Capítulo 12

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Luego de dejar a Nico trabajando en el laboratorio con "Dollie", Dublin me llevó a otro pasillo y me pidió que lo esperara ahí mientras él iba al baño. Y ahí estaba yo, parada y mirando hacia todas partes mientras esperaba la aparición de mi orientador, que hasta ahora no me había orientado mucho para mi gusto. De todos modos, el acuerdo era que debía aguantar hasta el final del recorrido. Estaba intentando hacer una lista en mi mente, ordenando las preguntas según su importancia a mi parecer. No estaba funcionando. No se podía ordenar el enjambre de dudas en mi cerebro. No sin lápiz y papel, al menos. Mi pluma, todavía no recuperaba mi pluma. Tenía que encontrarla, debía salir de aquí y buscar a ese golden retriever para tenerla de vuelta. Una idea estúpida, sí. Pero esa pluma era lo único que me quedaba de mi padre ahora que había dejado mi casa y parecía que no volvería en un tiempo. Dios, realmente extrañaba mi pluma. Y no solo eso, también había dejado mi mochila en la habitación donde Hayley me había dado el vestido. Me sentía como otra persona. No tenía ni mi pluma, ni mi cuaderno, ni mis libros, mi mp3, mis auriculares, mi ropa, mi casa, mi roble... Pero por otro lado, tampoco tenía que ir a la escuela, ver parejas comiéndose entre sí, profesoras con faldas arrugadas, idiotas lanzando avioncitos de papel, chicas hablando sobre chicos, chicos hablando sobre chicas, ni niguna de esas horribles cosas a las que me había acostumbrado con el tiempo. Bien, todo tenía sus ventajas, pero seguía en pie mi plan de recuperar mi pluma a toda costa. Estaba comenzando a formular una estrategia en mi mente que probablemente más tarde no llevaría a cabo debido a su estupidez, cuando alguien tocó mi hombro. Me di la vuelta, pensando que sería Dublin y lo que vi me petrificó. No era Dublin, claro que no.

Era un chico moreno, de rasgos marcados y cabello negro rizado peinado hacia arriba. Sus ojos color chocolate escrutaban los míos en busca de algún tipo de reacción de mi parte, pero yo no podía hacer nada. El simple hecho de volver a verlo me hizo recordar todo por lo que había pasado el día de hoy y me quebré. Mis ojos se llenaron de lágrimas y él seguía mirándome fijamente, serio. Finalmente lo único que mi cuerpo atinó a hacer fue lanzarme a sus brazos y apretarme fuertemente contra él. Y ahí fue cuando me di cuenta de lo mucho que lo necesitaba. No podía seguir con todo esto sola, necesitaba a Sam. Necesitaba su voz de empresario en los momentos cruciales, su apoyo cuando estuviera a un paso de ceder, sus abrazos cuando estoluviera rota por dentro, justo como ahora. Aplasté mi cara contra su pecho para oír los latidos de su corazón y estos eran rápidos al principio, pero fueron apaciguando su ritmo a medida que nos quedábamos ahí parados, en medio del vacío pasillo, fundidos en un abrazo que me hizo sentir en casa. ¿Eso siquiera tenía sentido? Sam había desaparecido de mi vida durante años y ahora llegaba y en dos días lograba hacerme necesitarlo. Aunque claro, el hecho de todas estas cosas imposibles que estaban volviéndose posibles en los últimos días también podía contribuir a que no podía asimilarlo todo yo sola. Lágrimas silenciosas caían sin que pudiera retenerlas en mis ojos, empapando la camisa de Sam. "Un momento, ¿camisa? La última vez que lo vi iba con una camiseta gris bajo su chaqueta de cuero." Me separé un poco de él para observar su atuendo. Llevaba pantalones elegantes de vestir y una camisa blanca abotonada hasta el penúltimo botón, dejando su cuello libre. Sobre su hombro derecho había una mancha oscura debido a mi reciente llanto y mis ojos pasaron de ahí a los suyos, me miraba con una sonrisa que no supe interpretar. ¿Arrogancia? ¿Ternura? ¿Burla? Ni idea.

-¿Qué tanto miras?- su tono era una mezcla entre curiosidad y burla.

-¿Te cambiaste de ropa?- respondí con otra pregunta. En cuanto terminé la frase me di cuenta de lo estúpida que fui.- ¿Cómo llegaste aquí?- pregunté inmediatamente. Eso era lo que realmente necesitaba saber. Él bajó la mirada y rascó su nuca un poco para luego bajar la mano.

-Yo, ahm... De acuerdo, no tengo idea de cómo decirte esto, así que solo voy a decírtelo y ya, sin rodeos... Jules, yo... Yo vivo aquí.

Bien, esa respuesta me tomó total, absoluta y completamente desprevenida. ¿De qué estaba hablando? Esto definitivamente era una pésima broma. Se suponía que debería estar en proceso de orientación, para eso estaba Dublin, según había entendido. Pero no, a medida que los segundos, minutos y horas transcurrían, sentía que cada cosa que alguna vez creí haber entendido estaba mal. Mi mundo se encontraba patas arriba. Cuando abracé a Sam, lo hice porque él era lo único real en mi vida, ¿y ahora venía a decirme que él también estaba metido en todo este asunto? "Mi cabeza va a explotar."

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