Capítulo 27- Resolviendo el acertijo

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- Está nevando a lo loco boludo

Dijo una voz del otro lado de la puerta cerrada. Al abrirse reveló a Matías Ferrario sacudiendo copos de nieve de su pelo y su abrigo que no había dejado colgado en el perchero de la entrada.

- Holi, rubia. Muchísimo cuidado si volvés al Berna hoy, eh. No se ve un carajo arafue. Mejor quedate, sos re bienvenida.

- Ni hace falta que le digas boludo, si estos dos no pueden estar separados más de dos segundos.

Tiró Gonzalo divertido, sonando como Bianca hace rato. Quizás le estaban tirando palazos a ella, nunca se sabe con esta gente.

Micaela se limitó a mirar a Matt desprenderse la campera, sonreír y salir del cuarto.

- Y vos Gonzi sos re bienvenido a dormir en el sillón para darles un toque de privacidad.

Gonzalo también salió, sacudiendo la cabeza ante la idea.

- Y yo por qué? Ella es la intrusa. Que duerma en el sillón...

La voz de Gonzalo era más suave, seguro estaba en el cuarto de Matt. Micaela siguió mirando la puerta abierta. Algo le pasó por la cabeza cuando se pinchaban con Gonzalo. Cuando Matt la miró, con sus cálidos y poderosos ojos miel, lo supo. Había resuelto el acertijo cuando miró el rostro correcto.

Le ofreció quedase y nadie podía discutírselo porque el mandaba acá. Era superior a ella y cualquier otra persona en este campus. Admirado por el colegio entero. Y aunque con ella era re simpático, era temido por los demás. Y era parte de un dúo... Él y Sol. Casi idénticos mellizos, no iguales y de diferentes géneros. Por qué carajo no lo sacó cuando lo leyó boludo? Los Pérez Ferrario no eran los únicos mellizos en el San Antonio, pero eran los más superiores. Y junto con Luz y Lara López Ereros, eran los hermanos más superiores que conoció en su vida. Ugh. Era estúpida cuando quería.

- Mi... Estás bien?

Preguntó Bruno, preocupado y suspicaz por el comentario de husmeando en los pasillos de Gonzalo. Se le acercó y ella parpadeó, saliendo de su trance.

- Si, estoy bien.

Aunque todos sabemos que bien nunca significa bien del todo.

Y por cómo la miraba Bruno era obvio que no le creyó, pero antes que le pudiera hacer una pregunta de novio preocupado, se acercó al escritorio, buscando en el bolso que había dejado en la silla.

- Sólo tengo que... Baño... Aguantame un toque.

Sacó el pedazo de hoja arrancada antes de correr al baño, cerrando las puertas que conducían al cuarto de Bruno y al de Paio. Si Paio estaba en su habitación, no le jodió en absoluto. Se apoyó en la puerta y miró al espejo. Seguro parecía chiflada. Y quizás lo estaba. Quien más iría corriendo por la vida siguiendo órdenes de un pedazo de papel arrugado? Aunque se lo haya entregado Cynthia? Quizás Cynthia ni lo escribió. Quizás era sólo la paloma mensajera. Alisó el papel y lo volvió a leer, el mensaje que había copiado de las hojas con tinta invisible. Lo leyó otra vez, otra vez más. Y la tercera para estar absolutamente segura de que tenía que hacer lo que estaba apunto de hacer.

Aunque algunos lo consideren pecado 

Responsable serás de haberlo besado

Incluso frente a los ojos de tu amado

Cerró los ojos y volvió a doblar el papel. Tenía que hacerlo. Esto de trabajar rápido no era lo jodido. La parte de sin culpa era lo que la fulminaba. Enserio esperaban que haga esto sin inmutarse? Sin pensar en Bruno, se suponía que tenía que besar a Matías Ferrario. El novio de Cynthia Cofano Martínez. Abrió los ojos. Cynthia. Ella sabía. No había manera que no supiera. Sabía todo. Sabía tus secretos más oscuros aunque los guardaras bajo siete llaves.

En Sólo Dos SegundosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora