Capítulo 15: Voy a extrañarte.

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Quería escribirte aunque nunca me leas

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Quería escribirte aunque nunca me leas.

Quería decirte tantas cosas aunque nunca las entiendas.

"Corazones desbordados", fragmento de Cielo Rojas.

"Corazones desbordados", fragmento de Cielo Rojas

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Triste, tonta, absurda... demasiado ingenua capaz. No sé por qué pretendí que las cosas fueran diferentes. No sé qué tontería se me cruzó por la cabeza. ¿Tratar de ganar su corazón? ¿Tratar de que se fije en esta torpeza despeinada con lentes? Obviamente que era imposible, porque no importa lo que haga, siempre es lo mismo. Como una vez escribí: a pesar de cada práctica, en las curvas sigo cayendo al barranco. Se ve que yo no aprendo o le doy un sinfín de oportunidades que no sabe y ni quiere aprovechar.

Mantenía un treinta por ciento de esperanzas, sobre todo inestables, que tienen el poder de aumentar a cuarenta o disminuir a cero por ciento e incluso menos... y hoy ya no las tenía. A Kéven le fascina otra chica y yo solo lo escuchaba hablar de ella, tratando de disimular mi dolor frente a él. Fui consciente de la sinceridad de sus palabras y de ese brillo especial que adquirieron sus ojos de color cielo. Cada palabra que usó fue como pellizcos en el corazón. Mis ganas de llorar se incrementaban a cada paso que daba hacia mi habitación y puedo jurar que jamás la había sentido tan lejana. No me importó no esperarlo, ni casi sentir sus ojos en mi espalda mientras se pregunta por qué lo dejé solo. Simplemente no me importa nada más.

Agradecí que Agnus no se encontrara en nuestro cuarto, porque sería demasiado horrible que ella me vea en este estado. De modo que cuando la puerta se cerró detrás de mí, me quedé allí parada, dejando salir esas lágrimas que contuve desde la estúpida confidencia de Kéven. Yo no quería ser una confidente, no, ser solo eso no me era suficiente. ¡Vale nada cuando dije que me conformaba de tenerlo como mi mejor amigo! Esas fueron puras palabras sin sentido, porque no pensé en lo que sentiría cuando llegara este momento. Ni siquiera pensé que alguna vez llegaría este momento. Si Kéven es muy lindo, inteligente y amable, ¿cómo no di por sentado que algo así sucedería tarde o temprano?

Con mucho pesar me siento en mi cama y abrazo a mi almohada de margarita. Me quito los lentes totalmente empañados y cubierto de lágrimas. Pienso en una forma de olvidarlo y de que él muera en mis sentimientos.

Los versos de CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora