Capítulo 10

760 39 13
                                    

-Y recuerda: no muestres miedo, a estos inútiles les gusta la gente con carácter. Tú eres tímida y reservada, y eso te jugará en contra. No permitas que te vean dudar, o se aprovecharán de ello. Si te diriges a uno solo de ellos, no interrumpas el contacto visual. Si te temen, todo será más facil, aunque dudo que inspires mucho miedo.- Hayley suspiró con resignación.- Ah, y una última cosa.- Se acercó a mí y adoptó un tono de confidencia.- No le digas a nadie que los llamé inútiles, ¿quieres? Podría traerme un par de problemas.- Me mostró una sonrisa inocente que iluminó todo su rostro y luego apretó mis hombros por última vez, se tornó seria y dijo en un suspiro:

-No creo mucho en la suerte, Collins, así que solo diré que espero que salgas viva y cuerda de ahí. No lo digo para asustarte, créeme, la clave está en no dejar que ellos se enteren de las ganas incontenibles que tienes de llorar.- De acuerdo, estos consejos obviamente no me estaban ayudando mucho. De todas formas, se veía que Hayley intentaba brindarme todo el apoyo posible, así que valoraba su esfuerzo. Por alguna razón confiaba ciegamente en ella, como si la conociera de toda la vida. Extraño. Bastante extraño. Tal vez fuera confianza a primera vista. "¿Es en serio? ¿Siquiera existe esa mierda?" Ni idea. Pero la verdad es que esa era solo una de las miles de cosas de las que no tenía idea.

¿Qué significa la palabra Qüercum?

¿Qué es la sala del Qüercum?

¿Por qué jamás me enteré de que Annie-Susan tuviera una hermana?

¿Por qué esa hermana se encargó de encontrarme en una habitación de luz a la que llegué desde un bosque milenario persiguiendo a un Golden Retriever?

¿Por qué ella conoce -y al parecer odia- a mi mejor amigo?

¿Dónde está ese Golden Retriever ahora?

¿Por qué debo ir a una extraña asamblea vestida, peinada y maquillada si quiero salir viva de ahí?

¿Desde cuándo mi cabello es tan bonito?

¿Por qué Hayley conoce mi apellido y dice que la gente de la asamblea me ha estado esperando?

¿Estoy soñando otra vez?

¿En qué momento me dormí?

¿A qué se refería Hayley con que el vestido que estoy usando es mío?

¿Quién es el chico de los ojos dorados?

¿Existe realmente?

¿Cuántas otras cosas hay de las que no tengo idea?

Y la respuesta a todas esas preguntas era la misma: NI PUTA IDEA. No entendía cómo había podido resistir tanto tiempo sin sufrir un colapso nervioso. Y lo más extraño de todo era que, dejando de lado mi concepción lógica de las cosas, todo esto me parecía extrañamente normal, cotidiano. ¿Por qué? A ver quién adivina la respuesta. De todos modos, tenía la esperanza de que Hayley tuviera razón sobre eso de que mis dudas se aclararían en la asamblea. En serio necesitaba orientación. Asiento con la cabeza a Hayley en un intento por lucir confiada y ella me sonríe como madre orgullosa.

-Último consejo: panza adentro, tetas fuera.- Abrí los ojos como platos a lo que ella explotó en una sonora carcajada que no duró mucho puesto que se escuchó una estruendosa campanada por todo el pasillo en el que nos encontrábamos. -Esa es la señal, hay que entrar.- Me acompañó hasta el final del pasillo, donde lo único que había era un muro de madera, sin puerta, ni decoración alguna. ¿Por qué Hayley me traía a un pasillo sin salida? Nos quedamos ahí unos segundos y luego ocurrió algo increíble, o mejor dicho, otra de las miles de cosas increíbles que habían ocurrido en un solo día: El muro se deslizó hacia un lado como una puerta corredera y dejó a la vista una estancia aún mas amplia que la mismísima biblioteca por donde entré.

LendDonde viven las historias. Descúbrelo ahora