CALIX
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El dinero y el poder tienen un límite, incluso para hombres como yo
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Había gotas de agua bajando por mi cara mientras la reanimaba. Estaba pálida, más que pálida... azul.
Había estado viendo las cámaras como un chequeo general que hacía cada tanto, cuando la vi sumergida en el agua. Al principio pensé que solo estaba nadando e incluso me alegré un poco, porque quizás eso significaba que tenía días mejores.
Pero pasaban los segundos y ella no salía. Así que corrí por ella mientras pensaba que eso no podía estar pasando.
No podía estar muerta.
Me negaba a que estuviera muerta.
De repente, tomo tomó un gran respiro y empezó a vomitar toda el agua, buscando aire. Estaba asustado y tan furioso.
La ayudé a incorporarse para cargarla contra mi pecho. La sentía sollozar contra mí. Al doblar la esquina para ir a nuestra casa, vi nuestro reflejo y supe que yo también estaba llorando.
Parecía un león enjaulado en esa habitación. Mi cabeza no paraba de pensar en lo que podría haber pasado si no llegaba a tiempo. Tantos recuerdos de mi madre, de todos los momentos así que viví con ella, se repetían una y otra vez en mi cabeza.
Aurora salió del baño después de secarse. No era un hombre ansioso; en realidad, nunca había pensado en eso como algo que podía sentir, pero en ese momento la ansiedad llegó de golpe, arrasando todo pensamiento lógico, toda la tranquilidad que podía tener.
—¿Qué mierda estabas haciendo, Aurora? —gruñí con una calma que no sabía de qué parte de mí estaba saliendo.
Ella se tomaba las manos con temor y me dolió tanto verla así que no sabía cómo procesar todo en ese momento.
Nunca me había criado con amor; fue a base de dolor y estructura de lo que sería, de cómo debía serlo. Mi madre nunca me quiso, mi padre era un monstruo y mi hermana me había despreciado desde siempre. Nunca había obligado a ninguna mujer, pero tampoco había sido amable; no creía que eso estuviera en mi naturaleza hasta ella.
Con Aurora quería ser amable, bueno, paciente.
Pero toda esta situación me traía a un lugar conocido. Sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos y, sobre todo, las imágenes.
—Estoy sufriendo —susurró entre lágrimas—. Ya no sé qué hacer. Solo quería silencio de mis propios pensamientos, la culpa.
Aunque yo era un hombre que carecía de sentir culpa por algo, podía entender por qué ella se sentía así, y era algo que ni siquiera podía imaginar. Perder a uno de mis hermanos sería uno de los dolores más grandes que podría experimentar en mi vida, pero no podía perderla a ella, ni siquiera por su propio dolor.
—Lo sé —afirmé—, pero no puedo dejar que mueras.
Sus ojos llenos de dolor se encontraron con los míos.
—¿Qué quieres que haga?
—Que quieras vivir —respondí sin dudar—, porque nos vas a matar a los dos.
Ella dio un paso hacia atrás, bajando la cabeza como si intentara encontrar las palabras.
—No pongas esa carga en mí, Calix —pidió casi en un ruego.
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VENDER MI ALMA
RomanceDicen que el destino son la acumulaciones de nuestras decisiones, pero cuando creces como Aurora esa no es una realidad. Nunca había tomado una decisión significativa en su vida; desde su matrimonio forzado, hasta la "casa" o jaula donde pasaría en...
