Hace tiempo, hubo una mujer de extrema belleza llamada Arianne. Ella tenía muchos pretendientes, pero solo dos de ellos llamaban su atención: Vicent y Peter. Estos dos jamás se habían llevado bien y vivían peleando por la atención de Arianne. Ella estuvo indecisa y confundida durante mucho tiempo, ya que ambos muchachos la atraían casi por igual.
Pero un día como cualquier otro, Arianne despertó y se dio cuenta de que la decisión ya había sido tomada. Era a Vicent a quien ella amaba, jamás había estado más segura. Por supuesto el chico no cabía en sí mismo de felicidad y satisfacción y se encargó de que todo el mundo supiera que Arianne lo había elegido a él.
La noticia pronto llegó hasta Peter, quien montó en cólera y amenazó de muerte tanto a Vicent como a Arianne y sus respectivas familias. Ambos eran huérfanos, sin embargo Vicent tenía una hermana, la cual esperaba un hijo hace tiempo. Todos sabían que Peter hablaba en serio y que no serían capaces de detenerlo si intentaba algo, por lo que una noche los tres se fugaron por uno de los portales y no volvieron a aparecer. Peter por supuesto se enfurenció más aún e intentó salir en su busca, cosa que los ancianos no le permitieron, encerrándolo en una celda sin poder salir.
Más o menos un año después, Arianne volvió. Nadie supo jamás la razón de su regreso. Dijo que quería hablar con Peter. Por ese entonces, él ya había sido liberado. De todos modos fue acompañada de un par de guardias a explicarle a Peter que ahora ella feliz viviendo entre humanos junto a Vicent y su hija, que esperaba no guardar rencores y que por favor no intentara buscarla. Peter asesinó a Arianne antes de que los guardias pudieran intervenir. Él ya no amaba a Arianne, lo único que sentía hacia ella ahora era un profundo deseo de venganza. Contra ella y contra Vicent, quienes arruinaron su vida para siempre. Luego de haber cometido el homicidio, Peter escapó y jamás se volvió a saber de él.
Llebaba una eternidad repitiendo la historia que me había contado Annie-Susan. Estaba en trance. No podía ser cierto. No, era imposible. Pero todo encajaba tan bien que... "Santísima mierda, esto no puede estar ocurriendo." Estaba conteniendo la respiración, mientras miraba un punto fijo en el espacio, sin parpadear.
Vicent era el nombre de mi padre...
Mi cerebro se negaba a aceptar la información recientemente recibida. Era imposible, y al mismo tiempo asquerosamente obvio, que fuera cierto. Mis padres venían... ¿de aquí? No podía ser verdad. Pero todo calzaba de una manera tan... No, no podía ser.
-¿Julie? Oh, no. Ni se te ocurra volver a desmayarte, por favor.- Oí, pero no procesé las palabras de Hayley. Su súplica se convirtió entonces en un grito enfurecido: -Te dije que cerraras tu jodida boca. ¡Maldición, Suze!- La disculpa avergonzada de Annie-Susan no podía serme más irrelevante en ese momento. Estaba demasiado ocupada atando cabos sueltos en mi mente y tratando de darle un sentido a todo aquello, pero no podía. Simplemente era imposible intentar ordenar la información con estas tres chicas a mi lado observándome. Así que decidí parar la discusión de Hayley y su hermana.
-¡CÁLLENSE, JODER! Yo... necesito estar sola.- Dicho esto, abrí la puerta de la habitación y salí de ahí a toda velocidad, dejando a las tres chicas boquiabiertas atrás.
Comencé a correr por el pasillo a todo lo que daba mi cuerpo, solo necesitaba escapar de todo. No tenía de dónde estaba, hacia dónde me dirigía o hacia dónde quería ir. Era gracioso porque esa carrera sin destino fijo representaba mi vida: Nada en ella tenía sentido. Corría y corría y no me sentía cansada. Podría haber seguido, de no ser porque me topé de frente con una pared al final del pasillo. No había hacia dónde seguir y no quería volver, así que solo recargué mi espalda contra la pared y me dejé caer hasta que estuve sentada en el suelo con las piernas dobladas. Metí mi cabeza entre mis rodillas y me quedé en esa posición, estudiando los diseños de la alfombra un largo rato mientras mi mente funcionaba a toda máquina. "Bien, Collins. Respira." Mi corazón latía muy rápido y mi respiración era agitada debido al esfuerzo de la carrera. Inhalé y exhalé profundamente varias veces antes de comenzar a estudiar todo.
"Entonces, asumiendo el hecho de que no estoy soñando y todo esto está ocurriendo en realidad, recapitulemos: Mi padre amaba a mi madre, quien no sabía si lo amaba a él o a Peter. Después se dio cuenta de que lo amaba a él y Peter se enojó. Mis padres escaparon con mi tía a mi actual ciudad y se quedaron ahí hasta que yo nací. Tres meses después, mi madre fue a buscar a Peter, que se había vuelto un completo psicópata y la..." En esta parte ya no pude seguir aguantando y rompí en llanto. Lloraba porque ese tal Peter tenía la culpa de que yo no hubiera crecido con una madre. Lloraba porque siempre había creído que mi madre me abandonó, cuando no fue así. Lloraba porque toda mi vida había sido una mentira y porque la verdad era aún peor. Lloraba porque ya no podía seguir con esto. Simplemente no podía. Y ahí estaba yo, llorando incontrolablemente cuando siento una presencia a mi lado y un brazo pasando sobre mis hombros. Sin molestarme en ver de quién se trataba, abracé a la persona y seguí llorando, llorando sobre el hombro de un desconocido. Estuvimos así, abrazados mientras yo descargaba todas mis emociones en forma de lágrimas, hasta que olvidé por qué lloraba y pude calmarme. Me separé de quien me había estado abrazando y pude ver su rostro.
Era una mujer. Su rostro se veía de unos treinta y pocos años, pero algo en su mirada me dijo que era mucho, mucho mayor. Su piel era de un tono dorado uniforme, su cabello era rubio, ondulado y llegaba bajo sus hombros y sus ojos eran de un azul increíblemente brillante y a la vez profundo, me recordaron a Caleb y Dublin al instante. Obviamente, como me pasaba con todo el mundo ultimamente, me perdí en su mirada. Ella solo me observaba y sonreía con dulzura. Me limpié las lágrimas -y sí, también los mocos- con el dorso de la mano y le sonreí avergonzada y evitando su mirada. Wow, había estado llorando en el hombro de esta desconocida.
-Yo... lo siento mucho- le dije, mi voz ronca y ahogada por los sollozos anteriores.
-Está bien, tranquila. Estás pasando por una etapa difícil y todos lo comprendemos.- Su sonrisa seguía ahí, haciéndome sentir más tanquila. Su voz era realmente dulce. Pero algo de lo que dijo llamó mi atención.
-Disculpe, ¿todos?- pregunté.
-Tu llegada es algo que todos aquí hemos estado esperando hace tiempo. La hija de Arianne.- La forma en que dijo lo último, fue como si yo fuera una especie de heroína o celebridad. Extraño.
-Yo... No sabía que todos aquí estaban esperándome. ¿Por qué?- la historia de Annie ya me había confundido bastante, ahora mi cerebro estaba totalmente revuelto.
-Pues esa es una historia algo larga. Me llamo Barbara, por cierto. Tu madre fue... una persona muy importante en mi vida-. No sabía si estaba más desesperada por saber la razón de que estuviera aquí o por oír hablar de mi madre.
-¿Usted conoció a mi madre?- Opté por preguntar.
-No creo que nadie haya llegado a conocer del todo a Arianne jamás, pero creo que yo estuve cerca de hacerlo...- Contestó Barbara con la vista fija en algún punto indeterminado en el espacio. Esa respuesta hizo que toda mi atención se centrara en ella. Ella conoció a mi madre, no podía creerlo. Mi padre jamás me contó mucho sobre ella, cuando le preguntaba alguna cosa él solo adoptaba una actitud distante y decía que era muy pequeña aún para oír sobre ella. Por desgracia, cuando crecí, él ya no estaba ahí para responder mis preguntas, por lo que ese vacío con respecto a la mujer que me trajo al mundo siempre estuvo ahí.
-¿Cree que podría contarme sobre ella y sobre esa larga historia del por qué estoy aquí?- la miré con ojos suplicantes. Ella frunció el ceño y me miró fijamente un par de segundos. "Dios, qué ojazos." Entonces pareció decidirse y chasqueó los labios en señal de rendición.
-De acuerdo, creo que mereces que te lo cuente todo. Pero debes ser fuerte, no todo lo que te diga va a gustarte, ¿de acuerdo?- Yo no podía estar más feliz.
-De acuerdo-. Le dije. Luego ella se levantó y me miró desde arriba.
-Vayamos a un lugar algo más cómodo.- Me tendió la mano y me ayudó levantarme. Tuve que contenerme para no saltar de emoción mientras seguía a Barbara por el pasillo.
"Conoceré a mi madre a través de esta mujer". Sonreí ante este pensamiento.
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Lend
FantasyJulie Collins lleva meses teniendo la misma pesadilla: es perseguida cada noche por lobos. Pero ellos no son solo lobos. Ni esas son solo pesadillas. Ni ella es solo Julie Collins. Las apariencias engañan, y esta vez dejarte engañar... podría costa...