Había pasado un mes desde que regresé a San Francisco. Poco a poco volví a entablar conversación, aunque aún, no me atrevía a contar todo lo sucedido y el porqué, como tampoco era capaz de sonreír y ser feliz, no aún, todos los momentos tormentosos vividos en Granada, se repetían en mi cabeza una y otra vez y las pesadillas eran continuas todas las noches.
Rachel y Emily, me recibieron muy contentas y sorprendidas, pero su alegría duro poco, al ver el estado en el que me encontraba, y después de que Edward les contara todo lo sucedido, las tres nos abrazamos y lloramos desconsoladas por largo rato.
Mis estudios habían sido retrasados, tras enviar una carta con ayuda de mis amigas, explicando cual era mi desgraciada situación. Gracias a dios el consejo de educación había entendido por lo que estaba pasando y me propusieron posponer mi incorporación a la universidad hasta dentro de un año.
Rachel quería quedarse fuera como fuere a mi lado, pero Emily y yo la convencimos de que no podía dejar escapar esta gran oportunidad que le habían brindado y que yo desgraciadamente tenía que desaprovechar porque no estaba preparada ni física ni mentalmente para enfrentarme a la universidad. Finalmente ella aceptó diciendo que me llamaría cada día, y vendría siempre que pudiera.
Mi relación con Edward no podía ir peor, mi cuerpo no le permitía que me tocara más de una simple caricia o más de un simple beso, aunque una parte muy profunda de mi cabeza, se lo pidiera a gritos. A él se le veía cada día mas desesperado y a mí se me encogía el corazón, por no poder corresponderle como él quería, como él se lo merecía.
Por su parte en el trabajo, había vuelto a la discoteca, muy a su pesar, pues no quería separarse de mí ni un solo instante, pero su deber era mantener a flote su trabajo, y Héctor ya no aguantaba más en aquel "antro", así es como el primo de Edward lo había llamado.
Nos encontrábamos en mi habitación, tumbados frente a una tele que había instalado hace poco Marco, el novio de Emily, lo pedí expresamente y como gran favor, ya que la cama y la oscuridad, se habían convertido en mi único mundo tranquilo.
-¿Romántica o de acción?- Me preguntaba Edward mostrándome dos DVDs, yo simplemente hice un leve movimiento de hombros indicándole que me daba igual. El suspiró y con su dedo pulgar e índice se masajeo la nariz, como signo de exasperación. Luego camino hasta la cama, con mi mirada fija en cada uno de sus movimientos y se sentó en el borde derecho.- Alison, habla, di que te da igual. Dilo por favor. - Sus intensos ojos azules, me miraban con profundidad y suplica, yo solo pude mirarle con tristeza, de verdad que me costaba muchísimo poder hablar como normalmente lo hacía antes.-Alison por favor, lo necesito.- Sus ojos ahora se mostraban vidriosos debido a las lágrimas que estaba intentando retener, lo que provocó que un fuerte nudo se instalara en mi garganta. Levanté mi mano y le acaricié suavemente una de sus mejillas, dejando que se apoyara en ella y cerrara los ojos respirando profundamente.
-Lo siento.-Es lo único que podía decir, el me dedicó una de esas miradas intensas e hipnóticas que tenía y lentamente se fue acercando a mis labios para suavemente juntarlos con los suyos y saborearlos despacio e intensamente, mostrándome cuanto me quería. Yo le correspondí de la misma manera, pero mi cuerpo necesitaba más y mi boca comenzó a devorar fervientemente la suya.
Edward posó su mano derecha en mi muslo izquierdo y con la que le quedaba libre agarro mi cintura para tumbarme pausadamente. La mano que tenía en mi muslo comenzó a subir muy, muy despacio, mientras nuestros labios se separaban tratando de recuperar la respiración. Sus ojos se encontraron con los míos, pidiendo permiso para seguir y yo asentí despacio y temblorosa. Volvimos a juntar nuestros labios, mientras que sentía como sus dedos rozaban mi zona íntima por encima de la suave tela de mis braguitas, para que segundos después me las intentara quitar y tensarme al instante. De pronto mis ojos ya no eran cubiertos por deseo, porque dejaron paso al miedo y terror mientras las dolorosas y terribles imágenes de los abusos de Tomas, se reflejaban en mi mente como si de una película de terror se tratase, obligándome a empujar a Edward con toda la fuerza que pude. Edward me miro confuso y las lágrimas empezaron a descender de mis ojos.
-Alison, ya no aguanto más.-Se puso en pie, pasando las manos por su cabello y despeinándolo, mientras que daba vueltas por toda la habitación, intentando calmarse.
Yo solo podía mirarle con miedo, y taparme con la sabana de mi cama.-De verdad que no lo soporto más, necesito que la Alison que yo conocí, vuelva.-Suspiró profundamente para luego sentarse en la silla de mi escritorio con los codos apoyados en sus rodillas y las manos tapando su cara.
-¿Y crees que esto es fácil para mí? ¿Crees que yo lo aguanto? yo tampoco puedo más, necesito volver a ser la de antes pero no puedo.-Las lágrimas que habían dejado de salir, comenzaron de nuevo sin poder retenerlas.
-Ni siquiera lo intentas Alison.- ¿Qué? ¿Que no lo intentaba?
-¿Perdón?-Le miré incrédula y por fin, queriendo hablar más de lo que yo misma me permitía. Me levanté de la cama y dije tres simples palabras que empezaron a hacer añicos mi delicado y débil corazón-Esto no funciona.- Agaché la cabeza.
-¿Como que no funciona?- Nos miramos durante unos instantes, viendo como en sus ojos comenzaba a crecer el miedo, mientras que yo parpadeaba varias veces para no volver a llorar.
-No funciona Edward, no podemos seguir así, tu no aguantas más y yo no puedo seguir viéndote así, desesperado y frustrado sin saber que más hacer y esperando una Alison que quizá nunca volverá.-Le miré con tristeza y dejando caer una pequeña pero dolorosa lágrima, pues estaba poniendo fin a esta relación, estaba dejando escapar al hombre por el cual he sentido cosas increíbles, al hombre al que amaba. Y quizá nunca encuentre a nadie que me haga sentir lo que él me hace sentir, pero esto que estoy haciendo es lo mejor para los dos.
-Puedo esperar más, y sí que va a volver esa Alison, ahora está avanzando, estás hablando más de lo que llevas meses sin hacer.-Me miraba ilusionado y yo volvía a agachar la cabeza.
-No Edward no.-Suspiré.-No estoy preparada para tener ninguna relación, ya lo has visto, no soy capaz de darte lo que te mereces, ni siquiera permito que me beses. Eres joven y te mereces a alguien mejor.- Se acercó a mí y cogió mis manos entre las suyas para despues obligarme a mirarle.
-Tú eres la persona que merezco, no quiero a nadie más, solo a ti.-Besó mi frente, haciendo que cerrara los ojos.
-No, tu no me quieres a mí, tú quieres a la mujer que era antes, pero ya te he dicho que quizá nunca vuelva. Vete por favor, Yo...yo no puedo seguir con esto.-Mis palabras comenzaban a quebrarse.
-Está bien Alison.-Volvió a darme otro beso en la frente, esta vez más intenso, luego cogió la chaqueta que reposaba sobre la silla y antes de salir de mi habitación añadió:- Pero quiero que sepas, que te estaré esperando, esperaré todo lo que haga falta.- dicho eso, me dio una última e inolvidable mirada y se marchó de la habitación y quizá de mi vida para siempre...
Espero su opinión y si así lo quieren sus votos :)
ESTÁS LEYENDO
EL ODIO DEL DESEO
RomanceAlison Hoffman, una joven de 20 años recien cumplidos, una californiana llena de vitalidad, risueña, activa, muy segura de si misma, que vive en uno de los barrios de clase media de california, compartiendo piso de alquiler, con sus dos mejores amig...
