Capítulo 20

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Abrí mis ojos al sentir la luz del sol alumbrar a través de una cortina mi rostro y gruñí con cansancio mientras enterraba mi cara en la almohada. ¿Por qué me duele tanto la cabeza?

Cerré mis ojos lentamente quedándome nuevamente dormido. Después de un rato de silencio escuché unos pasos que subían lentamente por las escaleras y me desperté al instante a la vez que me levantaba de golpe de la cama.

Fruncí el ceño al darme cuenta de que estaba completamente desnudo,

-¿Pero qué demonios? -Gruñí.

Comencé a buscar mi ropa interior pero al inspeccionar mi entorno me percaté de que no estaba en mi habitación.
Los pasos se escuchaban más cerca y eso me alarmaba. Busqué rápidamente algo con que cubrirme y opté por ponerme una toalla que se encontraba doblada en una silla, al mismo tiempo que se abría la puerta.

Levanté mi mirada hacia la persona que se encontraba en el marco de la puerta y sentí que se me cortaba la respiración.

-Oh, veo que te encuentras despierto, descuida, solo vine a entregarte esto... -Dijo con una sonrisa mientras colocaba sobre una mesa una bandeja con el desayuno.

Tragué saliva al percatarme de que tal vez yo he...

-Pero qué carajos hago aquí -Le pregunté con furia, mientras cerraba fuertemente mis puños tratando de controlar mi ira. No quería ponerme agresivo. Sabía que me arrepentiría luego.

-Relájate un poco ¿quieres? no pasa nada Jordan, solamen...-La interrumpí tirando con brusquedad la bandeja que estaba en la mesa, sobresaltándola.

-¡Dime la maldita verdad Anabelle! -Grité con furia a la vez que me acercaba a ella con rapidez para empujarla con brusquedad contra la pared.

Anabelle abrió sus ojos como platos claramente asustada, y noté que su cuerpo comenzaba a temblar ligeramente. Mi respiración era pesada y sólo podía pensar en una cosa. ¿Acabo de coger con ella?

Pensar aquello me causaba mucho desagrado. Pero si ella no me lo confirmaba eso sólo sería una simple y estúpida idea. Sentía que perdería los estribos si ella no hablaba. Se me acababa la paciencia y me sentía no sólo furioso, sino frustrado, por que no recordaba absolutamente nada.

-Habla o te sacaré las palabras a la fuerza -Gruñí entre dientes. Anabelle parpadeó varias veces y entonces pasó algo que no esperaba. Una sonrisa apareció en sus labios.

-Tú y yo hemos tenido sexo.

Mis músculos se contrajeron y mi cuerpo se puso tenso al escuchar sus palabras.

-¿Qué has hecho...? -Murmuré entre dientes, aún sin poder creerlo.

-No Jordan, querrás decir: "Qué hemos hecho" -Dijo Anabelle sonriendo con fingida inocencia. -Bueno, si tanto quieres saber... veamos... tú te encontrabas caminando drogado por Holland, antes de que sucediera eso yo te seguí... y al ver a donde te habías dirigido supe que podría llevarte conmigo sin necesidad de discutir. Y henos aquí, estas en mi casa, ¿muy linda no?

-Estas loca -Gruñí claramente molesto mientras que me giraba sobre mis talones. -Mi ropa Anabelle, ahora.

Ella retrocedió unos pasos.

-No te diré donde está...

-Da igual de todos modos. -Estaba dispuesto a irme, y no me importaba si usaba únicamente una toalla.

-¿A dónde irás? -Preguntó ella.

No la escuché y seguí mi camino, iba a bajar por las escaleras. Pero Anabelle me tomó con fuerza del brazo.

-¡¿Acaso irás con Rossel?! -Habló rápidamente.

Mi cuerpo se puso rígido al escuchar aquello e inmediatamente como lo dijo, me solté con brusquedad de su agarre. Seguí bajando las escaleras con ella detrás de mi. Sabía que gritaba mi nombre, pero no le prestaba la más mínima atención. Estoy harto de ella y su jodida actitud de loca y psicópata.

-¡Esa zorra no te merece, es una completa puta, y tengo pruebas de ello! -Gritó con fuerza tratando de joderme, al escuchar eso detuve mi caminar de golpe mientras cerraba mis puños. Me giré con rápidez hacia ella para tomarla del cuello.

-Jamás la llames así, ¿me has oído? -Dije entre dientes mientras hacía más fuerza sobre mi agarre. Ella tomó mi brazo con ambas manos tratando de disminuir la presión que tenía sobre su cuello.
Jamás le he pegado a una mujer, pero ella me estaba tentando a estamparla con fuerza contra la pared. No toleraría que ella dijese eso de Rossel. -Eres una perdida de tiempo.

La solté de golpe y ella cayó al suelo, Anabelle comenzó a toser con brusquedad, pero no me importó su estado -No me sorprendería enterarme de que tengo sida por haber follado contigo. -Escupí con frialdad a la vez que bajaba nuevamente las escaleras dejándola ahí en el suelo.

A punto de abrir la puerta ella habló con debilidad pero con claridad mientras se masajeaba la parte donde estaba mi agarre hace unos momentos. -Y-Yo te amo Jordan, ¿por qué no puedes creerme? ¿qué tengo que hacer para demostrarte lo mucho que te quiero conmigo? Haré lo que sea, pero quédate aquí, no vayas con ella por favor. -Rogó.

-Olvida que fuiste a buscarme en la universidad. Olvida todo lo que tenga que ver conmigo. -Mi voz es gélida, sigo luchando contra mi ira.

-No quiero hacer eso, por favor quedate, s-si no lo haces, me encargaré de que no la vuelvas a ver jamás. -Dijo con seriedad en sus palabras.

La observé por encima de mi hombro.

-Estas enferma Anabelle. -Al escuchar la frialdad de mis palabras ella comenzó a sollozar mientras cubría su rostro con ambas manos.

-¡No me digas eso! ¡Jordan! ¡Por favor quédate conmigo!

-Te lo advierto de una vez, si la llegas a tocar, o si le llegas hacer algún daño... es más, si te vuelvo a ver siquiera, no dudes que estaré ahí para arruinar tu vida.

Abrí la puerta y al salir cerré de un portazo. Comencé a caminar sin rumbo. Realmente no sabía donde estaba. Anabelle lo planeó bien de algún modo.

Caminaba por la calle sosteniendo mi toalla para evitar que se cayese al suelo. Habían personas que paseaban a sus perros, o simplemente caminaban. Un par de chicas se encontraban corriendo y al verme casi tropiezan una con la otra. Noté que una señora y un chico me tomaron fotos de lejos con sus teléfonos celulares, fruncí mis labios con desagrado al ver que ellos no tenían nada mejor que hacer.

Seguí caminando como si no me importara que me viesen. Y era verdad. No conocía a esas personas, ¿por qué tendría que preocuparme? Así que mientras caminaba con total tranquilidad me puse a reflexionar. Realmente no recordaba nada. ¿Yo estaba drogado? ¿Hace cuanto?

Tallé mi rostro con frustración mientras suspiraba con pesadez. Esto es una mierda... no sé donde me encuentro, no sé qué he hecho...

Simplemente no sé que ha pasado.

-¿Joven Harrison?

Levanté mi mirada del suelo para posarla en una mujer completamente arreglada, era de tez morena, traía puesto al parecer ropa de trabajo, quizás trabaja por aquí.

Ella me observaba con los ojos abiertos. ¿Como si no pudiese creer que fuese...?

Entreabrí ligeramente mis labios, mientras la observaba con ligera confusión.

-¿Disculpe, la conozco?

-No, no creo que me conozca, pero me presentaré; soy la oficial Osborn, trabajaba en la investigación de la muerte de los Lattier. Socios de sus padres... ¿como está?






















EL BØXEADØR ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora