Capítulo 18- Impresiones equivocadas y lágrimas derramadas.

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- Y yo les declaro marido y mujer- dijo el anciano mago mientras Ginny y Harry, entre los aplausos de los cientos de asitentes a la boda, se besaron.

Mientras todos en el lugar aplaudían, el señor y la señora Weasley lloraban uno sobre el hombro del otro como si su hija acabara de entrar en su tumba en vez de en la vida de casada.

- Mi pequeña... Es tan joven...- murmuraba Molly dramáticamente.

- Mamá, no ha muerto.- decía George, como si aquello fuera suficiente para consolar a la madre, quien seguía pensando que su hija se marchaba para no volver.

Tan pronto como el mago que los había unido en matrimonio se fue, Hermione se dirigió hasta su mejor amigo, con los ojos rojos y la nariz hinchada, junto al rastro salado de las lágrimas sobre sus mejillas.

- Te has hecho mayor...- dijo ella, abrazándolo con fuerza.

- Herms, recuerda que, de hecho, sigues siendo mayor que yo, y no lloro cuando cumples años. Por cierto, ¿dónde está el idiot- se detuvo al ver las llamaradas asesinas que había empezado a surgir de los ojos de ella, e iban peligrosamente hacia su cara, o al menos era lo que ella esperaba que estuviera pasando- Draco?

- Lo primero, el seguir siendo mayor que tú me da derecho a llorar cuando te haces mayor. Tú has nacido sabiendo que te supero en años.

- Cuando nací no te conocí-

- Y no sé dónde está Draco- lo interrumpió- estaba conmigo hace un momento.

- ¿Por qué no vas a buscarlo? A lo mejor él te quita las ganas de llorar- dijo él con una media sonrisa, empujándola suavemente hacia la salida de la estancia.

El rubio por su parte estaba de pie en un parque cercano al sitio donde la boda había tenido lugar, expectante, con la vista fijada en un grupo de niños que recién aprendían a usar sus pequeñas escobas.

- Veo que has venido- dijo una chica de largo pelo negro, mirándolo.

- Para qué me has llamado- replicó él sin ánimos para charlar.

-Baja los humos, Malfoy. No he venido para discutir.

- Así que no hay venido para discutir, ¿eh? Pues creo que es un poco tarde. Supongo que estarás enterada- empezó a soltar, sin darse cuenta de que estaba alzando la voz- de que casi matan a Hermione por tu culpa.

- Draco, ¡ella no es para tí! ¡Tú eres un sangre pura! ¡Naciste para ser mago! ¡Nadie tuvo jamás ni una sola duda de que serías un grande entre los grandes de tu generación, maldita sea! ¡Ella es solo una sangre sucia!

- ¡Pues siendo una sangre sucia ya es mucho más guapa, inteligente, buena y útil de lo que tú has sido en toda tu vida, Parkinson! ¿Qué ha sido lo último que has hecho por alguien? ¿Hacer que mi madre casi mate a la persona que amo? ¿Intentar que un mago tenebroso, al que no le temblaría la mano si tuviera que llegar la hora de asesinarte, atrapara al único idiota que tuviera una oportunidad de salvar al mundo mágico? ¿Burlarte durante toda tu estancia en Hogwarts de aquellos que tú, estúpidamente, pensabas inferiores? ¡Dime cuál ha sido la última cosa sensata que has hecho, y lograré decirte en qué te favorecía a ti a la hora de llevarla a cabo, maldita sea! ¡No te atrevas a criticar a Granger hasta que tu vida sea un ejemplo, porque solo eres una maldita bruja capaz de seguirle los pasos de cerca a la loca de Bellatrix!

- ¿Eso crees, Draco? ¿Piensas que yo soy mala? O mejor dicho, ¿piensas que yo soy la única que ha cometido errores aquí? Atrévete a decirme, mirándome a los ojos, que tú no has estado los últimos siete años de tu vida burlándote de todo el que no fuera sangre pura, o de los torpes como Longbottom.

- No te voy a negar eso, Pansy. Pero yo he echo algo que tú no: arrepentirme.

- Eso quizás sea hasta más grave que no hacerlo, Draco. Al menos yo estoy orgullosa de mis raíces, de mi sangre. No miro atrás cuando ya he fallado, sigo con la cabeza bien alta sabiendo que sería mucho peor visto si fuera un simple sangre sucia el que lo hiciera. Tú te has avergonzado de quien eres. O al menos de quien dices haber sido, porque yo pienso que no has cambiado en lo más mínimo. Solo mírate: pelo perfectamente peinado, probablemente la ropa que llevas ahora mismo sea más cara que todas las prendas que lleven todos los perdedores que han ido a esa boda juntos, de modales inconfundiblemente impecables y una mirada glacial. No has cambiado, Draco. Eres como yo, y siempre lo serás. Siempre seremos iguales, aunque un amor que te ciega intente demostrarte lo contrario.

- No tienes ni idea de lo que hablas, Parkinson.

Pero antes de que éste se diera la vuelta para marcharse y dejar a la muchacha de pelo azabache en el parque plantada, ella vio a la joven Granger acercándose a ellos charlando animadamente con uno de los hermanos Weasley, aunque de lejos no podía decir exactamente cuál de ellos eran, ya que todos habían sido testigos de la boda de Potter, hasta Charlie, el criador de dragones de Rumanía. Se acercó rápidamente al joven rubio y juntó sus labios a los de él que, en medio de la sorpresa en la que se hallaban, torpemente siguieron el beso, el suficiente tiempo como para que la Gryffindor, que tan solo se hallaba a unos pasos de ellos en aquél momento, los viera.

- ¿D- Draco?- balbuceó ella y sólo le dio tiempo para girarse antes de salir corriendo, con el pelirrojo tras ella.

- Maldita bruja- rugió el Slytherin y salió corriendo tras los leones.

El Weasley se dio la vuelta un solo momento, dándole con eso a la Granger ventaja para alejarse del serpiente, y le propinó un fuerte golpe en la nariz.

George lo miró con la furia encendida en sus ojos y, por un momento, el Malfoy no supo si responderle al golpe o simplemente tirarse al suelo a llorar, pues la mirada que le lanzaba el otro no daba lugar a dudas, estaba muy enfadado.

- Maldito bastardo...

- ¿Dónde ha ido?- preguntó, ignorándolo.

- No es de tu maldita incumbencia, Malfoy. ¿No le has hecho suficiente daño ya? A saber cuántas veces se habrá arrastrado esa simple buscona hasta ti en todo lo que llevas con Herms de relación. No te atrevas a acercarte a ella.- Y con esas palabras dejó al rubio en el lugar, pero éste no tardó en reaccionar y corrió a buscar a su amada, decidido a explicarle aquel beso a traición.

No tardó mucho en encontrarla, agazapada en una esquina de la casa de los gritos, llorando con la cara sobre sus rodillas y las manos rodeando éstas, temblando ligeramente, su pelo tapándole la cara de tal manera que el rubio no podía ver sus ojos rojos y su nariz hinchada por el llanto.

- Hermione...- empezó él, pero ella lo cortó, levantándose de un salto y apuntándolo con su varita.

- No te me acerques. No has cambiado en nada.

Y con esas palabras, que le dolieron a Draco mucho más que ninguna otra que ella podía haberle dicho, se desapareció, dejando al Malfoy en un estado de shock que sólo acabó cuando se dio cuenta de que la había perdido. 

Entonces, empezó a llorar.


Blonde disaster (dramione - editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora