Grace, una chica buena y sencilla, sufre desde pequeña. Con el paso del tiempo, se da cuenta que por mucha cosas malas que le pasen, tiene que seguir hacia delante.
Cuando se ve sola en un situación critica, aparece alguien inesperado que le cambia...
Esta mañana estaba nerviosa, no sabía que ponerme. Isaac seguía acostado, mi tío no me cogía el teléfono y mi primo no podía venir a ayudarme. AAAAAAAAA SOCORRO. En ese momento se me ocurrió llamar a Emma, ella era muy buena en dar consejos en moda y seguro que me ayuda. Me fui corriendo escaleras abajo y la llamé.
- ¿Si?- dijo con voz dormida.
- Dime que no te he despertado. - dije algo preocupada.
- Si te digo que no, ¿te podrás feliz? - dijo riéndose.
- Perdón. - dije avergonzada.
- No pasa nada, a demás me venía bien que me hubieras despertado, así no llegaré tarde a lo tuyo. - dijo riéndose
- ¿Vas a venir? Me alegra escuchar eso. Necesito tu ayuda. ¿Puedes venir a mi casa?
- ¿No sabes que ponerte verdad? - dijo con un todo de "te leo la mente"
- SI, y necesito que vengas. - dije riéndome.
- Vale, llego en ............. ¿10 min? Si diez minutos.
Colgó y me fui a la cocina. Pensé en enviarle un mensaje a Emma por si ella había desayunado y me decidí a mandárselo.
Grace Willlians
¿Has desayunado? - Enviado a las 10:30.
Emma Evans
No, desayunaré en cinco minutos y voy. - Enviado a 10:31
Grace Willians
No seas tonta, te espero para desayunar. - Enviado a las 10:31
Visto por Emma a 10:32
Me fui a el cuarto de baño, me bañé, recogí mi alborotado pelo en un moño y bajé a bajo, cuando de repente sonó el timbre. Decidida y pensando que era Emma, abrí y a quien vi no era a Emma.
- ¿Grace? ¿Eres tu? - dijo aquella mujer amablemente y con una sonrisa en la cara.
- ¿Señora Walter? ¡Que alegría verla! - dije abrazándola. No la había visto desde el incidente de ayer, cuando aquel hombre casi la mata a ella y a su marido.
- He venido a traerle dos regalos. - dijo con una sonrisa muy dulce.
- Le dije que no necesitaba nada, me conformaba con que los dos estuvieran bien, ya se lo dije.
- No me los rechaces. Como yo vuelva a casa con los regalos, mi marido que no se puede levantar, vendrá como pueda y se los dará, se lo aseguro. - dijo con su sonrisa todavía en la cara.
- Bueno........... ¿quieres pasar? - dije cediéndole el paso. Ella entró limpiándose los zapatos en la alfombra y entró. Se sentó en el sofá y me entregó dos bolsas. Una era muy graciosa, llevaba una mariposa en relieve y a otra era lisa y azul.
- Espero que te gusten.
Cuando me dispuse a abrir la primera, elegí abrir la de la mariposa. Me gustó mucho. Cundo lo abrí, vi algo que no me esperaba. ¡Era un vestido precioso!
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