Liam
Corría sin parar por las calles oscuras e intransitadas de Londres mientras una multitud me perseguía.
– Deja de esconderte – Cada vez sentía que se acercan más a mí y las macabras voces a mis espaldas se intensificaban.
– No tienes a donde ir niño – Me gritaron, sentí como me empujado haciéndome perder el equilibrio y caí.
– A donde creíste que ibas
– No puedes escapar de ti mismo
– Eres uno de nosotros
– Tu nos creaste – Voces sin parar taladraban mis oídos y sombras frías comenzaban a ponerse a mi alrededor.
Sentía que me asfixiaba, miles de voces a mi alrededor y las presencias se acercaban e intensificaban cada vez más. De un momento a otro gritos y súplicas se desataron a mi alrededor...
(...)
Me desperté sudando y aturdido. Eso nunca me había pasado, miré a mi alrededor y sentí como me observaban detenidamente de una manera fría. Tomé mi teléfono de la mesa de noche y vi la hora, 5:45 am. Solo había sido un mal sueño, me dispuse a volver a dormir cuando una carcajada inundó mi habitación erizándome la piel y me levanté de golpe de mi cama, corrí hasta mi cajonera para tomar de ella uno de mis pequeños paquetes de cocaína y llenar mis fosas nasales de ese polvillo blanco que era lo único que me hacía sentirme en paz conmigo mismo. Decidí inhalar más de la cantidad acostumbrada y comencé a sentirme adormecido por completo. Salí a mi balcón, el intenso y helado aire matutino lleno mis pulmones con brusquedad. Mire hacia abajo con atención y no calcule más de 18 metros, después de todo mi departamento estaba ubicado en el sexto piso del edificio.
Después de un rato mirando, podía apostar que tenía la acera de la calle justo frente a mis narices, jurando que si inclinaba sólo un poco mi cabeza hacia abajo estamparía mi cara en el suelo.
Alargue mi brazo hacia abajo en dirección de la acera y perdí todo mi equilibrio sintiendo como todo mi cuerpo se inclinaba hacia delante sin control alguno, fue allí cuando reaccione. Abrace uno de mis brazos a los barrotes de la pequeña reja de mi balcón. Sentí como la irritación de mi brazo comenzaba gracias a que todo mi peso estaba cargado en el. Con mi mano desocupada me agarré de los otros barrotes y comencé a subir.
Tenía que terminar con esa mierda de una vez por todas, antes de que terminara muerto gracias a los efectos de la maldita droga que se había convertido en el centro de mi vida.
Ya que estuve a salvo en la sala de mi departamento, me tire al suelo a llorar abrazando con fuerza mis rodillas contra mi pecho tal y como un niño.
Ya no podía con eso, definitivamente ya había tocado fondo y tenía que salir de ese hoyo, el cual yo mismo cabe para mi muerte segura.
Después de un rato lloriqueando me levante e intente aclarar mis ideas sacudiendo mi cabeza con brusquedad. Y fue allí donde la idea llegó mí.
Lárgate lo más pronto posible, vete del país, huye al lugar más horrible del mundo y comienza desde cero. Sin tener que cargar más con esta mierda en tu vida.
Lo pensé unos momentos llegando varias veces a la conclusión que esa chiflada idea debía ser por causa de los efectos de las drogas que aún viajaba libremente por mi cuerpo, pero algo dentro de mí me decía que la idea no era tan mala. Después de todo, en ese trabajo y con esta maldita droga a mi alcancé estaba más que expuesto a morir de un momento a otro, al esconderme si llegarán a encontrarme lo único que harían sería matarme. No tenía nada que perder, después de todo en la vida hay que correr riesgos para ganar.
Me dirigí a paso decidido y firme a mi habitación y tomé un par de maletas que rápido llene hasta su límite con la ropa que saque de la cajonera poniéndola en las maletas de manera descuidada, guarde también algunos que otros objetos personales y de valor. Tomé una pequeña mochila llena de dinero que tenía escondida en una ranura improvisada que hice en mi colchón, la colgué mi hombro para después tomar mis maletas y disponerme a bajar a la recepción del edificio. Sali lo más rápido posible evitando las obvias preguntas del recepcionista y siendo consiente que tenía sobre mi más de una mirada curiosa.
Me monté en mi viejo Shelby 67 y manejé sin rumbo alguno. Después de unos cuantos kilómetros por la carretera decidí que arrojar mi teléfono por la ventana era lo más coherente. Maneje por días parando sólo cuando era justamente necesario para comprar algunos alimentos y hacer mis necesidades fisiológicas.
Sabía que un hedor nauseabundo había comenzado a apoderarse de mi cuerpo, pero no podía darme el lujo de parar en un motel sólo para darme una ducha, pero tal vez no era una idea tan mala. Después de manejar unas horas más, pare en un motel en un área desierta. Baje del auto, tomé una de mis maletas junto con mi pequeña mochila y me adentre al lugar para encontrarme con un señor de la tercera edad dormido sobre la barra de lo que parecía ser la recepción del lugar.
– Disculpé – Dije con mi voz un poco más alta que un susurro y el hombre se removió en su lugar incómodo, para después mirarme un tanto molesto y avergonzado a la vez.
– ¿En qué le puedo ayudar? – Me pregunto aquel hombre frotando sus ojos con las palmas de sus manos.
– Necesito una habitación – Dicho eso el hombre tomó una de las llaves colgadas en el gran tablero tras él y me la dio para después extenderme una hoja junto con una pluma.
— Sólo debes llenarlo y listo, el pago por noche viene escrito allí mismo — Exclamó aquel hombre señalando la hoja que acaba de darme.
– Sólo me quedaré una noche – Dije después de llenar la hoja y la deje en la recepción junto con el respectivo pago por la noche de hospedaje, sin más me retiré en busca de mi habitación.
Llegue a la habitación que me correspondía y sin más me adentre en ella. Cerré ventanas y cortinas para después darme una ducha que, para mí era más que necesaria. Salí del baño con una toalla alrededor de mi cintura y me aproximé a mi maleta, saqué un bóxer junto con un pantalón deportivo y me los puse. Al intentar cerrar la maleta el cierre se atoro en algo impidiendo que la cerrará, era uno de los paquetes de cocaína que había en mi cajonera. Lo tome y tire todo su contenido en el excusado.
– Hagas lo que hagas no te podrás librar de nosotros, a donde quiera que vayas nosotros iremos – Esas voces me volverían loco, pero mientras más cambiara mi vida sabía que podría controlar esas presencias extrañas.
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Los Demonios De Mi Pasado
Mystery / Thriller¿Has sentido alguna vez que tu pasado te persigue?, ¿Qué todo lo que has hecho mal no te deja vivir en paz? Pues eso le pasa a Liam Payne un chico que su vida fue basada en drogas, carteles y asesinatos de personas inocentes. En resumen, una vida ma...
