Capítulo 6

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Sé que ese chico producía algo en mí. Me hacía estar feliz todo el día con solo una sonrisa, pero no me fiaba del todo por mucho que quisiese hacerlo, aunque dentro de mí algo me decía que no era él.

Fue una noche muy corta, me quedé dormida en el sofá y dormí unas cuatro horas. La noche anterior puse la alarma en el móvil justo a las nueve de la mañana, no quería perderme ni un segundo de mi visita con mi guía. 

Fui a mi habitación y cogí unos vaqueros con un jersey, el pañuelo y las botas. Necesitaba algo cómodo para recorrer toda la ciudad. 

El timbre de la puerta sonó cuando estaba en el baño lavándome la cara.

'' ¡ Ding, dong!''

Ya lo sé, es el sonido de timbre menos original del mundo, pero acababa de llegar a ese apartamento. No sé como se las apañaba que siempre llegaba cuando más ocupada estaba.

- Ya voy.

Crucé el salón, el pasillo, corriendo por si no me hubiese escuchado. Al abrir la puerta me queé asombrada, un chico guapísimo con vaqueros, camiseta, chaqueta y gafas. 

Sus pies los cubrían un par de zapatillas Vans celestes que pegaban con el color de su camiseta.

- ¿ Preparada?

Añadí un poco de chulería en mi respuesta para conseguir que se riera.

- Nací preparada. 

Le guiñé un ojo, en su rostro se dibujó una sonrisa de la cual seguidamente salió una carcajada. El día ya había empezado y no sabía como iba a acabar, me gustaban las sorpresas y sabía que él iba a conseguir sorprenderme ese día.        

Cogí las llaves de la mesita de la entrada, programe la alarma y salí cerrando la puerta detrás mía.

Finn me miró y sacó un mapa de su bolsillo indicando nuestra primera parada, La Torre de Londres.

- No va ser un viaje normal.

Le miré confundida y vi como sacaba de su mochila dos patines y una cuerda.

- Agárrate a mi.

Enganchó los dos patines con la cuerda, me dió una señal para que me montase y me agarró la mano. El conducía el patín y dirigía el mio que iba un poco más atrás. 

Nunca había estado en una guía turística así, era impresionante y él lo era aún más, aunque era demasiado bueno para mi.

Cuando llegamos a el sitio volvió a guardar los patines, yo no paraba de reír, nunca hubiese imaginado esa forma de moverse por la ciudad.

- Ya estamos aquí, ¿ no es precioso?

Miré hacia arriba y un castillo con una torre enorme se asomaba entre los muros. Al entrar un hombre nos puso un sello y nos dio un mapa. 

Todo era muy grande y sus interiores eran increíbles, reflejaba toda la historia antigua inglesa. No nos dio tiempo de verlo todo pero si de sacarnos muchas fotos.

- Se nos hace tarde, corre vamos.

Agarró mi mano tirando de mi para que corriese con él, salimos muy rápido de ese sitio y volvió a sacar sus patines.

- Ahora vamos a ir a Trafalgar Square.

Nos montamos de nuevo en esos patines, parecía muy peligroso todo. No tardamos mucho en llegar a una gran plaza con una estatua enmedio y dos leones a sus alrededores. 

Tras ella había una galería de pintura y otra de fotos, no nos daba tiempo de entrar a ver todos los cuadros.

- ¿ Quieres una clase de historia?

Se rió entre dientes al ver la expresión de mi cara, ya tenía bastante con el instituto, no me apetecía que me diesen más clases de historia.                              

Nos sentamos en un banco cerca de la estatua y sacó unos bocadillos. Ya era la hora de comer.

- Nuestro próximo destino es El Big Ben.

El Big Ben ese ese reloj enorme en la parte superior de una torre que se encontraba en la otra parte de la ciudad. Miles de taxis, coches y autobuses estaban a punto de atropellarnos, no sé cómo salimos vivos. 

Lo más sorprendente es que después de todo ese peligro yo no paraba de reírme. Tardamos casi dos horas en llegar al lugar, un problema de tráfico se interpuso en nuestra ruta e hizo que nuestro tour se retrasase un par de horas.                                              

Antes de llegar me agarró y me tapó los ojos.

- Esto es demasiado bonito, se merece algo especial.

Yo me dejé llevar por él, tenía plena confianza en lo que iba a hacer.

- Cuando te diga mira hacia arriba y abre los ojos, ¿ vale? Bien, ahora.

Lancé mi mirada hacia arriba. Un reloj gigantesco que casi alcanzaba el cielo, era precioso, la forma, la decoración, todos sus detalles. 

Me quedé allí depié un buen rato, no sabía que estaba en Londres hasta que vi el Big Ben.

- Tengo una sorpresa para ti.

Sacó de su bolsillo dos entradas para montarnos en el London Eye que se encontraba en el otro lado de la orilla del río Thames. 

Estaba anocheciendo, había pasado todo el día con él. Nos adelantamos a toda la gente de la cola ya que su amigo dirigía la noria, nos subimos en una especie de cápsula. 

La noria no era muy rápida y cuando llegamos a la parte más alta me quedé sorprendida, toda la ciudad estaba iluminada eran unas vistas magníficas.

- Las vistas son espectaculares, todo iluminado.

Me miró y se sonrojó al contestar.

- Entonces son igual que tú.

No sabía qué responderle, simplemente me dediqué a sonreír. Estaba demasiado cansada.

- Recuerda que la próxima vez invito yo.

Me sentía mal porque él lo había pagado todo y parecía que me estaba aprovechando de él.

- No te voy a dejar pagar nada, aún hay una última parada.

¿ Una última? Creía que lo habíamos visto todo y aún debíamos parar una vez más. 

Esta vez se dirigió a un taxi parándolo con la mano e indicándle una calle con un nombre que nunca habría podido pronunciar.

- Te va a gustar, lo prometo.

Cuando el taxi paró nos dejó en un barrio en el que había puestos de comida de todos los tipos y todos los lugares del mundo.

- Wo, una cita en condiciones, hahaha.

Hice una pequeña broma, todo estaba muy barato y él seguía insistiendo en pagarlo todo. Me serví un poco de comida india, él se dedicó a la comida china, seguidamente nos sentamos en unos bancos de una plaza colocada justo en el centro. 

Parecíamos una pareja formal, dos jóvenes dándose de comer mientras se miran y sonríen. Me encantaba estar así con él y viviría miles de momentos a su lado. 

Al levantarme de la mesa y girarme choqué con alguien, caímos al suelo poniéndose él encima de mí. 

Se levantó corriendo y me alzó la mano para levantarme.

- Lo siento, de verdad, perdona.

No paraba de disculparse.

- No, no pasa nada.

Era un chico muy guapo de pelo castaño-rubio, con ojos verdes preciosos. Esta vez su acento era más español. Se fue muy rápido despidiéndose con una sonrisa.

- ¿ Estás bien?

Finn se acercó a preguntarme por el golpe contra ese chico.

- Si, sólo un poco cansada.

Levantó la mano, llamando la atención a un taxi e indicándole la dirección de mi casa. El día ya se había acabado.

ShadowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora