capitulo 9 (Dame una oportunidad)❤️‍🩹

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Esa noche me desperté temprano y salí a correr para desestresarme. Después me preparé lo más rápido que pude: me puse el uniforme —short blanco, camisa blanca, corbata roja y chaleco gris— y elegí shorts con mis converse rojas. No me maquillé; casi nunca lo hago. Recogí mi cabello en una coleta alta y ya estaba lista.

—Tami, cariño, ya llegó Alec. —gritó mamá.

—¡Voy! —respondí.

Alec es mi mejor amigo desde primaria; es como un hermano. Su papá le regaló un carro y a veces viene por mí.

—Ya me voy, mamá, te amo.

—Adiós, Tami. Cuídate, hoy salgo tarde.

—Está bien, mamá.

Salí con la sensación de haber olvidado algo. En la puerta me crucé con Alec.

—Hola, Ale. ¿Cómo estás?

—Hola, Tami. Bien, ¿y tú?

—Bien... o eso creo.

—¿O eso crees? ¿Qué pasa?

—Tengo que hacer mi trabajo final y me tocó seguir a un universitario.

—Vamos, Tami, no pasa nada. Mientras no se quiera pasar, solo ignóralo. Y si hace algo raro, me avisas y yo voy y le parto la cara. ¿Te parece?

—Jajaja, está bien, Ale. ¿Y tú?

—Yo también estoy en proyecto, pero apenas hoy armamos los grupos.

—Por lo menos te tocó en grupo.

Alec me dedicó una sonrisa tranquilizadora y nos pusimos a escuchar música camino a clase.

Cantábamos a todo pulmón—"Traicionera, no me importa que por amor tú mueras"—mientras los demás carros nos miraban raro. Me despedí de Alec: él iba a fotografía y yo, a redacción.

Fui al salón de Julián, pero no estaba. Empecé a escribir en mi libreta esperando; ya llevaba una hora y nada. No tenía su teléfono ni recordaba bien su apellido para ir a Secretaría.

Entré al baño de la universidad y, de pronto, me olvidé de todo por un momento. Gemidos y golpes en una puerta se escuchaban por todo el baño; no supe si reír o salir corriendo. Cuando me di vuelta para marcharme, una conserje entró furiosa:

—¡Muchachos, salgan de ahí! ¡Qué falta de respeto para la institución! —gritó, y salió rumbo a Dirección.

Tres segundos después apareció una rubia alta, despeinada y con los labios hinchados, arreglándose una enagua que le quedaba cortísima. Detrás de ella salió él, y mi enojo por haberme dejado plantada se intensificó. Ninguno se había dado cuenta de mi presencia hasta que tosí intencionalmente. La rubia me miró de arriba abajo y sonrió con superioridad; le guiñó a Julián y salió contoneando las caderas.

Julián me miró serio, pero la sonrisa no tardó en aparecer en su rostro.

—Entonces... ¿es cierto eso de que me persigues incluso en lo más íntimo? —bromeó.

Ni siquiera se disculpó. Estaba furiosa. Salí del baño esperando que no me siguiera —porque si lo hacía, lo mandaría a comer mierda— y caminé rápido hacia mi edificio a buscar a la profesora para pedirle el cambio de compañero.

Estaba esperando atención cuando alguien se colocó a mi lado; ni hubo necesidad de mirar: reconocí su perfume donde fuera.

—Lo siento, la verdad lo olvidé —dijo.

—Ajá. No importa.

—¿Vas a cambiarme?

—Necesito hacer mi trabajo; no puedo perder la nota por un estúpido.

Si yo lo decidieraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora