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Detesto al mundo, y, por ende, a las personas que lo conforman —a excepción de algunas—. La cabeza me da vueltas y todo el cuerpo me duele, pienso en que no debería de ir a clases porque probablemente terminaría matando a alguien. Sería más o menos cómo la masacre de la escuela secundaria de Columbine, ocurrida en 1999, en la cual dos chicos asesinaron a quince personas y dejaron a otras veinticuatro heridas y que luego, se suicidaron tras el tiroteo.

Mi madre entra a mi cuarto. Yo aún sigo con la ropa del concierto.
—Hijo, tienes que ir a clases.
—Madre, me duele todo, principalmente la cabeza y ambos estamos conscientes de que soy capaz de matar a alguien.
—¿A qué quieres llegar con esto? —pregunta asqueada.
—En que no iré, me quedaré y seguiré durmiendo —cojo las sabanas y me cubro la cabeza con ellas—. Apreciaría mucho que no molestaras.

Se fue, sé que no me parece justo tratarla así, pero ella me dio motivos para hacerlo, pero eso es otra cosa. Todavía seguía pensando en el día anterior y en lo ocurrido por la madrugada, mejor dicho, sólo estaba pensando en Samantha. Aún podía oler el olor a café en mi ropa y todavía sentía sus labios en los míos. Volví a dormir.

Mi sueño no duró mucho porque diez minutos después Violet y Harry estaban saltando en mi cama como dos niños pequeños.
—Saben que puedo matar a alguien si no he descansado bien —espeté—. Y no quiero matarlos a ustedes.
—No nos matarás —dijo Violet con una calidez en su voz—. Tienes que volver a ver a esta chica.
—Sí, quiero volver a verla —lo dije sonando como un tonto. Supongo que el amor te vuelve más tonto.

Los quité de mi cama y me metí al baño.

Violet y Harry iban muriéndose, literalmente, al igual que yo. Violet va en el asiento de copiloto y yo voy sólo, atrás. Cosa que no le pongo importancia porque así puedo pensar.

Me pregunto si nosotros únicamente tuviéramos un alma gemela y fuera una persona asignada al azar en cualquier lugar del mundo. Eso sería una pesadilla total. Tal y como explica Tim Minchin en su canción If I didn't have you (Si no te tuviera), «Tu amor es uno entre un millón», pero de los otros 999.999 amores, estadísticamente alguno sería igual de bueno.

Pero, ¿Qué pasaría si realmente sólo tuviéramos un alma gemela perfecta asignada al azar y no pudiéramos ser felices con nadie más? ¿Nos encontraríamos? Supongo que, al momento de nacer, mi alma gemela fue elegida. No sabes nada sobre esa persona, pero —cómo en el cliché romántico— la reconocemos cuando nuestras miradas se cruzan. En mi caso, nuestras miradas no se cruzaron, aunque ella se dio cuenta de que la observaba desde la lejanía. Sin embargo, en el escenario que había presentado, no sabría quién es mi alma gemela hasta que la mirara a los ojos —cosa que hice después—. Todo el mundo tendría sólo una orientación: su alma gemela. Tomando en cuenta que las probabilidades de encontrarnos con nuestra alma gemela serían increíblemente pequeñas, porque el número de contactos visuales varían desde ninguno hasta decenas, cientos o quizás miles. Sólo una minoría de nosotros encontraría el amor verdadero. Estoy seguro de haberlo encontrado.

Nos detenemos en Middlesbrough's H.S.

—Entonces, hicieron que me despertara temprano para esperarla a que saliera de clases, en vez de venir justo minutos antes de que saliera —dije sarcásticamente—. Qué estupendo.
—Cálmate —protesta Violet—. Eso nos da tiempo para recorrer el lugar y también en pensar sobre qué cosas le gustan a ella. Wes, apenas la acabas de conocer y apuesto a que no sabes nada —a excepción de sus gustos musicales, aunque no lo sé completamente— sobre ella, sus gustos y esas cosas.
—Buen punto —contesté.

Le llevaría flores, pero sería muy cliché, además no sé su tipo favorito de flores y si es alérgica a algunas de ellas.
—Violet, ¿tú sabes hacer rosas de papel? —pregunté.
—Sí, Wes, ¿Por qué?
—Bien —respondí.

