Hay veces que Cielo Rojas se pregunta por qué no escribió Orgullo y Prejuicio, pero la respuesta es clara: ella no es Jane Austen, no nació en Inglaterra y no considera que tiene un talento de tal magnitud. Sin embargo no puede evitar rodearse de Li...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Hay días en el que me atrevo a hablarte, pero días como hoy, solo me gustaría desaparecer de tu vista. Terminar con este juego en el que solo juego yo y que constantemente te encuentras tan ausente.
"Palabras al viento", fragmento de Cielo Rojas.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Recostada en mi cama, ojeaba por última vez aquellas páginas que había leído bastantes veces, tantas que me cuesta admitirlo. En este cuaderno yacían las rimas y palabras más preciosas que cualquier podría envidiar, hasta el más creativo de los escritores. En estas hojas estaba la tinta que supo regalarme metáforas y enamorarme, pero más que todo, desilusionarme. Kéven me había regalado uno de sus libros de poemas durante el cumpleaños de Vicente y ya era el momento de devolvérselo. Escondía sus post its y mi ilusión con él, en una pequeña carpeta que no me animaba a traerla de su escondite. No sabía qué sentimientos se apoderarían de mí al leer los versos que crearon expectativas ilusas que se derribaron al confiar. Y todavía no consideraba que era el tiempo de tirarlos a la basura. Seguro que lo haré el primero de enero, cuando también borre Nuestro libro de Jane de Wattpad y me despida de Kéven para siempre.
Decidí despegarme de este melancólico cuaderno gracias a lo que había pasado esta mañana durante clases; no pude evitar sentirme mal al escuchar a Carla decirle "amor". ¿Qué sabe ella del amor? ¿Cómo se atreve a decir amor si envidia y rencor es lo único que guarda en su corazón? Como dice Corintios: El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. ¿Qué podía saber ella del amor? Nada, nada más que nada.
―Vamos, Cielo ―Me dije a mí misma y me puse de pie, luego me miré fijamente al espejo para darme valor―. Vos podés hacerlo.
Agarré su cuaderno y lo sostuve en mi pecho, como exprimiendo el último recuerdo que tendré de él. Porque después de esto ya nada quedará y podré comenzar a olvidarlo, sin importar cuánto tarde en lograrlo. Salí de mi habitación y comencé a caminar hacia la de Kéven. Sabía que él se encontraba ahí gracias al dato que obtuve mediante Austin. Las cosas se habían solucionado con ellos dos a pesar de las objeciones que tuvieron nuestras amigas, por mi parte no quise opinar al respecto, Austin puede hacer lo que quiere, y como siempre respetaron mi decisión.