Capítulo 4

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Sam y yo trabajamos hasta que atardeció. Cuando se marchó, me dejó la computadora para que pudiera seguir investigando. Estuve haciéndolo por horas hasta que un enlace llamó mi atención. Lo seleccioné, era una noticia de hace una semana. El titular ponía: "Agricultor asegura haber visto humanos convertirse en lobos"

Después de leer la primera parte del artículo presioné el video adjunto. Mostraba a un hombre arrugado y canoso, de unos 60 años. Vestía pantalones vaqueros y una camisa de franela. Su voz sonaba realmente desesperada mientras hablaba.

-Yo lo vi. Lo juro. El chico estaba observando detrás de los arbustos y cuando me acercaba a él, él sólo se convirtió en esa bestia y se adentró en el bosque. Deben creerme.

Se veía que el hombre estaba al borde de sufrir un ataque de histeria. Luego de su declaración, se vió a una de las reporteras del canal noticiero entrevistando a uno de los detectives a cargo del caso. Éste aseguraba que iban a llegar al fondo de la situación. "Típica frase de detective incompetente" pensé. Cuando el video acabó, terminé de leer el artículo y casi pego un grito cuando apareció el lugar donde vivía el agricultor. Era sólo a un par de kilómetros de la ciudad.

En el instante en que me disponía a guardar el enlace del artículo, la pantalla se tornó negra. Entonces caí en la cuenta de que había consumido toda la batería en las cuatro horas que llevaba frente a la laptop. Con un suspiro de frustración, la guardé en su bolsa y apagué todas las luces de la estancia para subir a mi habitación. Sam había quedado de volver mañana, y yo no quería quedarme dormida por segunda vez.

Fue el rugido de mi estómago el que hizo de alarma esta vez. Bajé directamente a la cocina, bebí un vaso de agua, comí unas cuantas frutillas que había cosechado la semana pasada de la huerta del jardín y volví arriba para vestirme y arreglarme. Tome unos pantalones negros y un sweater terracota que me llegaba arriba de las rodillas y me encerré en el baño para ducharme. Al salir, enrollé mi cabello en una toalla, me vestí y lavé mis dientes. Era una mañana extrañamente fría para estar en pleno verano. Pasé 15 minutos cepillando mi enmarañada cabellera hasta que por fin quedó suficientemente desenredada para salir al jardín. Me senté, cuaderno y pluma en mano, a escribir mientras esperaba la llegada de Sam.

« En los sueños todo es tan real, y la realidad un sueño más... »

La noche anterior había vuelto a soñar con los lobos y ese misterioso chico. Lo extraño fue que esta vez, entre sus gruñidos ininteligibles había logrado distinguir dos sílabas: "Qüercum". De ahí a que eso tuviera algún significado, había un largo camino, pero por algo hay que comenzar. Seguía escribiendo distraídamente en mi cuaderno mientras dejaba volar mi mente, pensando en la nueva palabra de mi sueño, cuando caí en la cuenta de que en la página había escrito un verso, y el resto era la misma palabra escrita una y otra vez sobre el papel.

Cuando Sam apareció, se disculpó por llegar tarde y comenzamos a hacer un resumen de toda la información que habíamos recaudado. O más bien, Sam hacía el resumen mientras mis pensamientos oscilaban entre el artículo del agricultor y la palabra que parecía estar escrita con tinta permanente en mi cerebro. "Qüercum, Qüercum, Qüercum..."

-Estás pálida Jules. ¿Ocurre algo?- La voz de Sam me sacó de mi ensueño y giré para ver la expresión preocupada de su rostro. Me obligué a sonreir.

-No, estoy bien. No te preocupes.- Él puso su mano izquierda en su pecho, en un gesto ridículamente ofendido y dijo con una desafinada imitación de voz de chica:

-¿No confías en mí, Julie Collins?- Rompí a reír. Era tan idiota cuando tenía intención de serlo.

-¡Hey, mi voz no es así de chillona!- Me quejé, dándole un cariñoso golpe en el hombro derecho.

-Está bien, está bien. Sólo dime qué ocurre. Y no me vengas con que estás bien, te conozco demasiado para aceptar una excusa tan pobre como ésa.- Su tono se volvió dulce. -¿Qué va mal?

Lo miré por un largo rato, mientras me debatía en una lucha interna. Si le confesaba todo, tal vez pensaría que estoy loca y no volvería a hablarme. La pregunta principal era: Después de todos éstos años ¿podía confiar en Sam?

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