A la mañana siguiente me desperté ilusionada por una nueva vida, que es la que había estado buscando.
Fui a la cocina y me preparé el desayuno, al rato apareció August con cara de sueño y se hizo un café.
- ¿Cómo pasaste la noche princesa?— me preguntó.
-Bien, ¿cuantas veces tendré que decirte que no me llames más princesa? Ya somos mayores para eso- se lo había dicho miles de veces pero él hacía caso omiso.
-Una vez más me lo tendrás que decir, princesa - se acercó a mi y me dio un beso en la frente - ¿a qué hora vienen los compañeros?.
- A las 10, aún tenemos dos horas para prepararnos.
-¿A las 10? Mmmmmm- miró su reloj -¡Son las nueve y media!, dentro de nada estarán aquí, ¡vamos Emma hay que recoger lo de anoche!.
- ¡¿Qué?!.
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Tocaron al timbre y August fue a abrir, en la puerta había un chico con chupa de cuero y pantalones a juego, tenía el pelo oscuro y unos ojos azules impresionantes.
La chica llevaba lo que parecía una chaqueta de chandal roja con la capucha echada.
-Hola, ¿sois vosotros los nuevos?- preguntó August.
-Creo que sí, yo soy Meghan, pero podéis llamarme Roja, él es Colin - dijo la chica cortesmente - aunque le solemos llamar Garfio - murmuró entre risas.
-Encantado- respondió el aludido.
Tenía una voz bastante sensual y profunda.
-Yo soy August y ella es Emma - dijo señalandome.
-Encantada - respondí.
-Bueno chicos, una vez hechas las presentaciones, ¿vamos a tomarnos algo por ahí para celebrarlo? - dijo Roja.
-Me parece bien unas copas no vendrán mal para conocernos mejor - contestó Garfio.
- Vale, vamos - dijo mi amigo.
- Wowowowowo wo, espera no pensarás que voy a salir así ¿verdad? -replicó Roja- voy a cambiarme y salimos- dijo mientras se internaba en la que sería su habitación arrastrando tras de sí las pesadas maletas.
-Yo también voy a cambiarme no tardaré- dije apresuradamente.
No sabía que ponerme para este momento así que me puse lo de siempre unos leggins, una camiseta pegada y mi chupa roja, al salir August me vió y asintió creo que le agradó que me pusiese la chaqueta que me regaló.
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El bar que escogieron Roja y Garfio no estaba del todo mal, ambiente rock, no del todo lo mío pero al menos los chupitos eran más baratos.
Hablamos de cosas sin importancia y así nos enteramos de que Roja estaba harta del pueblo y hacía años que iba de trabajo en trabajo y de alquiler en alquiler, daba la impresión de una oveja descarriada.
Dos años atrás había conocido a Garfio en una de sus correrías, esos dos años habían vivido juntos como amigos y recalcaron exageradamente eso de solo amigos.
