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El otro día me sentía tan ridículo con esta situación que escribí un poema:

LLUVIA

Cuatro de la tarde.

No queda nada importante por hacer.

Me asomo a la ventana.

Una vez más, las nubes rodean el cielo,

y dejan descender suavemente su cargamento,

y llenan mi Santander de charcos donde ver nuestro

reflejo.


Saco la mano al exterior.

El agua parece nieve,

no suena, no moja,

solo entristece los rincones de la ciudad.


Miro hacia arriba.

La oscuridad no parece tener fin.

¿Puede que también llueva sobre tu tejado?

Puede que este cielo sea el mismo para los dos.


El viento cambia de dirección,

la brisa me acaricia el rostro,

y me estremezco.

No cierres la ventana, el agua no moja.


Cierro los ojos y siento como me pierdo,

ya no recuerdo dónde estoy.

Siento la tristeza del lugar,

pero no oigo sus sollozos.


Relajo mi alma,

respiro profundo,

aprieto las pestañas,

pero no quieres desaparecer de mi mente.


He olvidado que llueve.


Las gotas siguen cayendo,

sin rumbo ni destino,

y se pierden entre la niebla,

y no vuelvo a saber nada de ellas.

Tengo frío.


¿Qué te parecería cerrar la ventana?

Sí, tienes razón, no quiero que se escapen mis sueños

tentados por la incertidumbre de la lluvia;

quiero seguir soñándote.


¿Me abrazas?


Me tumbo sobre la cama,

y me cubro con una sábana gris.

Quiero escuchar el exterior,

pero el silencio predomina en mi habitación,

puede que me esté quedando sordo.


La paz del cuarto se fusiona con la soledad,

pero cierro los ojos y lo ignoro.

La tormenta aumenta,

y caen los primeros relámpagos, e iluminan el dormitorio.


¿Saldrá el Arco Iris?

No veo el sol por ningún lado,

solo puedo ver tu sonrisa arriba,

entre tanta nube violeta.


Vuelvo a abrir los ojos. La ventana sigue abierta.

Seguro que has sido tú.

No me engañas. Te has escondido debajo de la cama,

escucho tu respiración.


Pierdo el sentido y me duermo.

[...]

Creo que cuando lo volví a leer por quinta vez noté esa atmósfera de locura insana que suele flotar contínuamente en mi vida. A decir verdad, mi aire me empalaga, pero no tengo otro. No quiero acostumbrarme a esta realidad. Aunque no parece que lo sea. Puede que viva en una realidad virtual.

801.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora