre andante. Y a Echo le gustaban los desastres.
Entró por la ventana que nunca cerraba del todo. El piso franco era espartano: un sofá roto, una nevera que zumbaba demasiado alto, estanterías con armas y libros de segunda mano. La cocina, sin embargo, estaba sorprendentemente limpia. Jason cocinaba cuando no podía dormir. Lo había descubierto escuchando.
Dejó la bandeja sobre la mesa de madera marcada por cigarrillos y balas. Sacó la nota que había escrito a mano:
"No es veneno. Cómetelos calientes. Y ponte hielo en las costillas, idiota. - Alguien que sigue oyéndote sangrar."
Al lado colocó un pequeño bote de ungüento casero que había preparado con árnica y un toque de su propio poder (eco de plantas curativas que había "escuchado" en el Jardín Botánico). Luego se escondió en la azotea de enfrente, dentro de un conducto de ventilación, y esperó.
Jason llegó veinte minutos después. Cojeaba. El casco rojo brillaba bajo la luz de la farola rota. Entró, se quitó el casco con un gruñido y se detuvo en seco al oler el chocolate.
Echo contuvo la respiración. Sus poderes le permitían amplificar los sonidos hasta que casi podía oír el latido del corazón de Jason. Bum-bum. Bum-bum. Más rápido de lo normal.
Lo vio acercarse a la mesa. Dudó. Cogió uno de los brownies todavía tibios. Lo olió. Mordió.
Un sonido grave, casi animal, escapó de su garganta. Se comió medio en dos bocados. Luego el resto. Se sentó pesadamente en la silla, apoyando los codos en las rodillas, y devoró un segundo. El tercero lo comió más despacio, saboreándolo. Echo vio cómo cerraba los ojos un segundo de más.
-Maldita seas... -murmuró Jason contra el brownie.
Echo sonrió en la oscuridad.
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Los siguientes días fueron un juego peligroso.
Dejó brownies en la moto de Jason. Aparecieron en un punto de entrega de información con Roy, dentro de una caja de munición.
Una vez incluso en la mesa de la Batcave cuando Jason fue a regañadientes a que Alfred le revisara las heridas. Ese casi le cuesta la vida: Tim Drake casi lo atrapa.
Jason empezó a cazarla.
Lo sabía porque oía sus pasos, el clic de sus armas, el modo en que su respiración cambiaba cuando estaba en modo Red Hood.
Era excitante. Aterrador. Adictivo.
