No había podido pegar ojo en toda la noche, cuando conseguía cerrar los ojos, las caricias desesperadas del auténtico idiota, o la penetrante mirada que me dedicaba o sus jugosos labios recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, era lo único que aparecía en mi mente y despertaba desesperada.
-Buenos días Rachel.-Saludé a una sonriente Rachel que mordía una tostada untada exageradamente de mermelada de fresa. Me senté para acompañarla en el desayuno.
-Para ti también lo son ¿no?- Me sonreía pícaramente, escrutándome con la mirada para sacarme información de algún tipo. La ignoré completamente y seguí untándome una de las tostadas que había encima de la barra separadora. Ella iba a hablar de nuevo, pero unos pasos que bajaban por la escalera nos alertaron a las dos centrando toda nuestra atención en el hombre que apareció sonriente y semidesnudo en nuestro salón/cocina. Las dos nos miramos y silbamos al unísono mirando de nuevo a aquel tipo que se dirigía aun sonriendo a coger zumo de nuestra humilde nevera.
-Que hay, chicas.- Cogió un vaso y comenzó a verter el líquido anaranjado en él, ante nuestra atenta mirada. Emily bajo segundos después y tras abrazarle por la espalda, servirse ella también zumo y despedirse del chico para que este subiera a vestirse, nuestra amiga se sentó radiante a desayunar con nosotras.
-Ni mirarle, que ya tiene dueña.- Nos advirtió Emily.
-Todo para ti, yo ya tengo otro monumento que hace malabares en la cama...bueno y en cualquier sitio.-Rachel soltó una risita y yo puse los ojos en blanco, ¿hacía falta hablar del tema y dar detalles?
-Veo que entonces no fui la única en echar un polvo anoche.
-Bueno, yo eche unos cuantos.-De nuevo Rachel volvió a soltar esa estúpida sonrisita, mientras yo intentaba mantenerme al margen de la conversación de mis dos queridas amigas, terminándome el delicioso café y sentándome a plomo en el sofá después de dejar el vaso en el fregadero. Sentí las miradas de Emily y Rachel observándome.
-¿Qué?-Pregunté mirándolas durante un instante y volviendo de nuevo mis ojos al televisor
-¿Sigues entonces sin romper la racha nena?- Oh, por dios, estaban tardando en incluirme en esa conversación que no me interesaba para nada. Emily, se había sentado en el sillón de una plaza que había a un lado del sofá de tres plazas donde yo me encontraba despanzurrada. Minutos después la siguió Rachel que hizo que dejara mi cómoda posición para sentarse ella.
-Oye por cierto, ¿que quería el jefe?- Mierda, era raro que con lo que era Rachel se le pasara por alto ese detalle. Y ahora yo, no sabía que decir, eran mis amigas y no teníamos ningún secreto entre nosotras, pero es que ese maldito episodio quería hacerle desaparecer de mi vida, sí, es cierto que tuve el orgasmo que no tuve en meses, pero de eso la culpa la tenía, que llevaba mucho tiempo sin tener sexo, por eso disfruté, no por nada más.
-Lo cierto es que...anoche sí que rompí la racha.-Evite sus miradas directas a la mía, mirando fijamente al televisor.
-Pero que...serás.... Te has tirado al jefe, a ese tío que esta buenísimo. Ahora tienes trabajo asegurado hasta que tú quieras cabrona.-Al vocabulario tan soez de Rachel ya me había acostumbrado pero a la cara de asombro de Emily, no, y me daban, muchas ganas de reír.
-Eh, para el carro nena, que yo me he acostado con ese impresentable, porque... ni siquiera sé porque lo hice, solo sé que lo hice, que lo echo, echo esta, y que no se volverá a repetir jamás, además quiero olvidarlo, así que os ruego que no se hable nunca más de ese tema, nunca, ¿me oís?.-Me senté recta en el sofá y las miré seria y fijamente a las dos alternando mi mirada hacia las suyas.-Y se acabó el tema ya.- Parece ser que mis amigos entendieron mis palabras y durante el resto de la tarde del domingo la pasamos haciendo la lista de la compra para el resto del mes y marujeando un poco, eso nos encantaba.
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EL ODIO DEL DESEO
RomanceAlison Hoffman, una joven de 20 años recien cumplidos, una californiana llena de vitalidad, risueña, activa, muy segura de si misma, que vive en uno de los barrios de clase media de california, compartiendo piso de alquiler, con sus dos mejores amig...
