Capítulo 20 - El Robo

38.3K 3K 78
                                        

Max esperó ansiosamente para que ella llegara al salón de clases. Las últimas veinticuatro horas habían sido un infierno total y sólo la necesitaba ver.

Todavía podía sentir el sabor de su piel increíblemente suave, y esa mirada de placer absoluto cuando ella se deshacía en sus brazos ahora estaba permanentemente incrustada en su cerebro. Lo atormentaría por el resto de su vida. Sabía que nunca iba a ser el mismo hombre después de eso.

Había repasado la pesadilla que siguió después un sinnúmero de veces, tratando de averiguar lo que había salido mal, tratando de entender cómo había pasado. Había dicho tantas cosas en el calor del momento que no eran ni remotamente ciertas y ahora no la podía culpar por odiarlo. Miró sin comprender su asiento vacío mientras que un nudo en su garganta crecía más y más.

No se había dado cuenta de ello hasta entonces, pero en realidad sentía un gran consuelo verla sentada ahí todos los días. Aunque fuese sólo la parte trasera de su linda cabeza, se podía perder fácilmente en la manera que ella jugaba con su cabello cuando estaba nerviosa, sólo imaginándose que era él corriendo sus dedos a través de esas mechas sedosas. O la mirada en su cara cuando trataba de concentrarse o encontraba una clase interesante. Hasta la manera en que ella jugaba distraídamente con su pluma y hacía dibujos en su cuaderno era de lo más adorable.

No importaba que ella nunca fuera suya – lo había dejado claro como el cristal, pero simplemente viendo su lindo trasero plantado en la segunda silla de la tercera fila cinco días a la semana lo hacía feliz porque sabía que ella estaba bien.

Pero hoy no.

Le echó una ojeada al reloj de la pared viendo que la clase estaba por empezar en dos minutos. Ciertamente ella ya debería de estar aquí. Siempre era una de las primeras en llegar y nunca faltaba.

Todavía estaba viendo los segundos pasar en el reloj cuando vio movimiento en el pasillo. Empezando a sentirse aliviado, su respiración se atoró en su garganta cuando vio que no era ella sino él.

Roy caminaba casualmente hacia su salón, pero había algo en su expresión que hizo que su corazón parara. Sus ojos eran fríos pero cuando él volteó a mirarlo, el rastro de una sonrisa apareció en su cara e iba dirigido directamente a él. Como si estuviese guardando un secreto enorme que sólo él sabía y se moría por decir.

Max rápidamente apartó la vista, tratando de descartarlo, pero inmediatamente supo que algo estaba mal. Lo podía sentir por instinto.

Dios. Emma.

Miró al reloj de nuevo y vio que se acercaba la cima de la hora. El tic tac de los segundos se hicieron más y más fuertes en su oído hasta que sintió que golpeaban dentro de él. Su respiración se volvió irregular cuando el profesor inició su presentación del día. Era ahora o nunca. Con dos segundos para la hora, alcanzó por su mochila, casi tropezándose con ella, y salió corriendo de ahí.

Al tiempo que llegó al edificio de Emma, estaba seguro que había cometido al menos diez diferentes violaciones de tráfico y estaba al borde de perder la puta cabeza. Había prometido que no la iba contactar más, pero esa promesa se estaba yendo al infierno ahora mismo. La había llamado numerosas veces durante el camino, más todas sus llamadas se iban directo al buzón.

Estacionándose en doble fila, corrió dentro de su edificio y pasó acelerado por el portero como si fuese su propia casa. Se dirigió directamente a la sala de correo, frenéticamente buscando los nombres en los buzones hasta que vio Samson 3F. Odiaba ver ese nombre y que Emma estuviese junto a él. Dejando ese pensamiento a un lado, se echó a correr por el pasillo y subió corriendo por las escaleras a su apartamento.

Robando A EmmaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora