2. LOVE STORY

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-Soy consciente que no se acostumbra hacer esto, pero con el permiso del jefe de los Agentes de Paz me gustaría decir unas palabras. ¿Lo tengo permitido? –Lo miro antes de continuar.

-Adelante, señor Mellark.

-Muchas gracias.

-¿Qué piensas hacer? –Grita mi madre furiosa.

-Tranquila, Margaret. –La trata de callar mi padre. –Seguro le dedicará unas palabras a la novia.

Ignoro su conversación, pero digo que eso es lo que haré, y todos centran su atención en mí, murmurándose cosas sobre lo romántico que es.

No tienen idea de que lo que diré, es romántico para otra mujer que no es la "novia" que me impusieron mis padres.

-Les quería contar una historia que alguien me contó una vez. –Miento. –En un reino muy lejano, existía un matrimonio de reyes, la reina después de muchas pérdidas dio a luz a un hijo, que desde el nacimiento estaba destinado a la grandeza y las riquezas. Los padres lo "protegían" del mundo exterior, y el niño no entendía por qué. Él era curioso, abierto y quería explorar el mundo. Un día convenció a su nodriza de llevarlo a ver que había detrás de los muros del castillo. A la semana siguiente, ella aprovechó uno de los largos viajes de los padres para llevárselo al pueblo mientras hacia las compras. Fueron hasta la plaza del pueblo. El pequeño príncipe que iba de la mano de la mujer, estaba fascinado con todo lo que veía. Hasta que vio parada en un banco a una niña cantando con su melódica y aterciopelada voz, los pájaros se detuvieron a escucharla en un árbol cercano. La niña del pueblo era hermosa, de piel aceitunada, usaba un vestido simple de color rojo a cuadros y tenía dos trenzas. La nodriza le preguntó que le sucedía al príncipe y él solamente pudo articular palabras tras varios intentos:

-¿Es un ángel o una niña? Porque definitivamente ella no pertenece a este mundo. Su voz hipnotizante y celestial no pueden provenir de la tierra. La dulzura que deja entrever parece irreal, casi un sueño y su belleza no se compara con la de ninguna niña de su edad.

Ella se río y alzó al niño, dándole un beso en la frente muy maternal, porque siempre lo consideró su hijo.

-Tú serás un gran rey, justo y bueno, si logras ver esas cosas en una plebeya.

-¿Qué es plebeya? –Le preguntó el niño.

-Las personas que viven aquí. –La mujer no quiso explicarle las diferencias sociales tan marcadas, porque él era pequeño y no entendería esas cosas. –Yo fui una hasta que me llamaron para cuidarte como si fueras mi propio hijo.

-Entonces debe ser una niña muy buena, si es como tú.

-No lo dudo. –Le respondió haciéndolo sonreír.

-Cuando sea grande me quiero casar con ella. –Soltó de repente mirando y escuchando a la "plebeya" de su edad, que el niño creía firmemente que era un ángel que vino a la tierra para iluminar su vida.

-Lo harás, cariño. Si tú te lo propones y lo deseas con todo tu corazón, no existe nada que no puedas conseguir.

Pasaron varios años y él nunca pudo borrar de su mente y su corazón a ese ángel en cuerpo de niña. Dormía con su voz arrullándolo en su mente, soñaba con sus ojos grises, sus finos labios, su pequeño rostro, sus rasgos delicados, su cuerpo tan hábil para saltar y trepar arboles, sin ni siquiera caerse. Soñaba que estaba junto a ella jugando, hasta besándola.

Con el tiempo, empezó a entender las conversaciones que sus padres mantenían con los invitados, un rey o un príncipe o una princesa podía tener amantes pobres, pero jamás podía casarse con ellas o ellos, porque la gente del pueblo era inferior a la realeza. Y tales uniones eran mal vistas.

MI FUERZA ERES TÚHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora