5. SOPORTAR Y CONOCER

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—Entonces, ¿dónde dormirá Valentin?

—En una pieza cercana a la nuestra.

—Vale.

Habían llegado hace cinco minutos al castillo de Portugal, y Guillermo tenía en sus brazos a su cachorro que no dejaba de menear la cola ante el nuevo espacio que había en ese lugar. Samuel, al darse cuenta de que su viviente regalo le había gustado al pelinegro, se maravilló mostrando una sonrisa esperanzada y sus ojitos brillaron como dos luceros. La imagen que tenía de Guillermo besando la cabeza del cachorrito y arrullándolo como si fuera un bebé lo tenía embelesado, y por un segundo olvidó por completo el hecho de que ese chico le pegaría una patada en las bolas si tan solo llegara a tocarlo. 

—¿Cómo le pusiste? —le preguntó el portugués con una sonrisa, luego de haberle señalado a sus sirvientes dónde tenían que colocar las cosas de su esposo.

Velu

—¿Por qué? 

—Significa 'peludo' en francés. Valentín me lo recomendó. —Miró de soslayo a Samuel, volviendo a acariciar a su mascota—. Nunca te he agradecido por él, así que, gracias —murmuró segundos después, marchándose al sisear la última palabra. 

Samuel sonrió negando con su cabeza, y se dirigió hacia uno de sus sirvientes. 

—Hey, onde está o meu pai? [¿Dónde está mi padre?] —cuestionó frunciendo un poco el entrecejo. Se suponía que estaría a la hora en que llegarían. 

Sua Majestade está atendendo o rei da Noruega, ele tinha algumas coisas para acertar as contas com ele. [Su majestad está atendiendo al Rey de Noruega, tenía unas cuentas cosas que arreglar con él] —respondió, señalando el despacho donde su padre trataba los asuntos importantes.

—Okey, graças. [Okey, gracias]. —Samuel caminó hacia el despacho de su padre, entrando a la habitación silenciosamente y con respeto. 

Mientras tanto, Guillermo se acercó hacia donde se encontraba Valentin y Felipe charlando amenamente como si se conocieran desde hace años, y lo tomó del brazo, arrastrándolo con él.  

—Hey, Guille ¿qué haces? —se quejó al francés, soltándose. 

—No hables con el enemigo, macho —le dijo en un voz baja, logrando que al segundo Valentin soltara una carcajada que llamó la atención de la mayoría de los presentes.

—¿De qué hablas? Si es solo el primo de Samuel. —El francés sonrió divertido, burlándose de la actitud infantil que estaba tomando Guillermo.

—Pues por eso, tío. 

Pog Dios —suspiró rodando los ojos—. Escucha, si tu quieres vivig cada día odiando a cada pegsona de esta casa, está bien, es tú decisión, pero yo no haré lo mismo. Comprenez-vous? [¿Entiendes?]. 

—No me hables en francés, sabes que no entiendo nada —bufó el pelinegro, sintiéndose levemente traicionado por su mejor amigo.

Pensó que teniéndolo allí con él por lo menos no sería el único inquilino incómodo, pero al parecer Valentin ya hasta se había hecho un nuevo amigo y no se sentía para nada fuera de lugar.

—Vamos, Guille, alegra esa cara. No es el fin del mundo. 

—Es el fin de MI mundo. 

—No exageres. Simplemente, déjate llevar... La vida no está para despegdiciagla con amargura innecesaria —aseguró el francés, sonriéndole una última vez antes de marcharse de su lado y dirigirse hacia Felipe nuevamente. 

Por contratoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora