Capítulo 2: Una hipótesis muy errónea.

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Ese inmutable pensamiento que desmantela cada latir

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Ese inmutable pensamiento que desmantela cada latir.

Mi estado involuntario.

Mi lucha en vano.

Mi limerencia constante.

"Palabras al viento", fragmento de Cielo Rojas.

"Palabras al viento", fragmento de Cielo Rojas

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¿Quieren ir al inicio de todo? Perfecto. Mis problemas comenzaron con un simple "abrieron una librería hispana a un par de cuadras de acá", de parte de mi mamá. Cómo decirles que jamás podría olvidar esa tarde, en donde los últimos calores del verano se estaban notando por más que en un par de días el otoño comenzara. Dos horas más tarde ya me encontraba caminando por las calles con música en mis oídos y algo de ansiedad en mi corazón. Mudarme no fue muy fácil que digamos. Sí, estamos hablando de París y la torre Eiffel con El arco del triunfo y esos cafés de películas francesas. Pero muchas veces me encontraba extrañando caminar por la esquina de la General Paz o tomar un helado paseando por el Buen pastor; cosas tontas, como leer un letrero en español o escuchar un "buen día" departe de alguien. Así que cuando me enteré de la noticia, gracias a mi madre, no dudé en ir.

"La librería de Baudin", decía aquel letrero de madera incrustado en la parte superior de la entrada. Me emocioné con solo leerlo. Fui acercándome a la vidriera y sonreí al ver los títulos en español de libros que había leído y otros que desconocía. Me sentía como en casa y con una sensación en el estómago que solo se traducía como felicidad al sentir este lugar como cálido y cercano.

Y entonces sucedió...

Un chico tomó dos libros de la vidriera y los remplazó por otros que ni me acuerdo de los títulos, porque solo tenía ojos para él. Su cabello era de un rubio precioso y tenía puesta una camiseta blanca. No me miró ni un segundo, por lo que no pude ver el color de sus ojos, pero sí capté la pequeña sonrisa que le lanzó a los libros remplazados cuando se quedó unos instantes admirando las modificaciones que hizo. Mi corazón se detuvo en ese instante y mis pies parecían no tener vida. Es algo exagerado, ¿pero no es exagerada la belleza? Porque de otra manera jamás te llamaría la atención. No había visto antes a alguien como él. Ese día volví a mi casa sin ni siquiera haber entrado. En la noche me costó dormir pensando qué debía hacer al día siguiente; no me animaba a decirle a alguien que me acompañara y mi timidez podía complicar las cosas. Por lo que decidí no pensar más y después de algunos minutos finalmente pude dormir.

Los versos de CieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora