No hay nada peor que concentrarse en el reloj cuando deseamos que el tiempo pase rápidamente, aunque después de clases tendría que quedarme dos horas en detención, «Genial, primer día de clases y ya es mi primera detención, en serio, odio los lunes». A pesar de la relatividad del tiempo, establecida por Einstein, científicos franceses aseguran que el cerebro tiene su forma particular de percibir el paso de las horas y los minutos. Al parecer, mientras más nos concentramos en la duración de un rato, más probabilidades tendremos de percibir el tiempo en su forma más cercana a la realidad.
Después de hacer absolutamente nada en el primer día de clases, me dirijo hacia el salón de detención, mis padres no sabrán que estoy castigado porque ambos trabajan casi todo el día, así que es un punto a mi favor, pero detesto esperar, creo que tomaré una siesta y así el tiempo pasará volando. Ingreso al salón, el cual está completamente vacío, a excepción de mi maestro.
—Hola Señor Svennson —me saluda con una sonrisa maliciosa—. Tome asiento, por favor y espere a que las dos horas terminen —asiento y me siento en la última silla de la fila.
Han pasado cinco minutos y ya estoy aburrido, no puedo estar con el celular, ya que eso le quitaría el significado al castigo. Empiezo a pensar en la relatividad del tiempo nuevamente en vez de pensar qué tan rápido pasará el tiempo. Vuelvo mi vista hacia el reloj y han pasado otros cinco asquerosos minutos. Esto es injusto, ni siquiera había dicho una mala palabra, solamente le dije «Idiotas» a todos los que me rodeaban, a excepción de mi maestro, pero esa palabrita no me parece soez, en lo absoluto.
Luego de hundirme en mi propia miseria, alguien toca la puerta, me asusto, puesto a que tenía la mirada perdida en el techo del salón.
—Pase adelante señorita y tome asiento, por favor —dice mi maestro. Detrás de él, entra una chica—. Puede sentarse donde desee, únicamente estamos nosotros.
—Demonios, lo que me faltaba —resopla ella y se sienta de golpe a unos cinco asientos lejos del mío.
No logro reconocerla, de mis trece años conviviendo en ese lúgubre lugar, nunca había visto a esta chica. Está de espalda y no puedo ver su rostro, es blanca como la nieve y su pelo castaño parece que no ha tenido el mejor de los días, genial, ya mi vida y su pelo tenemos algo en común, aunque eso no me hace feliz.
—¿Por qué no empiezas a hacer amigos V? —refiriéndose a la chica—. Dicen que, si no haces amigos en tu primer día, no es una buena señal —lo dice en voz alta para que yo también pueda escucharlo. Voltea su vista hacia a mí y yo le hago un gesto de que pare.
Estoy viendo al suelo, considerando seriamente en hablarle a esta chica, ya que podría ser la chica capaz de mostrarme el día perfecto, sin embargo, en un día de mierda a como lo son los lunes, nada bueno pasa y quizás esté equivocado, además, apesto para socializar, es un acto que no se me da, de pequeño hablaba con todo el mundo, literalmente, pero ahora no sé cómo decirle «Hola» a un desconocido o desconocida. Si existiera una clase sobre socializar, seguramente la reprobaría.
Luego de estar debatiendo conmigo mismo en si ir a hablarle o no, finalmente me decido, iré a hablarle.
Antes de ir a hablarle, empiezo a pensar en todas las cosas que ella podría decirme y no eran pensamientos buenos, para nada. Pongo mis cosas en la silla y me levanto lentamente de mi asiento, mi maestro se percata de eso y voltea su cabeza hacia mí, me mira por unos segundos y luego esboza una sonrisa, como si estuviese felicitándome por lo que haré. Voy paso por paso, pensando en cómo la saludaré o en cómo me presentaré a ella. Estoy a un metro de su asiento, las piernas me tiemblan y las manos empiezan a sudarme, doy otro paso más y extiendo mi mano para tocarle el hombro y así empezar a hablarle —fue lo mejor que se me ocurrió hacer en ese momento—. Mis dedos ya sentían su piel y entonces, suena el timbre.
—Bien chicos, pueden irse a casa.
El maestro aún no había terminado de decir la frase cuando ella se levantó de golpe y se fue lo más rápido posible. ¿Cómo demonios pasó el tiempo tan rápido? Mierda, mierda, mierda.
Regreso a mi lugar enfadado, cojo mis cosas y me largo de ese infierno, y de esta forma le agrego una razón más a la lista de razones por las cuales odio los lunes.
Por suerte, mi casa queda a cinco kilómetros de la escuela, por lo tanto, no tendría que caminar mucho cada vez que vaya a detención, aunque no pienso volver a ir. Veo a una chica a unos 20 metros delante de mí, pensaba que era una chica cualquiera, hasta que me doy cuenta de que es V, la chica de detención. Acelero mi paso para alcanzar a ella y así hablarle, en ese momento no estaba pensando, solo estaba haciendo; haciendo algo que desde hace mucho tiempo no hacía, socializar. Escucha mis pasos y voltea su cabeza hacia atrás, me mira rápidamente y regresa su mirada al frente, vuelve a voltear su cabeza hacia mí, pero esta vez se detiene, parece haberme reconocido.
—¿Eres el chico de detención? —dice mientras me acerco lo suficiente como para sentir el olor de perfume.
—Sí, soy yo —replico con la voz un tanto temblorosa.
—¿Estás siguiéndome o algo?
—No —respondo de inmediato—. Vivo al final de la calle.
—Está bien.
—Oh, por cierto, me llamo Wes.
—Me parece lindo tu nombre —sonrió y yo tropecé—. Yo soy Violet.
—Como la flor —digo y hago una breve pausa considerando la estupidez que acabo de decir. Que estúpido soy—. Y también como la luz.
—Pensé que me hablarías cuando el profesor lo dijo.
—Iba a hacerlo, pero el tiempo pasó volando y luego tú saliste rápido y bueno, aquí estamos.
—Oh, esta es mi casa —la acompaño hasta la entrada y antes de irme ella dijo:
—Wes, me gustó mucho que me hayas hablado, ya no me siento tan sola después de todo.
—De nada —le sonrío y me marcho.
Estoy en shock y un poco sorprendido por lo que acabo de hacer, trato de llegar lo más rápido a casa. Al llegar, arrojo mis cosas al suelo, subo corriendo las escaleras, abro la puerta de mi habitación, la cierro de golpe detrás de mí y me tumbo en mi cama con una maldita sonrisa de oreja a oreja, desde hace mucho tiempo no sonrío, así que mi sonrisa debe ser un poco espeluznante. En todo lo que puedo pensar en este momento es en Violet, en la forma en que me miraba con sus ojos grandes y verdes grisáceos, en su cara dulce y con forma de corazón y en su boca que ansía esbozar una sonrisilla perfecta.
Por un momento pasó por mi mente que este era el día perfecto, pero sólo he conocido a una chica, bonita por cierto, pero eso no es suficiente para ser un día perfecto, no estoy muy seguro de que exista ese día perfecto, no sé cuándo vino a mi mente ese pensamiento del día perfecto.
Al cerrar los ojos, veo sus ojos. Me volvieron loco, me hacen perder la razón y en lo único que pienso con lo poco que tengo de felicidad en mi interior es, «Vaya, amo los lunes».
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Desde las estrellas
Storie d'amore«¿Existe el día perfecto?» Esa es la interrogante que tiene Wes, un chico que tiene una forma de pensar muy peculiar sobre el concepto de lo que significa la felicidad. Wes quiere morir, ¿Será alguien capaz de detener ese pensamiento? o ¿N...
