Veinte

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— Si, ese es mi nombre, Desmond — Mark le mostró una sornisa reluciente y enorme.

Parecía estarse burlando de su cara embobada y la manera en la que no podía ni siquiera pronunciar palabra alguna, en su defensa, estaba volviendo q ver el alfa de su vida.

— ¿Te comieron la lengua los ratones? — Cuestionó tratando de hacerle gracia, sin embargo solo recibió de vuelta un par de delgados labios apretados y unos oscuros ojos verdes entrecerrados viéndole como si hubiera hecho el peor crimen.

— ¿Qué haces aquí? — Fue lo unico que atinó a decir. Su respiración se entrecortaba y tuvo que morder su labio inferior para que no temblara.

Había extrañado tanto a Mark; su olor, sus abrazos, la manera tan caliente en la que se ponía durante su celo y como lo follaba contra el colchón, su voz durante las mañanas, su besos. Todo, extrañaba todo de el.

Quería creer que había marcado a Charlotte por venganza, aunque el tuviera la mayor parte de la culpa de su separación, por no decir toda. En realidad fue por que la omega le recordaba un poco a el. Se parecían en sus gestos, su manera de hablar, la manera en que nunca se rendían por nada del mundo. Aunque, cada uno a su manera, por que un alfa no se comporta para nada igual que un o una omega.

— Vengo a verte ¿qué no puedo, Des? — Levantó una ceja aún sonriente, como si se estuviera burlando de la expresión entre sorprendida, nerviosa y maravillada que el alfa de ojos verdes tenía. Frunció los labios.

— ¿Te estás riendo de mi? Por que si a eso vienes-

— No — El castaño le interrumpió caminando lentamente hacía el cuerpo del ligeramente más alto — Solo vengo a recordar... viejos tiempos.

La mirada de Desmond recorrió todo el lugar, como inspeccionado si alguien los espiaba. Al no ver a nadie, tomó la gran mano del para guiarlo a algún lugar más... privado.

Su mano se seguía sintiendo tan cálida y bien como antes, justo como debía sentirse. Correcto, cariñoso. Aunque fuera el más mínimo tacto.

No tienen idea de todas las veces en las que Des deseó tener las manos de Mark sobre las suyas, cuanto deseó volver a besar sus labios o aunque fuera tener sus brazos a su alrededor una vez más. No quería morirse sin volver a verlo, tocarlo, acariciarlo, besarlo.

— ¿Qué es lo que buscas, Mark? — El alfa más bajo preguntó, tratando de lucir fuerte, como el macho dominante se supone debería ser. Sin embargo por dentro estaba comportándose como un gatito indefenso y con ganas de abrazar al amor de su vida.

— ¿Porqué piensas que busco algo?

El ojiverde soltó una risa alta y ronca, sin gracia. A Mark le pareció bastante hermosa, como la recordaba, aunque estaba llena de tristeza y resentimiento.

— No me has buscado en veinte años y ahora vienes como si nunca hubiera pasado nada. Supongo que necesitas dinero, o algo parecido ¿no?

En otras circunstancias Mark su hubiese sentido ofendido, sin embargo era Des con quien estaba hablando, y sabía que esa actitud de a un lado, soy mejor que tu era solamente una máscara para que no viera como realmente se sentía. Le sonrió.

— ¿Me has extrañado, amor?

Se acercó al cuerpo fornido del ojiverde y tomó su barbilla entre dos de sus dedos, con delicadeza. De pronto, Des se sintió como si volviera a tener veinte, con esa sensación de calidez en el pecho y las famosas mariposas bailando alegres en su estómago.

— Sueltame — Le ordenó ignorando las sensaciones que desde hace bastante tiempo no tenía el lujo de sentir. Mark le sonrió soltando su barbilla lentamente.

A decir verdad, quería abrazarlo, besarlo, sentir como su corazón latía rápidamente contra el suyo. Lo extrañaba, y en parte esa era la razón por la cual había ido, por que lo necesitaba cerca, más que a nada, y los últimos veinte años habían sido un completo calvario.

Cuando cumplió veinticinco, seis años después de haber cortado todo tipo de comunicación con Des, marcó a una omega. Una hermosa delicada y gentil omega que le hizo caer por ella casi al instante. Su nombre era Johanna. Se enamoró de ella, realmente lo hizo, y tuvo tres hermosos y maravillosos hijos con ella, los cuales adoró desde el momento que nacieron, los seguía adorando..

¿Porqué se había ido? Estaba volviendose loco, el pequeño Louis no hacía más que llorar todo el día, Lottie se la pasaba rayando las paredes con sus crayones de colores y Felicite corría de allá para acá todo el tiempo. No soportó más, y decidió irse de su casa, donde una hermosa omega de la cual estaba enamorado le esperaba todas las tardes con un plato de caliente comida y un beso en los labios. Un día simplemente se dio cuenta de que nada era lo mismo, de que Des seguía instalado en su corazón y que nunca se iría, que lo que sentía por Johanna no era ni la más mínima parte de lo que algún día llegó a sentir por Des. Marcó a otra omega para romper el lazo, la cual murió siete años después. La verdad es que Mark no la quería ni un poco, pero necesitaba compañía.

Ahora estaba ahí, frente a Des, frente al amor de su vida, la persona en la que nunca dejaba de pensar a pesar de haber compartido veinte largos años de su vida con otras personas completamente diferentes.

— Te extrañé, amor — Se abalanzó sobre el cuerpo ligeramente más pequeño de Des y se aferró a el, como si su vida dependiera de ello.

Des solo pudo devolverle el abrazo, por que había necesitado esto por tanto tiempo, y por que también lo extrañaba, mucho. No había nada más hermoso para Des que escuchar el corazón de su amado latir desbocado y su aliento chocar contra su mejilla.

— Perdóname — Des le pidió al borde de las lágrimas. Nunca podría vivir en paz si su amor no le perdonaba todo el daño que había provocado y toda la cobardía que había tenido cuando joven — Perdóname, Perdóname, Perdóname.

El ojiverde había comenzado a soltar pequeñas lágrimas, junto a pequeños sollozos nada propios de un alfa. En otras circunstancias tal vez Mark hubiese reído, sin embargo estaba reencontrandose con su único amor de verdad, el que era tan grande e infinito como el universo. El castaño le acarició el pelo con una pequeña sonrisa triste y los ojos cristalizados. Nunca pudo soportar el ver a su Des llorar.

— Te amo — Mark susurró besando su mejilla — No me pidas perdón, te he perdonado hace mucho tiempo.

— Te amo — Des murmuró sintiéndose débil y aún soltando lágrimas.

— No llores, mi vida, sabes que tus lágrimas valen mucho.

¿Quién quiere smut de estos viejos? 🌚

Blue eyes (omegaverse)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora