Capítulo 5: Catástrofes en París.

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#HoyTeNarraElKorvin

Mi idea era escribir sobre una extraña mirada y ojos de color del cielo, pero ese fue un alto ineludible

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Mi idea era escribir sobre una extraña mirada y ojos de color del cielo, pero ese fue un alto ineludible. Por mi bien era mejor dejar a un lado mi cuaderno ridículamente floreado y el café casi frío que apenas tomé.

"Corazones desbordados", fragmento de Cielo Rojas.

"Corazones desbordados",  fragmento de Cielo Rojas

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Algunos meses atrás...

―Cielo, necesito que hoy te encargues de cerrar. ¿Lo podrás hacer? ―Baudin le preguntó a la pelirroja―. Tengo que irme mucho antes de lo previsto.

Oh, no.

No puede ser.

Mala señal.

Muy, muy mala señal.

Cuando mi abuelo dejaba encargado a alguien para cerrar la librería, era señal de que esa persona es digna de su confianza, y al parecer Cielo logró obtenerla. No sé cómo pudo hacerlo, ya que Baudin es extremadamente quisquilloso con esas cosas. Eso significaba lo que más temía: tal vez la seguiré viendo por más tiempo. Mucho tiempo. Necesito que alguien tenga la decencia de apiadarse de mí y me rescaten. Cielo es rara, muy rara, detrás de esos grandes anteojos y miles de pecas se esconde un pequeño ser demoníaco. Debo huir de ella cuanto antes y ya no sé cómo lograrlo.

―Si puedo. Gracias, señor Baudin ―Ella contestó detrás de la pila de los nuevos pedidos con su típica voz chillona y feliz. Ah, y cómo olvidar ese extraño acento que la caracteriza.

Rodé mis ojos y volví a mi tarea de barrer el local. Me coloqué los audífonos y me olvidé de todos o casi todos, porque todas las horas que tenía en la librería, me la pasaba pendiente de Cielo, pero solo para prevenir futuras catástrofes en París. Ella acomodaba los libros nuevos en la estantería de romance y cada tanto, sus ojos me espiaban detrás de esos grandes marcos negros. Al darse cuenta que la había descubierto mirándome, su rostro se tornaba rojizo al instante y yo volvía a mi tarea con una sonrisa invicta. ¿Es que no aprendía a disimular? Esa muchacha es todo un caso perdido.

Los versos de CieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora