-Cariño, ya estoy en casa.-Escuché la voz de Tomas desde la habitación.-Que bien suena ¿verdad?-Me sonreía, dándome un beso cuando llegó donde me encontraba.
-No suena mal no.-Intenté disimular mis nervios.
-He traído algo de cena, de desayuno y de bebida.-Me decía mientras me indicaba que le siguiera a la cocina, para empezar a colocar las bolsas de compra que había sobre la encimera.
-Mmm, pizza, me encanta.-Dije sonriente sacando una caja de pizza barbacoa de una de las bolsas, tenía que olvidarme del "incidente" del ascensor con Edward, no podía hacerle esto a Tomas, me quería demasiado y no le quería hacer daño.
-Lo suponía.-Me sonreía colocando unas galletas en uno de los armaritos de la funcional cocina.-Como te habrás dado cuenta, este no es el apartamento que comparto con aquellos amigos que te comenté.
-Sí, me he dado cuenta.-Sonreí
-Mi apartamento esta justo encima, este es de un amigo que me lo ha prestado, mañana podríamos ir a comer con ellos, quieren conocerte.-Se encogió de hombros, guardando el paquete de café.
-Bueno, podríamos ir si.-Metí la pizza dentro del horno y fui a ponerme el pijama.
______________
Me levanté sonriente, el encuentro con Edward había dado chispa a este viaje, aunque me costara reconocerlo, pero con suerte y con lo grande que Granada era, ya no le volvería a ver. Palpé el otro lado de la cama buscando a Tomas pero no estaba, así que me levanté me di una ducha, me puse unos short azul cielo, una camisa suelta de tirantes anchos blanca, con sandalias a juego. Me dirigí a la cocina para beber un vaso de zumo y vi una nota pegada a la nevera " Mi amor, he tenido que salir hacia la universidad para resolver unos asuntos, no tardaré en llegar, acuérdate de la comida con mis compañeros de piso, ah y te he dejado preparado el desayuno, te quiero" Sonreí y luego vi unas ricas torturas en el microondas y un vaso de zumo en la nevera, me senté a disfrutar del rico desayuno y de pronto recordé a mis dos queridas amigas "Mierda Alison" ayer me olvidé por completo de llamarlas al llegar aquí, busqué rápidamente mi teléfono y marqué el número de Rachel.
-Hombre muchas gracias por llamar, es todo un honor que tengas tiempo para nosotras.-Nada más descolgar el teléfono, sonó una Rachel demasiado cabreada.
-Lo siento muchísimo, estuve colocando todo nada más llegar y luego tuve un percance que hizo que el resto del día tuviera otros pensamientos. ¿Emily está contigo?
-Si aquí esta, pongo el altavoz.
-Hola nena
-Hola Emily, ¿sabéis a quien me encontré ayer?
-A quien ¿le conocemos?
-Tu si Rachel, bajé a por algo de comer, monté en el ascensor y cuando apenas faltaban dos o tres pisos para salir de él, se estropeo, quedando yo y Edward encerrados...-Suspiré, y luego escuché el grito al unísono de mis dos amigas.
-El destino amiga mía.
-No digas tonterías Emily.-La dije molesta.
-No es ninguna tontería, estáis hechos el uno para el otro y tarde o temprano vais a estar juntos.-Emily y sus enamoramientos, pensé sonriendo.
-¿Ese niñato engreído y yo? oh por favor, pensaba que conocíais mis gustos.-Comenzaba a dar vueltas por todo el salón.
-Y nosotras que tú también los conocías.- siguió Rachel.
ESTÁS LEYENDO
EL ODIO DEL DESEO
RomanceAlison Hoffman, una joven de 20 años recien cumplidos, una californiana llena de vitalidad, risueña, activa, muy segura de si misma, que vive en uno de los barrios de clase media de california, compartiendo piso de alquiler, con sus dos mejores amig...