Abrí la puerta trasera de "El duque", tomé mi bolso y saqué un libro de Pablo Neruda que se titulaba «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», escribí al final de uno de los poemas «Con mucho cariño, W», lo arranqué y luego se lo di a Violet para que hiciera una rosa con él.
—Ten.
—Qué original —respondió.
—Sólo hazlo —se río—. Y no lo rompas para que ella pueda leer el poema.
—Está bien. Creo que deberíamos hacer investigaciones para encontrar su casillero y así, meter la rosa de papel en el.
—Todos deben de estar en sus salones V —dijo Harry.
—Cariño —se acerca a él y pone su mano sobre su hombro derecho—, más de alguna persona está siempre en los pasillos.

Nos toma del brazo a ambos, entramos al instituto y efectivamente habían algunas personas en los pasillos.
—Amo y a la vez odio que tengas la razón —dice Harry, quien luego besa a Violet.
—Pero, ¿qué probabilidades hay de que ellos conozcan a Samantha? Y para brindarles información a estas personas sobre ella, únicamente sé que está en último año y su primer nombre —los interrumpí.
—Mejor esperemos a que todos salgan de sus salones, en algún momento lo harán para cambiar de asignatura —plantea Harry.
—Exacto —replica Violet—, así se lo entregas en persona y terminaría siendo romántico.

Nos sentamos en una banca mientras esperábamos la salida de Samantha y también, tratando de que nuestros párpados no se cerraran porque no habían descansado lo suficientemente bien. Yo me había perdido en el espacio viendo volar a una mosca, parecía como si estuviese drogado o algo así.

Luego de unos cuarenta y cinco minutos, un mar de gente empezaba a salir de los salones, y nosotros esperamos y esperamos y esperamos... Y en ningún momento vimos a Samantha salir de uno de ellos o en el pasillo dentro del mar de gente.
—No tendría ningún problema en provocar una masacre como la de Columbine —les dije.
—Lo sentimos, Wes —respondió Violet.
—Sí, no teníamos idea de que no iba a venir —siguió Harry.
—Sólo, vámonos de aquí —no estaba molesto, sólo tenía malhumor (no, no es lo mismo, son parecidos, pero no son lo mismo) por no haber dormido lo suficiente y me sentía nostálgico porque quería verla nuevamente.

Caminamos en silencio hacia "El duque" y me tumbé en el asiento trasero, aunque no por mucho tiempo, me sentía incómodo en esa posición por mi metro ochenta. Me siento y recuesto mi cabeza sobre la ventanilla.

Pasamos por un campo lleno de todo tipo de flores, rosas, girasoles, margaritas y otras más.

En donde se encontraban los narcisos, vi un destello rojo.
—Harry, detén el auto.
—¿Por qué? —pregunta él.
—Creo que acabo de ver algo —le dije— y no, no estoy loco, por si pensaste eso.
—Está bien —respondió.

Ambos nos bajamos del auto, Violet entró en un estado de sueño comatoso en el asiento del copiloto.
—¿Dónde la viste exactamente? —pregunta.
—No sé, espera en el auto junto con Violet —asintió y se marchó.

Caminé por el campo con mucho cuidado de no arruinar las flores, luego de unos cuantos metros, veo nuevamente el destello rojo, como el de la nebulosa. Veo a alguien tumbado sobre los narcisos y reconozco inmediatamente que es Samantha. Me acerco sigilosamente hacia ella, quien luego abre los labios y dice:
—Vaya, que agradable placer tenerte aquí —tenía un vestido blanco y no llevaba zapatos.
—El placer es mío —le sonreí. Ella se levantó.
—Todo es muy tranquilo aquí, Wes —dice. El sol hacia deslumbrar su vestido blanco.
—Samantha... —pone su dedo sobre mis labios. Yo me quedo perplejo y guardo silencio.
—Sólo... —me ve a los ojos y yo la veo a ella. Remueve los tirantes de su vestido y este cae al suelo. Yo sigo sin apartar la vista de su rostro y ella ve cómo cae su vestido al suelo. Aunque no podía ver su cuerpo, este brillaba, emanaba un gran destello blanco cegador, no podía ver nada a mi alrededor. Se acerca lentamente hacia mí, coloca su mano sobre mi cachete, cierra los ojos y yo hago exactamente lo mismo, estoy tan cerca de sus labios que puedo sentir su aliento—. Despierta, Wes.

Desde las estrellas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora