7. La guarida del dragón

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Después de cenar, Kirsten me acompaña hasta mi habitación. Estoy al lado del dormitorio de Kirsten. Por un momento pensaba que íbamos a dormir ella y yo juntos, pero ahora veo que no. Aunque me habría gustado dormir con ella. Y ahora que lo pienso, ya le he desvelado todo... o casi todo. Ahora sí que estoy enamorado de ella, no sé por qué, pero hoy veo a Kirsten con otros ojos, parece estar mejor de lo que suele estar siempre.

Me tumbo en la cama, agotado por el día y por todos los sucesos que han ocurrido. Empiezo a pensar en la conversación con Helen y Kirsten, y cada vez voy asimilando mejor todo, incluso diría que estoy a favor de la rebelión. Estaría bastante bien ser el colíder de un grupo de personas que desean quitar a esos indeseados. Pero me vienen a la cabeza los mismos problemas que antes. No soy un adulto, solo tengo dieciséis años, y es muy probable que nos capturen. Creo que me estoy subestimando demasiado, debería dejar de pensar en esto. Mañana voy a ir con ellas, decidido.

Poco a poco me voy quedando dormido hasta que caigo en un sueño profundo. Sueño con Helen y con mi madre. Toda la historia que Helen había contado antes, ahora la estoy viviendo como si fuera real. La huida de Helen, la inauguración del mercado, la captura de mi madre...

Despierto repentinamente a la mañana siguiente. Estaba cansado, sudando y se me notaban marcas de haber estado llorando por la noche. De fondo escucho a Helen y a Kirsten hablando. Voy al baño a limpiarme un poco la cara para que no descubrieran que he llorado. Me acerco al salón, donde están ellas hablando.

- Buenos días, Ryan. – me saluda Helen. – Espero que hayas dormido bien.

- Sí, gracias. – miento. He pasado una noche no muy buena, la verdad, pero estoy muy agradecido de que me acogieran anoche.

- He preparado leche y cereales. Están en la mesa de la cocina.

- Gracias. – voy a la cocina a desayunar. Kirsten viene conmigo.

- Entonces... - dice Kirsten mientras desayunamos. - ¿Vienes con nosotros?

- Sí. Ayer por la noche lo pensé mejor. Voy a ayudaros. – contesto. La madre de Kirsten asiente y se va a su dormitorio, supongo que a ordenarlo. Yo me quedo con Kirsten en la cocina.

- Gracias por ayudarnos. – me dice Kirsten y me da un beso en la mejilla. Es el segundo beso que me da desde que la conozco. Después de desayunar nos vamos cada uno a nuestras habitaciones. Yo no tengo que recoger nada, pero hago la cama y abro la ventana para que entre aire. Al terminar, dejo la puerta cerrada y espero a Kirsten y a Helen en el salón.

- ¿Listo? – me pregunta Helen.

- Sí.

Salimos de la casa de Kirsten y nos dirigimos hacia... no sé, yo simplemente sigo a Helen y a su hija, aunque me voy quedando con el camino. Pasamos el Tower Bridge y nos dirigimos hacia la Torre de Londres, el antiguo Palacio Real. Actualmente, los reyes habitan en el complejo "The Shard", cerca del edificio que lo nombra. Es una antigua construcción, y hace cientos de años fue el edificio más alto de toda Europa.

La Torre de Londres fue ocupada hace tiempo por los rebeldes que deseaban derrocar a MEKÁNIKA del gobierno de Londres, y aún sigue igual hoy en día. Incluso antes de que los rebeldes se instalaran, este palacio se usaba como fortaleza y como almacén de armamento. Todas las armas fueron destruidas o MEKÁNIKA se las llevó, porque si los rebeldes tuvieran las armas, estoy seguro de que Ailann, y toda la corporación, ya habría muerto.

Llegamos a la puerta de la Torre de Londres. Helen y Kirsten se adelantan y llaman a la puerta. Tardan un poco en contestar, pero finalmente abren la puerta.

- Venga Ryan, entra. – me dicen Helen y Kirsten.

Entro en el patio principal de la Torre. Es un edificio muy antiguo, lleva en pie desde el siglo XI, pero aún se mantiene en buen estado. Nada más entrar te trasladas a un mundo distinto. Es como si regresaras al pasado. Los jardines se mantienen en perfecto estado, parece que el tiempo no ha pasado para ellos. Las almenaras y las torres también se mantienen. Pero la joya de la corona es la Torre Blanca, el edificio central de la Torre de Londres. Las rocas beige contrastan con las piedras blancas brillantes, dando más intensidad en los colores. Es una auténtica piedra preciosa colocada en medio de Londres.

- Ven, sígueme. – me dice Kirsten. Yo le sigo hasta la parte de atrás de la Torre Blanca. Cerca de esta zona veo un recinto cubierto y amurallado que no sé qué es, pero no le hago mucho caso. Detrás de la torre hay unas escaleras de piedra que conducen hacia el interior de la tierra.

El camino es cada vez más oscuro y más húmedo. Algunas lámparas van iluminando el camino. Las escaleras terminan y dan a un pasillo excavado en la roca. El suelo es de cemento, y hay algunos cables eléctricos escondidos entre las piedras. El camino empieza a cambiar. Las paredes rocosas se transforman en un muro de acero gris, y las lámparas, en unas lujosas bombillas con iluminación blanca, muy parecidas a las de la Torre Negra. Ya se puede ver el final del pasillo. Una gran puerta de titanio gris oscuro nos cierra en camino. Tiene un dragón de color oro en el centro, el cual está formando una S. Tiene las alas extendidas, y su cola acaba en punta. Parece un grafiti como los que se hacen en los muros y paredes. Es más, es un grafiti. Se puede distinguir en los cambios de color.

 Se puede distinguir en los cambios de color

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Llegamos a la puerta. Allí, Helen acerca el brazo a una especie de sensor. Me doy cuenta de que Helen tiene un pequeño tatuaje casi invisible en él. Es una especie de cuadrado con líneas a los lados. Fijo la vista en el brazo de Kirsten y veo el mismo tatuaje que el de Helen. La puerta se abre y nos deja pasar a una sala enorme que contrasta completamente con la Torre de Londres. Muros de acero puro, ascensores cilíndricos de cristal que llevan personas y objetos a las distintas plantas. Éstas están casi flotando en el aire, solo están sujetas con unos pilares naranjas. Hay dos plantas; una con todas las salas principales: un pequeño hospital, un comedor y algunas habitaciones que no puedo distinguir. La segunda planta incluye la zona de entrenamiento, zonas con armas... Todo tipo de tecnología hecha para luchar.

Mientras pasamos por el pasillo principal, la gente no para de mirarme. Algunos se impresionan, otros pasan de mí. Dicen expresiones como "¿Ese es Ryan?", "Pensaba que era más alto." ... En fin, todo tipo de frases.

- Éste es Ryan, – dice Helen a todas las personas, que estaban reunidas en torno a nosotros. – y ha venido a ayudarnos. ¡El gobierno de MEKÁNIKA debe acabar, y nosotros seremos quienes lo terminen! – multitud de voces gritan a plena voz. La euforia se extiende sobre todo el bastión de la rebelión. – El líder de la revolución ha llegado, al fin. Y que MEKÁNIKA se prepare... ¡para la guerra! – ¡¿El líder?! ¿No habían dicho que iba a ser el colíder? Mientras permanezco absorto en mis pensamientos, las personas que me rodean comienzan a vitorearme, y otros vienen a saludarme. Casi todos dicen que están encantados de conocerme en persona, aunque también me preguntan sobre MEKÁNIKA, o sobre mi ataque a Ailann. Son las preguntas que más oigo. Cuando toda la gente se va, Kirsten me acompaña hasta la sala de reuniones. Allí, una mujer me espera. Helen me deja solo con ella.

- Bienvenido al cuartel de los rebeldes. – dice.

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