Veintidós Horas.

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Cristian toma asiento a mi lado con rostro tranquilo. Me mira y sonríe.

-Sé que recién conoces a mi hermanita- lo miro a los ojos rápidamente con asombro- es obvio- aclara- ella es muy especial y siempre está queriendo ayudar a almas desamparadas como la tuya. Casi siempre sale lastimada y no quiero que eso se repita con vos.

-Te puedo asegurar, Cristian, que no haría nada para hacerle algún mal a Milagros. Lo que siento por ella no lo siento por nadie y no quiero arruinarlo. En poco tiempo me enseñó mucho y yo valoro eso.

-Me gusta escuchar eso.

Asiento con la cabeza lentamente y sigo viendo a los actores practicar el musical. Me aburren.

-Ella te quiere mucho y no sé por qué.

-Hay gente que con una sola mirada consigue desvestir el alma de la otra persona. Milagros me descubrió, desempolvó mi corazón y acomodó los engranajes de éste correctamente para que pudiera seguir palpitando. Me mostró los colores de un mundo que yo veía gris y los sonidos de lo que yo creía que era silencio. Me mostró que la vida está en todos lados y que era inútil querer escapar de ella. Me enseñó a querer y eso lo aprecio demasiado.

-¿En tan poco tiempo?

-Todo cambia de un momento al otro.

-De ser un insensible pasaste a sentir que volás cuando estás con mi hermana.

-Sí.

-Me alegra que haya pasado eso.

-¿Por qué?

-Porque mi hermana merece a alguien que sepa reconocer lo que está bien y lo que está mal, que sepa reconocer cuando está equivocada.

-No entiendo.

-Vos aceptaste ver la otra cara del mundo, porque sabías que lo que vos estabas viendo estaba mal.


Veinticuatro HorasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora