—Irina, ¡llévate a Rym lejos de aquí! —bramó mi padre mientras un caminante le mordía en el brazo.
— ¡Papá! — grité. Miré al suelo, donde yacía mi madre muerta.
—Rym, vámonos —me ordenó Irina. Tiraba muy fuerte de mí. Yo sólo quería tocarlos, sentirlos vivos a mi lado.
— ¡No quiero irme! —chillé histérica.
Y, a trompicones, me sacó de allí. Cuando me di cuenta, ya estábamos lo suficientemente lejos como para no poder volver atrás.
—Rym.
Una voz hace que salga de mis aterradores recuerdos. Mi hermana me mira con los brazos en jarra y el ceño fruncido.
— ¿Eh?
—Te he llamado tres veces, ¿dónde tienes la cabeza?
En cualquier sitio menos en este. Suspiro.
— ¿Qué ocurre? —respondo con otra pregunta.
—Tenemos que movernos. Hay caminantes cerca y no es que seamos un grupo numeroso.
Suspiro mientras me pongo en pie. Rehago la mochila y la cargo en mi espalda. Nunca me imaginé que llegara a estar tan sola en este mundo enfermo. Tengo a mi hermana mayor, Irina. Mi hermana, mi protectora, mi escudo, mi todo. Pero papá y mamá no están. Los mordedores se los llevaron delante de mis ojos.
Estoy sola. Muy sola. Cada día que pasa maldigo mi existencia. Fantaseo con poder abandonar este mundo de terror y miseria.
Deambulo por tierras que desconozco. Me alimento de fruta y animales que se dejan cazar. He olvidado el sabor de la comida, la sensación de un buen baño caliente, el ruido de las palomitas en el microondas. He olvidado muchas cosas. Pronto, incluso, llegaré a olvidar mi nombre. Y no me importa. O al menos eso creo.
"Te llamas Rym, todavía te lo sabes", me recuerda mi mente. Suspiro. Una, dos y hasta tres veces.
Intento recordar cómo hemos podido llegar a esto. Pero mi cabeza no termina de cargar los recuerdos previos al apocalipsis. Apenas salgo de los datos básicos.
"Me llamo Rym Walker. Tengo 20 años. Mis padres se llaman... se llamaban Anthony y Melissa. Mi hermana mayor se llama Irina. Estudio... Estudiaba en la Facultad de Ciencias. Quería ser ortodoncista en el futuro. Aunque, ahora mismo, ya no sé si hay un futuro"
Mientras miro el filo de mi cuchillo, observo a Irina. Avanza a varios pasos por delante de mí. Doy gracias a Dios por tenerla a mi lado.
Un mordedor aparece de la nada. Mi hermana hunde su cuchillo en la nuca del bicho y este cae al suelo desplomado. La sangre brota de ese cuerpo putrefacto. Un amargo olor a podrido inunda mis fosas nasales y hace que me entren nauseas.
—Recuérdame que te enseñe a utilizar un cuchillo. Si un día no estoy aquí para defenderte, no sé qué será de ti —suspira Irina.
Y tiene razón. No tengo ni idea de manejar un cuchillo. No he matado a ningún mordedor todavía. Sé que hay que darle en la cabeza, pero, a la hora de llevarlo a la práctica, no soy capaz de hacerlo. Soy muy inútil en ese sentido. La enorme preocupación de mi hermana está justificada.
Observo una pequeña cabaña en la lejanía. Ahogo un pequeño gritito infantil mientras la señalo.
— ¡Irina! ¡Hay una cabaña al fondo!— grito emocionada. Después de varios días vagando en busca de la nada, ese pequeño habitáculo se me antoja una visión celestial para mis ojos.
—Shhhh— me silencia. —Si haces un ruido fuerte o gritas, esas cosas nos oirán —me regaña. Bajo la cabeza avergonzada y reanudamos el ritmo. En fin, ni siquiera soy capaz de ayudar de la forma correcta.
Cuando llegamos, intentamos cerrar y apuntalar todas las puertas y ventanas para evitar entradas indeseadas. Yo me ofrezco a hacer algo, pero Irina intenta abarcar todas las tareas para evitar que meta mano y cometa un error. Ella siempre ha sido así. Siempre allanándome el camino para que yo no tenga que hacer nada. Y flaco favor me ha hecho durante todo este tiempo. Ahora, a mis 20 años, tengo la maña y habilidad de una niña de 10.
Para pasar el rato, me enseña a utilizar un cuchillo. No hay gran misterio, pero Irina se quiere asegurar 20 veces de que lo hago bien. A mi lado, hace movimientos lentos para que los imite. La observo moverse. Mechones rubios se escapan de su moño a medida que ella se mueve con más violencia. Cada vez que acaba un nuevo movimiento, me mira para que lo realice yo. Y así, millones de veces más.
Por mucho que se esfuerce, creo que hasta que no encare yo misma a un mordedor de esos, no voy a aprender del todo. No puedo pasar siempre por simulacros de situaciones antes de enfrentar las reales.
—Irina, me voy a dormir —sentencio mientras tiro el cuchillo al suelo. Me canso de ser la tonta y torpe. Me tumbo en uno de los mugrosos sofás de la estancia y me cubro con lo que parece un mantel. No es gran cosa, pero no estamos para pedir algo mejor. Agarro con fuerza la tela mientras me compadezco de mí misma y mi situación. Siempre a la sombra de mi hermana.
Irina, la mejor. La más lista de los Walker. La más valiente. La más guapa. La más deportista. La más independiente. Y luego estoy yo. La pequeña. La prolongación de ella. Siempre a la sombra. Siempre dependiendo de ella. La cobarde y débil.
Las lágrimas no tardan en llegar a mis ojos. Me las seco rápidamente, no quiero que mi hermana me vea llorar. Sería lo que faltaba. Encima de que no soy capaz de solucionar sus problemas, le añado más de propina.
Decido cerrar los ojos. Sé que en cuanto lo haga, dormiré. Estoy cansada y sofocada de andar y andar. Mi cuerpo me pide a gritos descansar. Y ya, si es en un sofá medianamente cómodo, sé que caeré rendida. Y así es.
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El sonido de un disparo hace que me despierte sobresaltada. Busco con la vista a mi hermana, pero no está. Y eso hace que se me pare el corazón momentáneamente.
—Irina —la llamo. No hay respuesta. Me quito el mantel de encima de mala manera y me precipito hacia la puerta, no sin antes recoger mi cuchillo del suelo.
Si salgo, me expongo a que un mordedor me vea y me ataque. Y si ocurre eso, estoy muerta. No tengo ni idea de nada. Pero si algo malo le está ocurriendo a mi hermana... Abro sin ningún tipo de resistencia, signo de que mi hermana ha salido afuera a hacer vete a saber qué. Pongo un pie fuera, luego el otro. Todo esto con total sigilo. Respiro hondo. Vale, he dado un gran paso adelante, no puedo echarme atrás. Mi hermana me necesita.
—Irina —insisto. — ¿Dónde estás?
No sé qué es peor, si haber oído un disparo o no oír nada más en estos momentos. Echo a caminar poniendo mil ojos en todas las direcciones. Aprieto la empuñadura de mi cuchillo. "Siempre llévalo a la vista y preparado para atacar", recuerdo uno de tantos consejos que me dio mi hermana.
Mi tembloroso cuerpo se introduce en el bosque a duras penas. Susurro varias veces el nombre de mi hermana, pero no obtengo respuesta de ningún tipo. El hecho de no ver ningún caminante cerca hace que me envalentone un poco y decida seguir hacia delante.
Escucho unos jadeos lejanos. Aunque me detengo un segundo eterno, mi cerebro ordena a mis piernas que reanuden su marcha. ¿Y si es un mordedor? Pero, ¿y si es Irina?
Voy apartando hojas a mi paso cuando reparo en un borrón amarillo. Intento poner en marcha mi bloqueada mente para recordar qué ropa llevaba mi hermana cuando me fui a dormir. Cuando la imagen de una camiseta amarilla y unos vaqueros llega a mi memoria, la piel se me eriza.
Acelero el ritmo. Una enorme rama me impide avanzar. La aparto como puedo y logro una visión completa de lo que hay al otro lado. Aunque sé que está mal y es peligroso, un grito se escapa de mi garganta.
— ¡Irina!
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Savior's chronicles
ФанфикшнEl mundo tal y como lo conocíamos se ha terminado. Rym Walker, una joven que siempre ha vivido a la sombra de los demás, pierde todo lo que le importa. Sola y desprotegida, es encontrada por los Salvadores. En ese mismo momento, su vida da un giro d...
