21. El gran caballo de acero

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Puedo escucharlo galopando encima de nosotros, como una gran bestia salvaje que acaba de conocer el mundo. El techo tiembla y empiezo a dudar si resistirá o si nos caerá encima.

- ¡No puedes hacer nada, Ryan! ¡Ya te lo he dicho! – sigue riéndose Ailann.

Salgo corriendo de la sala de mando, pero Ailann me sigue. Quiere escaparse, pero no lo va a conseguir. Me agarra de la pierna cuando voy a subir al ascensor y me caigo de cabeza contra el suelo metálico. Le doy una patada al brazo de Ailann para que me suelte y la dejo tirada en el suelo, despidiéndose de mí, mientras subo a la superficie. ¿Me estaba diciendo adiós? Ailann está completamente loca. Al llegar arriba me espera mi equipo y unos cuantos guardias.

- No dejéis que Ailann salga de la sala. – le ordeno a los guardias.

- ¡Ryan! ¡Mira esto! – me grita Luke. Evidentemente me enseña al caballo pisoteando azoteas y casas pequeñas.

- Ailann tenía su plan bien preparado. – le digo. En ese momento me acuerdo. - ¿Y Kirsten? ¿Dónde está?

- Se fue a la guarida a esconderse, no puede luchar tal y como está. El tanque que nos disparó solo consiguió hacer la puerta más grande, nada más. Ryan... ¿cómo nos enfrentamos a esto?

- No sé...

Salimos fuera de la Torre Negra. El cielo se ha cubierto de humo, cenizas y fuego. El caballo sigue destrozando por ahí. Se oyen los gritos y llantos de los civiles por todas partes. Puedo ver el gran incendio del Big Ben, del cual no queda ya nada, solo una estructura en llamas que se alza al cielo, y que es derrumbada más tarde por el caballo.

En ese momento se me ocurre una idea. Si disparamos a los tubos azules el caballo perderá energía, ya que son los "cables" por los que discurre toda la electricidad y esa sustancia azul extraña, que supongo que es un conductor de electricidad.

- Disparad a los tubos. – ordeno a los rebeldes que quedan, es decir, unos cien. Nada más empezar a disparar escucho crujidos de metal y golpes chirriantes en el interior del caballo. Sin embargo, el caballo continúa devastando la ciudad.

De la nada, como una gran bandada de pájaros, se acerca un grupo de helicópteros de los rebeldes, que empiezan a disparar sin parar al caballo. Un helicóptero se para a unos diez metros de nuestra posición, y de él sale Kirsten.

- No podía dejaros atrás. - me dice. – Hemos traído todo el arsenal de armas de la Torre del Dragón. – Kirsten mira hacia el caballo. – Vaya... visto desde lejos parece pequeño.

- Kirsten, gracias por todo. – le digo y le abrazo. No es momento de besuqueos ni nada por el estilo. – Y ahora ataquemos con todo.

Me subo con Kirsten al helicóptero. El conductor nos eleva y nosotros empezamos a disparar. Una gran lluvia de balas y cohetes empieza a caer sobre la piel de acero del caballo. Se empieza a debilitar, pero continúa funcionando. "Tus juegos han acabado mal, Ryan. No puedes hacer nada..." Las palabras de Ailann se repiten una y otra vez en mi cabeza, y empiezo a pensar en que no hay ninguna solución para esto. He fracasado. Miles de personas han muerto y están muriendo porque no he sabido guiarlos. Esto se acabó, no hay nada que hacer.

Tras varios intentos para derribar al caballo me acuerdo de una cosa. Todas las cosas de MEKÁNIKA están controladas por Ailann. ¿Cabe una mínima posibilidad de que sea ella la que está controlando a la bestia? La única prueba que tengo es que se despidió de mí antes de irme de la Torre Negra. Esas expresiones de Ailann siempre indican que tiene algo entre manos.

Le explico a Kirsten mi deducción, la cual no es de las mejores que he hecho, incluso puede ser mentira, pero lo mejor es probarla. Me deja en el helipuerto de la Torre Negra. Otra vez vuelvo a entrar, pero no es para escapar ni para salvar a alguien. Recuerdo que encontré la sala de mantenimiento de la torre cuando me capturaron. Si mi deducción es verdad, al desactivar la electricidad de la Torre Negra, el caballo también se desactivaría. Si no, esperaré mi muerte mientras veo la destrucción de Londres. Espero no llegar a ese punto.

Llego a la planta 29, donde encuentro la sala de mantenimiento vacía. Lanzo una granada en la sala y salgo corriendo por las escaleras hasta la parte de arriba. Se oye una gran explosión. Las luces se apagan, y solo puedo ver con la claridad anaranjada del exterior. Inesperadamente, un gran estruendo me tira al suelo. De la pared sale una gran cabeza de metal que atraviesa toda la torre hasta abajo. El caballo se ha desactivado y ha caído encima de la Torre Negra. Apenas tengo tiempo para escapar. Decido bajar por el cuerpo inerte y metálico del caballo. Veo sus conductos azules desactivados, sin el brillo que antes tenían. Estando a pocos metros del suelo, la Torre Negra se derrumba hacia dentro.

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