Hay veces que Cielo Rojas se pregunta por qué no escribió Orgullo y Prejuicio, pero la respuesta es clara: ella no es Jane Austen, no nació en Inglaterra y no considera que tiene un talento de tal magnitud. Sin embargo no puede evitar rodearse de Li...
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Con mamá coincidimos que no nos gusta el atardecer; ver como el sol se esconde y el día va acabando.
La mañana, la mañana trae esperanza.
"Palabras al viento", fragmento de Cielo Rojas.
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Una semana antes de mudarme a Francia, estaba con mis dos hermanos acomodando todas mis cosas en cajas. Algunas eran muy pesadas o simplemente no confiaban en que yo podría salir ilesa de la situación sin morir aplastada, ahogada (a pesar de no haber agua en mi habitación) o que me abdujera un platillo volador. Escuchábamos música y comíamos unos sándwiches que nos había preparado mamá.
No podía dejar de mirar cada uno de los rincones de mi habitación con nostalgia. Muchos recuerdos me invadían cuando guardaba mis adornos, los cuadernos viejos y las fotos de mis compañeros. Aproveché para sacarle una última fotografía al marco de mi puerta, que se encontraba marcada por los centímetros que crecía año tras años.
En un momento Franco tomó uno de mis cuadernos, y pesar que intenté evitarlo, él casi leyó hasta la última página. Todavía recuerdo sufrir mientras él devoraba cada hoja y ni hablar cuando Bruno, mi otro hermano, lo secundó y comenzó a leer otro. Por más que me encantaba la literatura juvenil y clásica, me inclinaba hacia los poemas, ensayos o discursos. Había hecho algunos cuentos, pero mi vida giraba en torno a versos, prosas y rimas. Me gustaba sentir que yo estaba hecha de pura poesía.
―Cielo, esto... estoy sin palabras. ¿Lo escribiste vos? ―Franco me miró anonadada.
Sentí como el calor subía por mis mejillas. Escribir no era algo que me avergonzaba, y si bien mi familia me veía escribir todo el tiempo, nunca les había mostrado algo como para que lo leyeran. No me sentía muy cómoda, era un tema muy personal para mí.
―Sí, pero no le digan a nadie ―Les pedí.
―¡Escribís hermoso! ―exclamó Bruno―. ¿Por qué nunca nos mostraste nada? Esto es algo que no lo podés ocultar ―Levantó mi cuaderno al aire.
―Bueno, técnicamente no lo estoy ocultando porque ya lo descubrieron ustedes dos ―Me defendí.
―No te hagas la tonta, cuatri ―habló Fran―. Últimamente se está escuchando mucho eso de los blogs, ¿si te hacés uno?