Capítulo 2

196 28 56
                                        

Liam

Una pequeña luz parpadeante proveniente de mi celular y el sonido que indicaba que me llamaban, me despertó abruptamente de mi adorado y amado sueño. Estire mi mano pesarosamente y tome el celular para después contestar a el número desconocido.

— ¿Diga? — Conteste con mi voz adormilada.

— Tenemos trabajo Alfa, te mandaré la dirección en un texto y te veo allí en media hora — La voz de Franklin al otro lado de la línea logró irritarme y sólo colgué.

Sin más opción salí de mi cama, me puse unos pantalones de mezclilla y una camiseta lisa. Tome mi arma y la coloque en la cinturilla de mis pantalones. Me coloqué mis botas de casquillo, tomé una chaqueta del perchero de la entrada y salí de mi departamento. Subí a mi camioneta y me dirigí a la dirección que Franklin me había mandado minutos después de que la llamada finalizo.

Al llegar me di cuenta que no era más que una pequeña casa descuidada y hubiera jurado que estaba deshabitada. Baje de mi camioneta y me aproxime a Franklin, quien estaba recargado en su auto a lo lejos.

— ¿Éstas listo? — Pregunto Franklin una vez que llegue a donde él estaba.

— Y ahora de que se trata el trabajo — Espeté fastidiado.

— Un pobre diablo, hace un mes comenzó a ser vendedor de pequeñas cantidades, pero nunca le llevó la ganancia a Guzmán, como habrás de imaginarte lo quiere muerto a él y a todos los que lo rodean — Mascullo Franklin con una naturalidad que a algunos les asustaría, pero por otro lado yo solía ser mucho peor que él. — Tienes 5 minutos para hacer lo que tengas que hacer y después entraremos.

— Claro— Contesté.

Él era de los que más conscientes estaban de que antes de cada trabajo que se me asignada, inhalaba una pequeña dosis de cocaína.

Saqué de mi chaqueta una pequeña bolsita con el polvillo e hice una pequeña línea en el dorso de mi mano para después inhalarlo. Después de eso ya estaba totalmente listo. Tome la pistola que descansaba en la cinturilla de mis pantalones y me aproxime a la entrada de la pequeña casucha junto con Franklin.

Abrí la puerta de una patada tronando las bisagras que la sostenían y nos adentramos en la casa para encontrarnos con una familia completa. Cuatro niños, una mujer que sobre pasaba los treinta o casi llegaba a los cuarenta y un chico que al vernos intentó huir, quite el seguro de mi arma y le di un balazo en la pierna.

— ¿Dónde está el dinero de Guzmán? — Le grite tomándolo de la camisa para después estamparlo contra una pared.

— Yo... Yo no lo tengo —Mascullo de una manera apenas entendible.

—Supongo que no queda otra opción. — Espeté y apunte con mi arma a la mujer que estaba en un rincón junto con los cuatro niños.

Cargue mi arma y sin previo aviso dispare, causando el llanto desconsolado de los niños cuando vieron los sesos de la mujer esparcidos por todos lados. Apunte al hombre en la frente y sin decir nada también le dispare, deje caer el cuerpo del chico al suelo sin el más mínimo cuidado.

— ¿Qué haremos con los niños? — Pregunto Franklin mientras veía a los cuatro chiquillos sentados en el suelo.

Nunca dejó un trabajo sin completar — Masculle más para mí que para él y sin piedad alguna, apunte mi arma en dirección a los niños para jalar del gatillo cuatro veces consecutivas.

Una vez terminado el trabajo, dejamos los cuerpos de toda la familia esparcidos por el suelo y salimos de la casa. Bañamos con gasolina parte de la casa y como tiro de gracia sólo lance un cerillo encendido a una de las paredes donde bañamos con gasolina y el fuego no tardó en aparecer. Sin prisa alguna me monté en mi camioneta y vi como Franklin arrancaba su auto para después desaparecer del lugar. Mire como ardía en llamas aquella casa y arranque mi auto para después conducir en dirección a mi departamento.

Jamás en mi vida les había disparado a niños y menos matado a alguno, pero era mi trabajo y no había otra cosa que pudiera hacer. Era un perro más que sólo sigue órdenes de su estúpido amo, llenando sus hombros de culpa por asesinar a personas inocentes. Podía haber jurado que tenía a más de un demonio sentado plácidamente en los asientos de mi camioneta, sentía como me miran, como se burlando de mí y roban la poca tranquilidad que de por sí ya no tenía.

Al llegar a mi departamento mire al pequeño reloj de pared.

9:38 am.

Sin pensarlo dos veces, camine en dirección a la nevera y tome una cerveza de ella. Me senté en el sofá y seguido de eso enciendo el televisor, destape la cerveza para beberla mientras veía el canal de deportes.

— Te despertarse muy temprano Alfa. — Una voz chillona inundó mis oídos y dirigí mi mirada a la chica parada en el pasillo que daba a mi habitación con una de mis camisetas puestas.

— Quítate mi camiseta, toma tus cosas y lárgate, ya no requiero de tus servicios. — Espeté molesto.

La chica sólo giro sobre sus talones y regreso al cuarto, un rato después regresó por el pasillo vestida y con su bolso colgando de su hombro derecho.

— Si quieres más diversión y no me encuentras donde Guzmán puedes llamarme. — La chica tendió en mi dirección un pequeño trozo de papel.

Yo no le contesté y seguí bebiendo de mi cerveza, ella al ver que no le preste ni la más mínima atención puso el papel en la pequeña mesa de centro de mi sala y sé fue. Tome el papel y lo tire a la basura. Acostarme dos veces con la misma chica nunca fue mi estilo, a menos que fuera para entrar por cada una de sus cavidades. 

Hola, espero de todo corazón que está historia este siendo de su agrado.

Como ya había advertido el contenido es un poco subido de tono en algunos pedazos. Se le agradece su discreción. Por favor no olviden comentar, quiero saber que opinan.


Los Demonios De Mi PasadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora