CAPITULO 2

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Me vestí, me peine, me pinté y recogí un poco por encima la cocina. Cuando salí, para meterme en el coche, una de mis vecinas (La más cotilla), me saludaba desde su porche, y como yo tengo educación no le voy a negar el saludo.

Ahora tenía que ser rápida para meterme en el coche e irme o si no se liaba a hablarme de su vida, cosa que a mi no me gusta que me cuenten; suficiente tengo yo con la mía.

Cuando me monte en el coche y me dispuse a cerrar la puerta, alguien la sujeto. No ella no.

¡Hola Grace!- dijo mi vecina con una sonrisa en su cara.

¡Hola Anna!- dije con una sonrisa fingida.

¿Que haces a esta horas despierta?, ¿no se suponía que hoy era tu día libre?- dijo Anna.

Antes de contestar me quise tranquilizar. ¿esta mujer no se puede meter en sus asuntos o que?. Pero después, pienso y hace poco Anna perdió a su marido por cáncer de hígado y en ese momento me sentí la persona más fría del mundo.

-Pues sí, era hoy, pero me acaban de llamar de la oficina, diciendome, que mi ordenador hace ruidos raros. - le dije todo lo más convincente posible.

Todo el mundo cree que trabajo en una agencia de viajes. Es normal ¿no?No puedo ir diciendo que soy un agente secreto ¿no?

-Pues que fastidio ¿no?, si quieres me das tus llaves y te limpio yo la casa. - me dijo aquella mujer, que aunque era muy cotilla y a veces me sacaba de mis casillas, era la persona con el corazón más profundo del mundo y la más agradable que he podido conocer.

No, gracias, Anna. Mi casa cuando vuelva la voy a recoger. Vendré temprano, no te preocupes, si vengo a una hora convincente pues me paso por tu casa y si quieres tomamos un café. ¿Que te parece?

Claro que sí, querida- se le iluminó la cara de una manera que hasta a mi me pasó lo mismo.

Sus hijos e hijas desde que su marido murió, ninguno se ha presentado.

Tiene que ser duro que una mujer se encuentre sola en el mundo cuando en verdad tenga a gente que podría venir a visitarla, si no todos los días, pues algún día que estos.

Me monte en el coche, y me dirigía a casa del gobernador, cuando empezó a sonar mi teléfono.

Mi vida como policiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora