Epílogo

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Un año había pasado desde la boda de los Potter, tiempo en el que casi todo lo que se conocía había cambiado.

Los magos ya no iban por las calles con miedo de que otra revuelta tenebrosa tuviera lugar, el aire se notaba mucho más relajado. Las familias reían abiertamente.

El viejo Caldero Chorreante había cambiado de propietario, pues Tom, el viejo Tom, de buena gana había aceptado pasarle la carga del local a la joven Lovegood, que lo había cambiado drásticamente: la sucia barra ahora era una luminosa barra de colores que tiraba chispas cada vez que alguien se apoyaba en ella; las mesas, pequeñas y viejas, ahora eran amplias mesas de varios asientos, lo que mejoraba la comunicación entre los magos.

Había más gente trabajando allí, entre ellos Ginny Weasley, que seguía felizmente casada con Harry, y Neville Longbottom, que ya tenía fecha de boda con Luna.

Pero el cambio más inesperado no fue la bizarra propuesta de matrimonio de Neville hacia la rubia que, en un intento de llamar la atención, intentó pilotar un avión muggle y lo estrelló contra una de las paredes de Hogwarts. No, ni mucho menos. El cambio más extraño e inesperado fue la reciente relación de Hermione Granger con uno de los hermanos Weasley.

***

La joven Granger salía de su habitación bostezando tras una noche de el tan relajante sueño que necesitaba. Sólo vestía un semi-transparente vestido que le llegaba poco más abajo de las nalgas y que dejaba verse la ropa interior.

Sonrió al sentir la brisa marina agitar su cabello, pues vivía en una casa cercana al mar, y los enormes cristales que hacían de puertas se hallaban abiertos de par en par, haciendo que el hogar luciera más fresco y libre de estrés.

Se sentó en uno de los grandes sillones del salón, el cual tenía un color verde oscuro, color recientemente descubierto como su favorito, y estuvo sentada con los ojos cerrados hasta que su estómago profirió un ruido de queja y ella contestó con un suspiro. Se levantó de nuevo y marchó hacia la cocina, donde un desayuno perfectamente preparado descansaba sobre la isla*, con una nota al lado que decía: 

"Buenos días, princesa. Es eso lo que a las chicas muggles os gusta que os digan, ¿no? Hoy es sábado y no he querido despertarte temprano, así que te dejo la comida en el horno y el desayuno aquí, y espero lo disfrutes. Me ha surgido trabajo en el ministerio, así que supongo que estaré allí sobre la hora de la cena. Por cierto, me tienes que enseñar a usar el metro muggle."

Ella sonrió al terminar de leerla, y cogió la bandeja con ella, yendo hacia la gran terraza que dejaba ver las olas chocando con las rocas, casi mojándola con la espuma. Se sentó en una de las sillas que había y dejó el desayuno sobre una mesita, dándose cuenta de lo mucho que todo había cambiado.

Pensó en los acontecimientos de año y poco atrás, cuando se dio cuenta de que se estaba enamorando por segunda vez, cuando pensó que aquél rubio de verdad no la haría sufrir como Ron. <<Há. Inocente de mí.>>Pensó con amargura, cerrando los ojos. Rememoró todo lo que ocurrió. Su primer beso, su primera caricia. La primera vez que lo vio como algo más que un triste enemigo, aquella vez que se cambió frente a él en el tren de Hogwarts, y cómo sintió su mirada por cada centímetro de su piel, aunque la vergüenza y el placer de saber que le parecía atractiva al mayor imbécil del colegio la acallaran. Aquél encontronazo aquella noche de primera vigilia como prefectos, donde Draco le había confesado algo que ella ya temía. Cuando su madre, en un ataque de furia, casi la mata. Cuando Harry los aceptó abiertamente. El momento en el que el colegio terminó, y Draco, con ella de la mano, volvió a la Mansión Malfoy, asegurándole que aquella sería la casa en la que ambos pasarían el resto de sus vidas. La primera vez que ambos compartieron lecho, aunque realmente no hubiera pasado nada más que un par de besos y una noche de sueño abrazados el uno al otro. El día de la boda de Harry. El beso de Pansy.

Unas tímidas lágrimas escaparon por las esquinas de sus ojos, mojando sus mejillas, mientras los dolorosos recuerdos inundaban de nuevo su mente. Un año había pasado, exactamente un año desde aquello, y ella admitió con amargura que seguía sintiéndose como una simple sangre sucia cuando lo recordaba.

Unos golpes a la puerta la sacaron de su ensoñación, y se dio cuenta de que casi se había acabado medio desayuno. Fue corriendo hacia la entrada de la casa, limpiándose las lágrimas con la mano, y abrió, dejando ver al joven Weasley con una sonrisa de oreja a oreja y un ramo de rosas rojas y margaritas en la mano.

- Al final he venido antes- dijo, tendiéndole las flores.

- ¡George!- dijo ella sorprendida, lanzándose al cuello del muchacho, dándole un beso que él no dudó en corresponder, ambos con una mano cerrada sobre el ramo de flores.

Lo que ninguno de ellos sabía era que un muy despechado joven los miraba desde lejos, una amarga risa escapando por sus labios.

- Volverás a ser mía...- aseveró, y, en medio del Londres muggle, desapareció.

FIN.

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*Con 'isla' me refiero a la típica mesa de mármol que se pone en medio de una cocina, ya sabeis, para comer encima. No sé cómo se dirá en el país en el que estás leyendo esto, pero yo siempre la he llamado isla, porque yo soy más de leer en inglés y en los libros que leo siempre han llamado 'island' a ese mueble.

¡Fin del dramione!

No sabéis lo que he podido sufrir yo rompiendo a Draco y Hermione, pero era necesario. Draco ha sido un idiota durante siete años, no pienso darle un final feliz en menos de uno por la cara.

Hum, bueno, espero que hayáis disfrutado leyendo casi tanto como yo lo he hecho escribiendo esta historia, y que seáis fieles lectores en la segunda parte. Ahora la pregunta:

¿Quién se esperaba que fuera George el final feliz de Herms?

*risa malvada*

¡Nos vemos en la segunda parte! No olvidéis votar y dejar vuestros comentarios contestando la pregunta y haciéndome sugerencias de lo que queréis que pase en a siguiente entrega. También acepto sugerencias por mensajes privados n.n

Nox.


Blonde disaster (dramione - editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora