Era el día, estaba bastante nerviosa ya que en unos minutos comenzaría la que seguramente sea la más importarte de mis entrevistas.
Estaba subiendo en un lujoso ascensor de un enorme complejo de edificios, de los cuales en el que me hallaba era el más alto.
Llevaba unos pocos segundos ascendiendo pero ya me habían parecido horas.
Revisé por novena vez mi pequeño cuaderno donde Gold me había apuntado algunos puntos que serían interesantes de tratar con los hermanos, pero no pensaba tocarlos hasta que hubiesen concliudo con su historia.
Por fin llegué a la ultima planta, delante de mi había una puerta enorme, me acerque a ella, era preciosa, para un ojo desinteresado solo parecerían simples grabados, pero para el mío era toda una historia, había muchos árboles, todos más o menos parecidos.
Seguí contemplando la obra mientra deslizaba mi dedo sobre ella para poder descifrarla mejor.
Aparecían tambien dos niños, sus grabados eran practicamente imperceptibles, los descubrí gracias a mis dedos.
Podía significar algo...
-Veo que le es de mucho interés la puerta señorita- comentó socarrona una voz detrás de mi.
Sobresaltada me giré.
-Perdone, no sabía que estaba ahi, es solo que me han parecido fascinantes los grabados de la puerta- me excusé torpemente.
-No importa- se rió- soy Haensel Brown- se presentó - para servirla- concluyó guiñandome un ojo.
Joder, había hecho el ridículo justo delante de él. Alcé la vista y me encontre con un hombre alto y fornido, su piel era ocura como la de aquel que ha trabajado durante toda su vida en el campo, sus ojos era marrones con un toque verdoso, sus dientes estaban inmaculados y no parecían haber probado un dulce en su vida.
-Yo soy Emma Dallas, trabajo para el ABCBoston-me presenté y cordialmente alcé la mano esperando que me la estrechara.
-¿Tu eres la que quiere saber nuestra historia?-dijo entrechando mi mano suavemente.
Sus manos eran extrañas, se veían delicadas, como las de aquel que las ha tenido toda su vida entre algodones, pero al tacto se notaban que habían trabajado y duro.
-Si, un placer- respondí.
-Oh- dijo solamente con un tono menos animado que el de hacía unos momentos antes.
-¡Hans!- gritó alguien cuando nos disponíamos a entrar en lo que creía que era su despacho.
-¿Gretel? Pensaba que ya no ibas a venir.
-Bueno y no iba a hacerlo, pero, ¿Cómo iba a dejar a mi hermanito solo?.
Los tres entramos en el despacho, o eso creía yo que era.
Nada más entrar te dabas cuenta que la habitación era entera de paredes de cristal, un poco temerosa me asomé, había unas vistas preciosas.
-Traquila señorita, son de cristal reforzado-me calmo Haensel.
Al fondo había un escritorio enorme con una silla correspondiente.
A un lado habia una televisión enorme con varios sofas y justo al lado una barra de bar con nevera y todo.
- Es asombroso...- murmuré fascinada ante lo que veía.
