25

11 1 0
                                        

Mañana termina la que ha sido una de las experiencias más arriesgadas y valientes de mi vida. La que me ha hecho encontrarme un poco más, conocerme mejor, enfrentarme a miedos reales. La que ha hecho que llorase como nunca, y también que disfrutase como jamás había hecho.

He conocido gente realmente extraordinaria, hasta el punto de suavizar la falta de los míos. He visitado nuevos parajes, he aprendido a convivir con otros pretextos.

Qué bonito es empezar de cero y reconstruirte poco a poco. Y contemplar lo bonito que te vas quedando.

He paseado por mil sitios, comprado en mil supermercados, comido en otros tantos. Sol nuevo, montañas nuevas, carretera nueva, sofá nuevo. Aunque todo esto ya se me hace más familiar, todo esto ya es un poco más mío. Ya no me asusta salir a la calle por miedo a desorientarme, o a sentirme solo. E incluso he perdido esa incomodidad cuando usas una ducha o una cocina distintas.

Me quedo con todo. Con lo bueno que me ha sacado sonrisas, y con lo malo, que me ha fortalecido.

Lo malo se olvidará, y me guardaré como recuerdo sus conclusiones.
Y de lo bueno... Todo queda escrito y grabado para siempre. Cuando vuelva aquí en un par de años, encontraré parte de mí escondida en alguna esquina, y observaré cada recuerdo con cierta nostalgia, pero nunca sin borrar la sonrisilla que se me escapará recordando que, al fin y al cabo, ha habido buenos momentos.

Y con esos me quedo.

Con esos, y con la borrachera que nos llevó a echarnos al mar a las seis de la mañana, con el amanecer de fondo.

801.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora