En ese aeropuerto podía notar que algo iba a cambiar, pero no pude adivinar que algo muy importante me iba a cambiar y menos aún que después de un tiempo iba a romperme en pedazos...
Me dirigí hacia otro pasillo para buscar la salida. Otro gran ventanal se encontraba en el pasillo, afuera estaba nevando. No podía creer que estuviera nevando.
Las ganas de salir al exterior, de no volver a ese aeropuerto en el que pasé dos horas metida aumentaban.
Otros pasillos enormes y algunos giros hacia la derecha e izquierda me llevaron hacia la salida.
Sólo tenía que pasar por la última puerta giratoria, una puerta enorme en la que podían pasar cien personas a la vez o más, nunca había visto algo igual, no había llegado a Londres aún y ya estaba impresionada de todo.
Al salir tuve que ponerme el chaquetón , hacía mucho frío y notaba como los copos de nieve cain sobre mi pelo. Me daba igual el frio que hiciese, ya había llegado a mi destino.
Me dirigí a la parte posterior de los aparcamientos, en el que se posaban montes de nieve, todo estaba muy blanco.
Tenía ganas de sacarme ese chaquetón y tirarme en ese suelo cubierto de una capa gorda de nieve. '' ¿ Por qué no hacerlo?'' , me saqué el chaquetón, tirándolo al suelo, y me tumbé.
Fue increíble, me sentía como cuando a un niño pequeño le regalan un globo, no quería levantarme de ese sitio.
Por buena suerte para mi no había nadie por ahí, hubiera pasado mucha vergüenza si alguien me hubiese visto.
Me volvía levantar, me sacudí la ropa y el pelo que estaban llenas de nieve, el chaquetón en el suelo casi ni se podía ver, una fina capa de nieve se había colocado encima de él y lo había cubierto por completo.
Después me dirigí a la búsqueda de un taxi, era la única manera de poder llegar a mi apartamento, aún estába a las afueras de Londres y tenía que ir al centro.
Encontré uno muy fácilmente, se suelen colocar en la entrada del aeropuerto para que los viajeros los viesen y los utilizaran, llamar a uno para que viniese a recogerme me llevaría horas, tuve mucha suerte.
Tres horas de taxi desde el aeropuerto hasta el centro, ahora que creía que todo había acabado...
No paraba de mirar mi móvil por si me hablaba Finn, por muchas ganas que tuviese de hablarle pensaba que él debería de hacerlo primero.
Tres llamadas perdidas y seis mensajes iluminaban la pantalla de mi móvil, la mayoría de mi madre y dos de las chicas...
''Cuando aterrices llámame.''
¿ A caso mi madre no sabía que las llamadas de Inglaterra a España costaban más caras? Puf..., que mujer, siempre igual.
Marqué los números del móvil de mi madre, esperaba que me lo cogiese a la primera.
- Mamá, ya he aterrizado, estoy en el taxi.
- ¡ Ay, mi niña! ¿ Ha ido todo bien, te ha pasado algo? ¿ Te has puesto el chaquetón, hace frío?
No sé por qué las madres, cada vez que te vas de casa te dicen que te pongan el chaquetón.
Es la única preocupación que tienen, puede atropellarte un coche o un camión que si llevabas el chaquetón puesto lo demás le da igual.
- Si mamá, está nevando, es normal que haga frío.
Casi no me dejaba hablar, no se callaba, no paraba de hacerme preguntas y ya me empezaba a doler un poco la cabeza.
- Mamá, escúchame, te voy a colgar. Estoy muy cansada y me duele la cabeza, cuando esté más tranquila te llamo.
- Vale cariño, te quiero.
- Y yo mamá.
¡ Menos mal que me dejó colgar! Seguro que sería capaz de hacer cualquier cosa para que volvierse, como meterme miedo en el cuerpo o algo, pero no lo iba a conseguir.
- ¿Primer vuelo sola?
- Hahaha, si.
- Todas las madres son iguales, tranquila, se acaban acostumbrando
Menos mal que el taxista era muy simpático y me dió conversación durante el trayecto, si no lo hubiese hecho habría durado una eternidad ahí metida.
Aunque, por mucha conversación que me diese yo sólo pensaba en mirar el móvil para que me hablase.
Tuve que luchar contra mi voluntad de no tocar la pantalla táctil de mi móvil y escribirle un mensaje tipo:
'' ¿ Ya te olvidas de mi? x.''
Pero sólo hacía dos cuatro horas desde que nos despedimos, iba a parecer una pesada, o peor aún, una desesperada.
Volví a bloquear la pantalla de el móvil y me lo guardé en el bolsillo derecho de mi pantalón. Si algo tiene que pasar pasará, si es para mi volverá, ¿ no?
Venga ya, mejor dejo de pensar en él.
Después de tres horas de conversación con un taxista y canciones antiguas llegué a la puerta de mi apartamento, claramente alquilado, ya que era casi imposible que una estudiante de clase media tuviera un apartamento hipotecado en el centro de Londres.
Tuve mucha suerte al encontrar ese apartamento, no muy grande, de dos plantas con dos baños, dos dormitorios, salón con chimenea, cocina pequeña pero práctica y un garaje.
Lo primero en lo que me fijé cuando entré fue que no había un vidé en los baños, era una cosa que los ingleses no le veían utilidad.
Las escaleras me parecían preciosas, aunque eran muy sencillas, colocadas al lado derecho de la casa pegadas a la pared, con todos sus escalones de madera.
Toda la casa tenía suelo de moqueta roja, pegaba mucho con el color de los muebles de madera, le daba un toque de sofisticación a la casa.
Lo bueno de los apartamentos alquilados es que ya te vienen alquilados , por eso cuestan tan caros.
Volví a salir del apartamento, dejando la puerta principal entre abierta, a por mi maleta.
No llevaba mucho equipaje, en unos días vendrían las cajas con mis cosas. El amable taxista ya había sacado mi maleta del maletero.
Le pagué el trayecto, 35 libras, no me extraña que me hubiese dado conversación después de todo lo que le he pagado, es lo mínimo que me podría haber ofrecido.
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Shadow
عاطفيةUna chica de un pueblo pequeño cumple su sueño y va a uno de los sitios más maravillosos del mundo LONDRES. Allí conoce a una de las personas más importantes de su vida, una con la que quiere rehacer su vida y olvidarse de la mierda del pasado. Pero...