Capítulo 1

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Me hallaba recostada en el sofá, boca abajo, sin la más mínima idea de qué hacer esta tarde. El televisor estaba apagado, ya que había decidido dejarlo así cuando me rendí de buscar entretenimiento en esa pantalla. Suspiré, frustrada. Solía pasar así la mayoría de los días, sin nada que hacer.

¿Para qué llamar a alguna de mis amigas, si apenas nos hablábamos? No creo siquiera que pudieran llamarse amigas a aquellas dos chicas que no hacían más que hablar de chicos entre ellas cuando nos veíamos. Aún así eran las únicas dos chicas que me hablaban en la universidad. Mi celular había perdido todo el saldo y no iría a buscarlas a sus casas. 

Entonces, milagrosamente, se oyó la melodía que anunciaba una llamada entrante a mi celular. Corrí a buscarlo, y luego de presionar el botón verde me lo puse junto al oído. 

-Hola, Dinah.

-Zoe!-Chilló ella, fingiendo emoción.-Hace tantos días que no nos vemos! Me preguntaba si querías salir...

-Di, nos vimos el viernes en la universidad.-Rodé los ojos.-Pero sí, quiero salir. 

-Perfecto! Tengo algo MUY-Hizo un gran énfasis en la palabra.-importante que comentarte. Verás qué mala suerte la mía.-Conociéndola, podría adivinar que estaría haciendo un puchero. Suspiré.

-No puedo esperar para que me digas y compartir tu pena.-Hablé sarcásticamente, aunque ella no pareció notarlo.- Pasas por mí, cierto?

-Claro. Estaré allí en quince minutos.-Dicho esto, colgó. Me mordí el labio inferior. Ser "amiga" de esta chica no era lo que más me gustaba en el mundo. Pero debía pasar tiempo con ella. Alguna vez vieron que en las películas los padres obligan a sus hijos a juntarse con determinada gente? Pues mi caso es un buen ejemplo. Dinah era la hija del jefe de papá, y por eso yo "debía" reunirme con ella. Además, ella hacía que no me sintiera tan sola.

Miré mi vestimenta e hice una mueca. No podía salir a la calle de este modo. Subí corriendo las escaleras, para encerrarme en mi cuarto. Aunque no hubiera nadie en casa, sentía siempre la necesidad de cerrar la puerta cuando me vestía. Abrí mi closet y encontré una remera turquesa. La tomé, y luego de colocármela busqué uno de mis shorts. Ya vestida decidí usar mis converse negros. No solía utilizar mucho maquillaje, así que con lo que tenía estaba bien.

Tomé mi brazalete, ese que mi antigua mejor amiga me había obsequiado, y rodeé mi muñeca con él. Como cada vez que lo utilizaba, mi vista se nubló, aunque las lágrimas no llegaban a caer. Cuándo dejaría de tener ese efecto en mí ese adorno de plata? Me encogí de hombros, respondiéndome a mí misma, y bajé las escaleras al mismo tiempo que oía el timbre.

Abrí la puerta y abracé a mi "amiga", con una sonrisa más falsa que la suya. Nos subimos a su coche y ella condujo a la playa. Caminamos hasta el muelle, como siempre. Nos sentamos una junto a la otra y dejamos colgar nuestras piernas. Entonces ella se volteó hacia mí y supe que comenzaría a hablar de algo que le molestaba.

-No te imaginas lo que debo comentarte. Es terrible.

-Ya, desahógate.-Susurré, sin ganas de oír en realidad.

-Mis padres me descubrieron la otra noche. -Abrí mis ojos tanto como pude. Tragué saliva sonoramente. Muy en contra de mi voluntad, la abracé. Sentía que debía cumplir con mi papel de "amiga".-Yo estaba con un chico...el del bar.-Asentí lentamente, para que entendiera que sabía de quién hablaba. -Y mis padres decidieron volver antes. Me vieron con él y... ¡Dios! Fue horrible. Me dieron un gran sermón aún cuando él estaba allí, me castigaron y yo...-Miré para otro lado.-Qué?

-Quizá lo merecías.-Susurré.

-Cómo que me lo merecía? Zoe, estamos hablando de que me interrumpieron en pleno acto y me avergonzaron con el chico!-Chilló, furiosa.

-Dinah, luego de más de veinte hombres, debía suceder alguna vez! 

-Tú estás de acuerdo con ellos! Qué te dijeron? Por qué los apoyas?-Se desesperó.

-Porque tiene toda la razón en estar molestos contigo! 

-No, no la tienen! Soy su hija. Deben darme lo que quiero. Ellos nunca están. La única vez que aparecen es para arruinarme el momento!

-Pues de alguna forma debes aprender a cambiar! No puedes vivir siempre así, tan...

-"Tan" qué?-Me retó. Apreté los dientes. Debía decírselo, pero temía por su reacción.

-Tan zorra! Eso es lo que eres!

-Qué dijiste?-Se acercó más a mí con los ojos en llamas. Sabía que esto no terminaría nada bien.-Atrévete a repetir lo que dijiste, Zoe White!

-Eso quieres? Bien. Eres una zorra. Feliz, Dinah?-Le sonreí, viendo cómo estaba muriendo del enfado. Ella negó con la cabeza y se acercó más a mí. No podía retroceder, puesto a que estaba a punto de tocar el borde del muelle. La madera terminaba a menos de un metro de donde se hallaban mis pies.

-Nunca creí hacer esto. Me diste la oportunidad perfecta, "amiga". Oh, y sabes?-Me sonrió maliciosamente.-No solo tú saldrás perdiendo. Esa cosa se hundirá junto contigo.-Señaló, asqueada, a mi brazalete. Segundos después, me había pegado una bofetada.-Eso va por decirme zorra. Y esto, por todo lo que me debes de estos años.- Y antes de que pudiera reaccionar, me empujó al mar.

Caí e inmediatamente comencé a soltar lágrimas. Yo no sé nadar.

Almost unhappy.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora