Capítulo 7 - El Dios del Mar Leviathan

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—No puedo creer lo bien que jugué.

El joven rubio no había dejado de mirar la nueva estrella en su guante y de reírse desde que se habían separado de Mai. Sus compañeros se limitaban a observarlo algo raro de lejos.

—Jonouchi todavía sigue sonriendo —comentó Anzu.

—Él debe estar muy feliz —dijo Honda— Derrotó a Kujaku Mai en su primer Duelo, incluso me resulta difícil de creer.

—Jonouchi-kun —Yugi llamó a su amigo—, si sigues así, puedes ganar el siguiente Duelo.

—Sí —contestó con entusiasmo, aunque este se interrumpió con un gruñido de su estómago—Me está dando hambre. ¿Alguien tiene algo de comer?

—No —contestaron los castaños al unísono.

—Y-Yo traje algo...—dijo (T/n) tímidamente.

Se quitó su mochila para buscar los sándwiches de (tipo de sándwich) que había hecho la tarde del día que salieron del puerto. También había comprado un par de bolsas de snacks, realmente no sabía cuáles elegir cuando estaba en la tienda y no entendía lo que decían en el empaque, así que se decidió por lo más parecido a (fritura/snack) que conocía. Por último, una botella de (té/ refresco/jugo...) para cada quién. 

—¡Oh, (T/n)! ¿Qué haríamos sin ti? —dijo Jonouchi mientras tomaba su parte.

—N-No es n-nada en realidad... —la chica terminó de repartir la comida.

Jonouchi y Honda devoraron en seguida sus emparedados y se comieron completamente los snacks, no guardaron algo para los otros tres que se les quedaron viendo con una gota de sudor sobre sus cabezas. De todas formas no les importó mucho, tenían suficiente con su sándwich y su bebida por el momento.

—Eso estuvo delicioso —dijo Honda con una mano en su barriga.

—Completamente —lo apoyó Jonouchi—, pero aún siento algo vacío el estómago.

—Por favor, ¿se acabaron dos bolsas de fritura grandes enteras y aún tienen hambre? —preguntó Anzu.

—Oye, no puedes culparnos por...—el chico de cabello amarillo se detuvo para olfatear el aire— Huelo algo bueno. Por allá. —se giró y señaló con el brazo extendido para luego alejarse corriendo en esa dirección— ¡¡Vamos chicos!! ¡Comida!

—¿Él puede olerlo? —se extrañó Anzu mientras lo miraba junto a los demás.

—Derrotó a Kujaku Mai con su sentido del olfato —respondió Honda—. Su nariz debe ser muy sensible.

Antes de seguirlo, recogieron la basura que había quedado en una bolsa de plástico que (T/n) había empacado y que después guardó de nuevo en la mochila. Al principio la (color de cabello) se había negado a recibir ayuda y alcanzarlos en cuanto terminara, y es que no era que no la apreciara, sino que podría aprovechar para esconder su collar en su mochila y no preocuparse más cada que se activara el Rompecabezas; pero tuvo que ceder cuando ellos empezaron a levantar todo.

Se encontraron con Jonouchi tras unas rocas, viendo una fogata con pescados asándose en un acantilado.

—¡Encontramos comida! Qué suerte —expresó contento y saltó encima de las piedras.

—¡Alto, son de alguien más! —advirtió la castaña.

—¡Esta comida debe ser una bendición de Dios! —respondió el rubio y siguió su trayecto.

—No tiene autocontrol —mencionó Anzu.

—No, creo que Jonouchi está en lo correcto esta vez —dijo Honda en tono serio y enseguida saltó también sobre las rocas— ¡Oye! ¡No te comas todo tú sólo!

La octava llave - Duelist KingdomDonde viven las historias. Descúbrelo ahora