Capítulo 4: Casa de campo.

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-Ah, Yukiko es mi sobrino, su madre, esta divorciada pero sale con una persona, a el no le hace mucha gracia y como ya tiene edad para vivir solo, ha venido a quedarse en el pueblo. Yo vivo en la tienda, pero el vivirá a partir de ahora en una caseta un poco lejos del pueblo, así aprovecho y hago que me ayuda en el negocio. - dijo sonriente.

-Ah... Así que... - dije pensantivamente.

-Qué quieres abuela? - dijo un chico saliendo del almacén.

Cuando nuestras vistas se cruzaron, nos sorprendimos bastante ya que era el Yukiko que había conocido anteriormente.

-Qué hacés aquí?! - dijo muy sorprendido y algo molesto.

-Como que que hago aquí?! - dije algo desconcertada.

-Bah... - dijo apartando la mirada con desprecio.

-Ya os.. conocéis? - dijo la abuela muy extrañada.

-Algo así... - dije suspirando.

Yukiko, no me miraba y tenia una actitud muy incomoda y a la vez parecía algo cabreado por verme.

-Bueno... que querías, Miyuki? - dijo ella intentando caviar de tema.

-Ah, si... un cartón de leche... - dije algo desanimada.

Yukiko me dio la leche y enseguida con descaro entro de nuevo en el almacén. "Pero que le pasa?" Me preguntaba a mi misma un poco molesta.

-Son 10 yenes. - dijo la abuela sonriente.

-Si, tome y gracias. - dije dándole el dinero amablemente.

Yo salí de la tienda cargando con los cartones de leche que pesaban bastante lo que me hacía andar encorvada y lentamente avanzaba hacia mi casa. A mitad del camino, apareció Yukiko, esto me sorprendió bastante y el sin ni siquiera mirarme a los ojos, me cojio la leche y cargo con ella sin poner nada de esfuerzo. El comenzó a andar y sin preguntar nada, le seguí en dirección a mi casa. Yukiko iba a unos pocos metros delante mía, mientras yo andaba algo cabizbaja y pensativa.

-Por... porque no me dijiste que trabajabas en el 24 horas del pueblo? - dije con algo de vergüenza.

-Te dije que mi vida, no es de tu incumbencia. - dijo molesto.

-Pero porque no puedes ser un poco amable con migo, yo te ayude cuando te perdiste y encima cuando me dijiste que no te preguntará más, no lo hice! - dije enfadada.

-No necesito que nadie se comparezca de mi. - dijo sin para de caminar.

-No te entiendo... - dije suspirando.

El cielo, estaba ocultando su brillante color azul por unas nubes algo grises que cubrían la mayor parte de este. Se escuchaban a los pájaros cantar y nuestras huellas en la nieve, no se desviaban de el comino nunca. Era bastante temprano, supuse que como había salido a las 5 de la mañana, ya serian las 6 y aún así habían bastantes personas despiertas.
Llegamos a mi casa y Yukiko, después de dejar la leche en la puerta, se giro haca mi y me miró fijamente. Yo estaba bastante sorprendida y me sonroje un poco al ver que no apartaba sus ojos de los míos.

-No te metas en mi vida. - dijo seriamente.

-Pero... - dije algo entristecida.

-Lo digo enserio, no te metas en los asuntos de los demás. - dijo molesto.

-Pues vale, no te quiero volver a ver! - dije muy enfadada.

Entre en mi casa cerrando la puerta bruscamente en muy desanimada me senté en el sofá. Puede que no lo conozca de nada o que simplemente sea un vecino más del pueblo, pero en ese momento me sentía fatal por dentro lo que consiguió que soltará una lágrima de desánimo que bajo poco a poco por mi mejilla.

-Estúpido tonto. - dije secando me la lágrima.

Me levante del sofá y rápidamente cogí la leche y me dirigí a la cocina con la idea de desayunar tranquilamente. Abrí una de las ventanas y cerré los ojos por un momento para imaginarme flotando en las nubes mientras aire ondeaba mi cabello. Respiré profundamente y después de unos segundos, me puse a desayunar hambrienta.
Termine bastante rápido y después de recogerlo todo, me di cuenta de que la taza de té que le había dado a Yukiko anteriormente, estaba en el fregadero. La coji con algo de molestia y me di cuenta de que el té, estaba compleamente congelado. Reaccione a eso bastante sorprendida y la deje en el fregadero nuevamente. "Supongo que me deje alguna ventana abierta y se congeló." Pensé intentando darle sentido a la situación.
Enseguida llego la tarde. Me pasé toda la mañana leyendo unos libros al calor de la cálida chimenea y tapada por una gran manta de color marrón que hacía un la casa fuera una auténtica casa de campo.
Cansada, recogía algunos trastos que había por enmedio y de pronto alguien toco al timbre, sorprendiéndome bastante ya que no era normal que nadie me visitará...

CONTINUARÁ EN EL CAPÍTULO 5.

Cuerpo Helado...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora